Las fascias del antebrazo y de la mano existen como una necesidad anatómica y funcional derivada del alto grado de especialización mecánica, neuromuscular y vascular de estos segmentos. Desde un punto de vista científico, no se trata de simples envolturas pasivas, sino de estructuras dinámicas de tejido conjuntivo denso que organizan, integran y regulan la actividad de los tejidos profundos, permitiendo que la extremidad superior cumpla funciones de fuerza, precisión y sensibilidad de manera simultánea.
En el antebrazo, la fascia profunda responde principalmente a exigencias biomecánicas. Este segmento contiene numerosos músculos con funciones distintas pero estrechamente coordinadas, responsables de la flexión, extensión, pronación y supinación de la mano y los dedos. La fascia antebraquial delimita compartimentos musculares bien definidos, lo que permite que los grupos musculares con acciones similares trabajen de forma eficiente sin interferencias mecánicas. Al separar compartimentos flexores y extensores, la fascia contribuye a dirigir la fuerza de contracción en un eje funcional preciso, evitando la dispersión de energía y favoreciendo movimientos potentes y controlados.
La fascia del antebrazo cumple una función esencial en la transmisión de fuerzas. No solo contiene a los músculos, sino que actúa como un medio continuo que distribuye las tensiones generadas durante la contracción muscular hacia los tendones y, finalmente, hacia los huesos. De este modo, la fascia participa activamente en la mecánica del movimiento, integrando la acción de múltiples músculos en gestos coordinados. También proporciona un entorno estable para vasos sanguíneos y nervios, protegiéndolos frente a compresiones externas y manteniendo trayectos anatómicos constantes, indispensables para la irrigación y la inervación adecuadas.
En la mano, la razón de ser de las fascias es diferente y aún más especializada. La mano no está diseñada principalmente para generar fuerza, sino para realizar movimientos finos, precisos y altamente sensibles. La fascia palmar profunda se adapta a esta función formando un sistema de anclaje que estabiliza la piel y los tejidos subyacentes. Esta fijación es crucial para la prensión, ya que impide el deslizamiento excesivo de la piel durante el contacto con objetos, mejorando la eficacia del agarre y la percepción táctil.
Las fascias de la mano organizan un espacio anatómico extremadamente complejo en un volumen reducido. En este territorio convergen tendones, músculos intrínsecos, nervios y vasos de pequeño calibre. La compartimentación fascial permite que estas estructuras coexistan sin colapsar unas sobre otras durante el movimiento. Gracias a esta organización, los tendones pueden deslizarse con mínima fricción, los músculos intrínsecos pueden modificar con precisión la posición de los dedos y los nervios pueden transmitir información sensitiva de alta resolución.
Fascia del antebrazo
La fascia del antebrazo presenta una organización particular porque debe responder a las exigencias estructurales, funcionales y mecánicas de un segmento anatómico altamente dinámico, situado entre el brazo, orientado a la transmisión de fuerza, y la mano, especializada en la destreza fina. Su configuración como una vaina de forma cilíndrica y ligeramente cónica obedece a la necesidad de envolver de manera continua y firme el conjunto de músculos, tendones, vasos y nervios del antebrazo, asegurando tanto la contención como la coordinación funcional de estas estructuras.
La continuidad superior con la fascia del brazo refleja la integración mecánica entre ambos segmentos. Esta continuidad permite que las fuerzas generadas por los músculos del brazo se transmitan de manera eficiente hacia el antebrazo, sin interrupciones fasciales que debiliten la acción muscular. En la región del codo, donde confluyen potentes músculos que se insertan en el epicóndilo medial, el epicóndilo lateral y el olécranon, la fascia alcanza su mayor espesor como respuesta adaptativa a las intensas tensiones que se concentran en esta zona. Aquí, la fascia no solo envuelve, sino que también refuerza y estabiliza, evitando desplazamientos excesivos de las masas musculares durante movimientos vigorosos de flexión, extensión y rotación.
La continuación inferior de la fascia antebraquial con los retináculos flexor y extensor del carpo se explica por la necesidad de controlar el trayecto de los tendones al aproximarse a la muñeca. En esta transición, la fascia deja de actuar principalmente como contenedor muscular y pasa a desempeñar un papel clave en la sujeción tendinosa, impidiendo el desplazamiento en sentido longitudinal o transversal durante los movimientos repetidos y precisos de la mano.
La disposición de las fibras fasciales responde directamente a las demandas mecánicas. Las fibras circulares propias confieren resistencia frente a la expansión radial producida por la contracción muscular, mientras que las fibras longitudinales u oblicuas sobreagregadas permiten la transmisión de tensiones a lo largo del eje del antebrazo. Esta combinación estructural dota a la fascia de elasticidad controlada y resistencia direccional, cualidades indispensables para un segmento sometido a movimientos rápidos y variados.
En la región del codo, la fascia se encuentra reforzada por aportes aponeuróticos y musculares, como la aponeurosis bicipital y fascículos procedentes del tríceps, así como fibras que se originan en ambos epicóndilos. Estos refuerzos no son casuales: corresponden a puntos donde las fuerzas musculares convergen y donde la estabilidad fascial resulta esencial para proteger las estructuras vasculonerviosas profundas y para mantener la alineación funcional de los músculos.
A lo largo del antebrazo, la adherencia de la fascia al borde posterior de la ulna responde a una necesidad de anclaje sólido. Este punto de fijación proporciona una referencia estable desde la cual la fascia puede organizar el espacio muscular, limitando desplazamientos laterales y contribuyendo a la separación funcional de los grupos musculares flexores y extensores. Gracias a este anclaje, la fascia actúa como un elemento de soporte que mejora la eficiencia mecánica de la contracción muscular.
En su cara profunda, la fascia del antebrazo sirve como superficie de inserción para los músculos superficiales, lo que demuestra su papel activo en la arquitectura muscular. Además, la emisión de tabiques fasciales permite dividir el volumen muscular en compartimentos bien definidos. En la porción proximal, estos tabiques separan los músculos superficiales entre sí, mientras que en los niveles más distales se desarrollan tabiques frontales y sagitales que aíslan capas y músculos individuales. Esta compartimentación reduce la fricción entre estructuras vecinas, optimiza el deslizamiento muscular y tendinoso, y permite que cada músculo ejerza su acción de manera más precisa y controlada.
La relativa discreción de los tabiques intermusculares medial y lateral en comparación con los del brazo se explica por la organización ósea y funcional del antebrazo. La ulna, al servir como eje más estable, sustituye en gran medida la necesidad de un tabique medial independiente, ya que la fascia superficial se adhiere directamente a ella. En cambio, el tabique intermuscular lateral, fijado al radio, es más delgado debido a la mayor movilidad de este hueso durante la pronación y la supinación, movimientos que requieren una menor rigidez fascial para no limitar la rotación.
En el antebrazo, la organización fascial refleja una transición funcional entre la rigidez estructural del brazo y la movilidad compleja de la mano. Por esta razón, las regiones musculares no presentan una delimitación tan marcada como en el brazo. Aunque en el lado medial existe un límite relativamente claro entre los compartimentos anterior y posterior, esta separación se vuelve menos precisa en el lado lateral. Allí, los músculos laterales y los posteriores no están divididos por tabiques intermusculares robustos, sino que quedan diferenciados principalmente por sus propias fascias de envoltura, lo que permite una mayor integración funcional y movilidad relativa entre ellos.
Las fascias propias que envuelven a cada músculo son, en general, finas y poco resistentes, lo cual favorece el deslizamiento entre estructuras vecinas durante los movimientos repetidos de flexión, extensión y rotación del antebrazo. No obstante, existe una excepción relevante: una lámina profunda de tejido conectivo, situada en el compartimento anterior, que es algo más espesa. Esta lámina se dispone entre el músculo flexor superficial y el músculo flexor profundo de los dedos, por delante del trayecto de los vasos ulnares, y cumple una función organizadora y protectora, al separar planos musculares con acciones distintas y resguardar las estructuras vasculonerviosas profundas frente a las variaciones de volumen muscular.
Los espacios intermusculares destinados al paso de nervios y vasos se vuelven más evidentes y mejor individualizados a partir del tercio medio del antebrazo. En este nivel, las masas musculares originadas en el epicóndilo medial y en el epicóndilo lateral se encuentran claramente separadas, lo que facilita la formación de corredores anatómicos bien definidos. Estos espacios permiten un trayecto relativamente constante y seguro para los elementos vasculonerviosos, reduciendo el riesgo de compresión durante los cambios de posición y la contracción muscular.
En el tercio inferior de la cara anterior del antebrazo, la disposición fascial adquiere características particulares. El músculo pronador cuadrado no está cubierto directamente por la fascia antebraquial, sino por una lámina fibrosa propia e independiente. Esta lámina crea un plano de separación que no solo delimita al músculo, sino que también establece una continuidad anatómica con el tejido conectivo profundo de la palma de la mano. Esta comunicación explica la propagación de procesos patológicos, como infecciones o edemas, entre el antebrazo distal y la región palmar profunda.
A las vainas musculares se suman envolturas específicas para ciertos paquetes vasculares. La vaina radial es extensa y se encuentra cerrada anteriormente por la fascia superficial, proporcionando un conducto relativamente rígido y protector para las estructuras que contiene. En contraste, la vaina de la arteria ulnar es más profunda y se hace claramente identificable en la mitad inferior del antebrazo, donde el trayecto vascular requiere una protección más directa frente a las fuerzas ejercidas por los músculos flexores.
En la región del pliegue del codo, la fascia antebraquial presenta una disposición particular. La depresión característica de esta zona está determinada por los tabiques que separan los músculos del brazo de los del antebrazo. En este punto, la fascia está perforada por un orificio bien definido que permite el paso de una vena perforante. Esta vena establece una anastomosis entre el sistema venoso superficial y el profundo, lo que pone de manifiesto que la fascia no es una barrera absoluta, sino una estructura selectivamente permeable que organiza y regula las comunicaciones anatómicas esenciales para la circulación.
Aponeurosis y fascias de la mano
Se deben estudiar separadamente las aponeurosis y fascias palmares y las fascias dorsales.
Aponeurosis y fascias palmares
La región palmar de la mano presenta una organización fascial particularmente compleja debido a las exigencias funcionales de esta zona, que combina fuerza de prensión, precisión motora y elevada sensibilidad táctil. Para responder a estas demandas, el tejido conectivo se dispone en varios planos diferenciados: una aponeurosis palmar bien definida y fascias palmares superficial y profunda. Esta estratificación no es arbitraria, sino que permite estabilizar la piel, proteger las estructuras profundas y organizar el tránsito de tendones, vasos y nervios en un espacio anatómico reducido y sometido a constantes tensiones mecánicas.
La aponeurosis palmar ocupa una posición central en esta arquitectura. Situada inmediatamente por debajo de los tegumentos, actúa como un elemento de anclaje entre la piel y los planos profundos, limitando la movilidad cutánea excesiva y mejorando la eficacia del agarre. A diferencia de otras aponeurosis del cuerpo, su función no se restringe a servir de inserción muscular, sino que participa activamente en la organización funcional de la palma.
Aponeurosis palmar
La aponeurosis palmar se extiende ampliamente por la región palmar, cubriendo superficialmente a la mayoría de los músculos y tendones flexores, con excepción del músculo palmar corto, que se sitúa por encima de ella. Su forma triangular responde a la distribución de las fuerzas que actúan sobre la palma: un vértice proximal, estrecho y resistente, que recibe tensiones transmitidas desde el antebrazo, y una base distal, más amplia, adaptada a la dispersión de estas fuerzas hacia los dedos.
El vértice superior se continúa habitualmente con el tendón del músculo palmar largo, cuando este se encuentra presente, lo que refuerza la conexión funcional entre antebrazo y mano. En ausencia de dicho músculo, la aponeurosis se fija directamente al retináculo flexor, manteniendo así su papel estabilizador. Esta disposición explica también su posible continuidad con la fascia antebraquial, lo que asegura una transmisión progresiva y controlada de tensiones a lo largo del eje del miembro superior.
La base inferior de la aponeurosis se expande sobre la raíz de los dedos, donde su estructura se adapta a la complejidad anatómica de la región metacarpofalángica. Lateralmente, se prolonga hacia las eminencias tenar e hipotenar, integrándose con las fascias que envuelven los músculos responsables de los movimientos finos del pulgar y del quinto dedo. De este modo, la aponeurosis palmar no actúa como una lámina aislada, sino como un centro de integración fascial para toda la palma.
Desde el punto de vista estructural, la aponeurosis palmar está formada por un entramado de fibras longitudinales y transversales, cuya disposición refleja funciones complementarias. Las fibras longitudinales, procedentes principalmente del tendón del músculo palmar largo y del borde inferior del retináculo flexor, se abren en abanico al penetrar en la palma. Estas fibras se organizan en cintillas pretendinosas gruesas que avanzan hacia la raíz de los dedos y terminan rodeando esta región mediante dos prolongaciones fibrosas. Al adherirse a la cápsula de las articulaciones metacarpofalángicas, contribuyen a estabilizar estas articulaciones durante la prensión y la flexión de los dedos.
Entre las cintillas pretendinosas se interponen fibras intertendinosas más delgadas, que se fijan a la piel de las comisuras interdigitales. Esta conexión explica la limitada movilidad de la piel palmar y su comportamiento solidario con los movimientos profundos, lo que resulta esencial para una percepción táctil precisa y para evitar deslizamientos cutáneos que disminuirían la eficacia del agarre.
En el tercio medio de la palma, las fibras longitudinales forman tabiques sagitales que descienden en profundidad y delimitan cuatro túneles tendinosos destinados a los tendones flexores. Estos túneles se encuentran separados por tres espacios interdigitales, que constituyen corredores anatómicos para el paso de los tendones de los músculos lumbricales, así como de los vasos y nervios colaterales de los dedos. Esta compartimentación asegura que cada estructura mantenga un trayecto definido, minimizando la fricción y evitando interferencias durante los movimientos complejos de los dedos.
Estos tabiques sagitales se prolongan hasta la raíz de los dedos, donde establecen una separación completa entre los túneles osteofibrosos de los tendones flexores y los espacios ocupados por los vasos, los nervios y los tendones de los músculos lumbricales e interóseos. Estos últimos alcanzan primero la cara lateral de los dedos y luego su cara posterior, lo que explica la necesidad de una organización fascial precisa que permita su desplazamiento sin comprometer la función flexora.
Existen además fibras que atraviesan los espacios intermetacarpianos y se continúan con la fascia dorsal de la mano, creando una unidad funcional entre las caras palmar y dorsal. Esta continuidad fascial facilita la distribución de tensiones y explica la relación funcional entre los movimientos palmares y dorsales de los dedos.
En determinadas circunstancias patológicas, la aponeurosis palmar puede presentar engrosamientos fibrosos y nudosidades que provocan su retracción progresiva. Este fenómeno conduce a la flexión permanente de uno o varios dedos, cuadro conocido como contractura de Dupuytren, que pone de manifiesto el papel activo de la aponeurosis en la mecánica digital.
Las fibras transversales de la aponeurosis son menos abundantes en su porción proximal, pero adquieren mayor importancia en la región distal de la palma. En este nivel forman el ligamento transverso superficial, situado por delante de las articulaciones metacarpofalángicas. Estas fibras se originan en el borde anterior y en la cabeza de los metacarpianos y se dirigen hacia metacarpianos vecinos, más o menos distantes. Las fibras largas y superficiales se extienden desde el segundo hasta el quinto metacarpiano, mientras que las fibras cortas y profundas unen metacarpianos contiguos, reforzando la cohesión transversal del arco palmar.
Algo más distalmente, estas fibras constituyen el ligamento palmar interdigital, que cubre la base de las falanges. Esta disposición contribuye a mantener la alineación de los dedos y a resistir las fuerzas de separación durante la prensión, completando así el papel de la aponeurosis palmar como elemento clave en la estabilidad, la protección y la funcionalidad de la mano.
Fascia de la eminencia tenar
La fascia de la eminencia tenar presenta una disposición particular que responde a la elevada especialización funcional del pulgar, elemento clave de la prensión y de la oposición. Su inserción en el borde lateral del primer metacarpiano le proporciona un punto de anclaje sólido, necesario para estabilizar los músculos que participan en los movimientos finos y potentes del pulgar. Al cubrir al músculo abductor corto, esta fascia actúa como una envoltura flexible que permite la expansión muscular durante la contracción sin comprometer la alineación anatómica.
Desde su superficie profunda, la fascia emite una prolongación que tapiza al músculo flexor corto y al músculo aductor del pulgar, extendiéndose hasta fijarse en la cara anterior del tercer metacarpiano. Esta prolongación profunda cumple una función organizadora, ya que separa los planos musculares y contribuye a dirigir las fuerzas generadas por el pulgar hacia el eje central de la mano. Además, establece una continuidad fascial entre la eminencia tenar y la región palmar media, lo que facilita la integración funcional del pulgar con el resto de los dedos durante la prensión.
En la superficie, la fascia tenar se continúa medialmente con la porción lateral de la aponeurosis palmar, formando una transición gradual entre ambas estructuras. Su carácter delgado y traslúcido no implica debilidad, sino una adaptación a la necesidad de permitir amplios movimientos del pulgar sin crear restricciones mecánicas excesivas, manteniendo al mismo tiempo una organización anatómica precisa.
Fascia de la eminencia hipotenar
La fascia de la eminencia hipotenar está destinada a cubrir y organizar los músculos que controlan los movimientos del quinto dedo, cuya función principal es ampliar la superficie de contacto de la mano y colaborar en la fuerza de prensión. Su inserción en el borde medial del quinto metacarpiano le proporciona estabilidad lateral, mientras que su fijación superior en el hueso pisiforme y en el ligamento pisiganchoso asegura una conexión firme con el esqueleto del carpo.
Esta fascia se continúa lateralmente con el borde medial de la aponeurosis palmar, integrando funcionalmente la eminencia hipotenar dentro del sistema fascial palmar. A diferencia de la fascia tenar, la fascia hipotenar proporciona una vaina individual a cada músculo, lo que favorece la independencia relativa de sus contracciones y permite movimientos coordinados pero diferenciados del quinto dedo. Esta organización resulta especialmente importante para los gestos de oposición secundaria y para la adaptación de la mano a objetos de gran tamaño.
Fascia palmar profunda
La fascia palmar profunda constituye un plano fascial esencial para la organización estructural de la palma. Su función principal es cubrir a los músculos interóseos, extendiéndose sobre los espacios interóseos y fijándose en el borde anterior de los metacarpianos. Esta inserción confiere estabilidad al plano profundo de la mano y define un límite claro entre los músculos intrínsecos profundos y las estructuras más superficiales.
En el tercer metacarpiano, la continuidad de esta inserción se ve interrumpida por la fijación del músculo aductor del pulgar, lo que refleja la importancia funcional de este músculo y su integración directa con el esqueleto metacarpiano. En su porción inferior, la fascia palmar profunda se espesa de manera significativa para formar el ligamento metacarpiano transverso profundo, una estructura resistente situada por detrás del trayecto de los tendones de los músculos interóseos. Este engrosamiento limita la separación excesiva de los metacarpianos y contribuye a la estabilidad transversal del arco palmar profundo.
Por su cara superficial, la fascia palmar profunda recibe los tabiques sagitales procedentes de la aponeurosis palmar, lo que refuerza la compartimentación de la palma y asegura una continuidad estructural entre los distintos planos fasciales. Delante de esta fascia se disponen los órganos contenidos en la palma, como los tendones flexores, los vasos y los nervios, mientras que por detrás, entre su cara profunda y los músculos interóseos, se localizan el arco palmar profundo y el ramo profundo del nervio ulnar. Esta disposición subraya el papel protector de la fascia, que separa y resguarda estructuras vasculonerviosas de importancia crítica.
Compartimentos de la palma
La disposición de dos tabiques fasciales profundos permite la división de la palma en compartimentos bien definidos, cada uno con contenido y función específicos. El tabique lateral se forma a partir de la unión de la aponeurosis palmar con la fascia de la eminencia tenar; se dirige oblicuamente hacia la profundidad, cubre al músculo aductor del pulgar y se inserta en el borde anterior del tercer metacarpiano. El tabique medial, de orientación más vertical, se fija en el borde anterior del quinto metacarpiano. Estos tabiques crean espacios anatómicos que organizan los músculos y tendones y limitan la propagación de fuerzas y procesos patológicos.
El compartimento palmar lateral contiene los músculos de la eminencia tenar junto con el tendón del músculo flexor largo del pulgar, incluido en su vaina sinovial. Este compartimento está especializado en los movimientos de oposición y precisión del pulgar.
El compartimento palmar medio es el más amplio y funcionalmente central. Alberga los tendones flexores de los dedos dentro de sus vainas sinoviales y se apoya en profundidad sobre el plano de los músculos interóseos, cubiertos por la fascia palmar profunda. Entre los tendones flexores y esta fascia profunda existe un plano de tejido conectivo que se continúa proximalmente con el antebrazo a través del espacio profundo del compartimento flexor, conocido como espacio de Parona. Esta comunicación explica la continuidad anatómica y funcional entre antebrazo y palma.
El compartimento palmar medial contiene los músculos de la eminencia hipotenar, encargados de los movimientos del quinto dedo y de la conformación del borde medial de la mano durante la prensión.
Por detrás de la fascia palmar profunda se identifica un cuarto compartimento muscular profundo, que contiene los músculos interóseos palmares. Estos compartimentos no solo son independientes entre sí, sino que también establecen comunicaciones distales con los dedos, ya sea a través de los túneles osteofibrosos de los tendones flexores o mediante los espacios de las comisuras interdigitales. Asimismo, al menos el compartimento palmar medio mantiene una comunicación proximal con el antebrazo a nivel del túnel carpiano, lo que refuerza la idea de la palma como una región integrada dentro de la continuidad anatómica del miembro superior.
Fascias dorsales
La organización fascial del dorso de la mano responde a exigencias funcionales distintas de las de la palma. Mientras que la región palmar requiere estructuras densas y compartimentadas para resistir fuerzas de prensión y proteger elementos profundos, el dorso está adaptado a la movilidad, al deslizamiento tendinoso y a la acomodación de estructuras superficiales. Por ello, las fascias dorsales son notablemente delgadas y menos complejas, actuando más como planos de recubrimiento y deslizamiento que como elementos de contención rígida.
Fascia dorsal superficial
La fascia dorsal superficial se inserta proximalmente en el retináculo extensor, lo que establece una continuidad directa con la fascia del antebrazo y asegura una transición anatómica fluida entre ambos segmentos. Esta continuidad permite que los tendones extensores mantengan un trayecto ordenado y estable desde el antebrazo hasta el dorso de la mano. La fascia cubre directamente a estos tendones, actuando como una lámina de protección ligera que facilita su deslizamiento durante los movimientos de extensión de los dedos y de la muñeca.
Entre esta fascia y los tegumentos se interponen las venas superficiales y los nervios cutáneos del dorso de la mano, lo que explica la elevada visibilidad venosa en esta región y la relativa movilidad de la piel dorsal. La ausencia de tabiques sagitales profundos es coherente con la función del dorso: no se requiere una compartimentación estricta, ya que los tendones extensores trabajan de forma coordinada y no necesitan aislamiento funcional comparable al de los tendones flexores en la palma.
Fascia dorsal profunda
La fascia dorsal profunda se extiende sobre los espacios interóseos y tapiza la cara dorsal de los músculos interóseos dorsales que los ocupan. Su función principal es delimitar el plano muscular profundo del dorso, separándolo de los tendones extensores y contribuyendo a la organización anatómica sin restringir la movilidad. Al igual que la fascia superficial, es extremadamente delgada, lo que refleja la necesidad de permitir amplios desplazamientos musculares y tendinosos.
Ambas fascias dorsales se detienen distalmente a la altura de las articulaciones metacarpofalángicas, donde la organización fascial cambia para adaptarse a la anatomía de los dedos. Esta terminación explica por qué el dorso de los dedos presenta una disposición fascial diferente, más directamente relacionada con los aparatos extensores digitales.
Espacios conectivos de la mano
Los espacios conectivos de la mano corresponden al tejido conectivo laxo situado entre las fascias y aponeurosis palmares, las fascias dorsales, los músculos y los tendones. Estos espacios no son simples rellenos anatómicos, sino verdaderos corredores funcionales que permiten el deslizamiento de estructuras, la acomodación de cambios de volumen y, desde el punto de vista clínico, la propagación de líquidos, edemas e infecciones.
Espacio palmar medio superficial
El espacio palmar medio superficial, también denominado pretendinoso, se localiza inmediatamente por detrás de la aponeurosis palmar, que lo separa del tejido subcutáneo y de la piel. Esta disposición explica por qué las infecciones superficiales de la palma pueden quedar inicialmente contenidas antes de alcanzar planos más profundos. Por delante de los tendones flexores digitales y de los músculos lumbricales, envueltos por la vaina sinovial digitocarpiana medial, este espacio actúa como un plano de deslizamiento entre la aponeurosis y los elementos tendinosos.
Lateralmente, el espacio está limitado por la fascia de la eminencia tenar, y medialmente por la fascia de la eminencia hipotenar, lo que lo encuadra dentro de la arquitectura fascial palmar. Inferiormente, alcanza el ligamento transverso superficial de la palma, mientras que proximalmente se continúa sin un límite neto por detrás del retináculo flexor con el espacio conectivo subfascial del antebrazo. Esta continuidad anatómica explica la propagación de procesos infecciosos desde la palma superficial hacia el antebrazo.
Además, el espacio palmar medio superficial se comunica con el espacio retrotendinoso en los bordes donde contacta con las fascias de las eminencias tenar e hipotenar, lo que refuerza la interconexión funcional entre los distintos planos conectivos de la mano.
Espacio palmar medio profundo
El espacio palmar medio profundo, también llamado retrotendinoso, es el más relevante desde el punto de vista anatómico y clínico, razón por la cual se lo considera el espacio principal. Se sitúa por detrás de los tendones flexores y de los músculos lumbricales, los cuales están tapizados por el receso retrotendinoso de la sinovial, y por delante de la fascia palmar profunda. Esta ubicación lo convierte en un verdadero eje central de la palma.
Medialmente, está delimitado por la fascia tenar que tapiza la cara anterior del músculo aductor del pulgar y por la porción sagital de dicha fascia, mientras que lateralmente está limitado por la porción sagital de la fascia hipotenar. Inferiormente, el espacio se encuentra cerrado por las conexiones fibrosas entre las articulaciones metacarpofalángicas, lo que condiciona la dirección de la propagación de los procesos patológicos.
Este espacio se comunica con el tejido conectivo del dorso de la mano a través de las comisuras interdigitales, lo que explica la aparición de edema dorsal en las infecciones profundas de la palma. Asimismo, mantiene continuidad con los espacios conectivos de los cuatro últimos dedos mediante las comisuras y las vainas de los músculos lumbricales, facilitando la propagación de infecciones digitales hacia la palma, como ocurre en los panadizos. Proximalmente, el espacio se continúa con el antebrazo, lo que convierte a la palma en un punto clave de comunicación anatómica entre la mano y los planos profundos del miembro superior.
Espacios comisurales
Los espacios comisurales constituyen regiones anatómicas especializadas que se localizan en las comisuras de los cuatro últimos dedos, y su existencia responde a la necesidad de permitir movilidad, adaptación volumétrica y comunicación entre los distintos planos de la mano. Al situarse en zonas de transición entre la palma y el dorso, estos espacios actúan como áreas de amortiguación mecánica y de deslizamiento, al mismo tiempo que adquieren una gran relevancia clínica por su papel en la propagación de procesos infecciosos.
Estos espacios se ubican inmediatamente por detrás de la piel, la cual se encuentra tapizada por tejido adiposo. En este tejido se pierden fascículos fibrosos procedentes de la aponeurosis palmar, lo que establece una unión flexible entre la piel y los planos profundos. Esta disposición permite que la piel de las comisuras se adapte a la separación y aproximación de los dedos sin generar tensiones excesivas.
Por delante, los espacios comisurales están delimitados por la fascia dorsal profunda, reforzada superficialmente por la fascia dorsal superficial. Esta doble capa dorsal constituye un límite relativamente resistente que orienta la expansión de estos espacios hacia la palma más que hacia el dorso. Inferiormente, los espacios se sitúan por encima del ligamento palmar interdigital, estructura que contribuye a la estabilidad transversal de los dedos y limita el desplazamiento distal del tejido conectivo.
En sentido profundo, estos espacios se encuentran entre las cintillas pretendinosas y los tabiques sagitales que se desprenden de la cara profunda de la aponeurosis palmar. Superiormente, están limitados por la unión del ligamento transverso superficial, la aponeurosis palmar y las bridas fibrosas que vinculan esta aponeurosis con la piel. En conjunto, estos límites definen compartimentos bien delimitados, pero lo suficientemente flexibles como para permitir cambios de forma y volumen durante los movimientos de los dedos.
Espacio tenariano
El espacio tenariano es un espacio conectivo profundo que adquiere particular importancia por ser el asiento típico de los flemones comisurales del pulgar. Su disposición refleja la compleja anatomía funcional de la región tenar, donde convergen movimientos de fuerza y precisión. Este espacio se extiende transversalmente desde el primer hasta el tercer metacarpiano, y se insinúa por detrás del espacio palmar medio profundo, lo que establece una continuidad anatómica entre ambas regiones.
Se sitúa por detrás del músculo flexor corto del pulgar, lo que lo coloca en una posición protegida frente a la superficie palmar, y por delante del músculo aductor del pulgar. Este último actúa como una barrera muscular que lo separa de la fascia palmar profunda y de los músculos interóseos del primer espacio, orientando la expansión de procesos patológicos hacia zonas de menor resistencia. Lateralmente, el espacio alcanza el primer metacarpiano, lo que explica su relación directa con las estructuras óseas del pulgar. Inferiormente, se prolonga hasta el espacio comisural entre el pulgar y el índice, estableciendo una vía de comunicación anatómica que justifica la propagación de infecciones entre estas regiones.
Espacio hipotenar
El espacio hipotenar es de menor tamaño y se localiza en la región medial de la palma, asociado a los músculos de la eminencia hipotenar. Su configuración responde a la función de los músculos que controla, los cuales participan en la movilidad y la oposición secundaria del quinto dedo. Este espacio se sitúa por detrás de los músculos abductor y flexor corto del quinto dedo, y por delante del músculo oponente, lo que lo encierra entre planos musculares bien definidos.
Medialmente, el espacio llega hasta el borde medial del quinto metacarpiano, estableciendo un límite óseo firme. Lateralmente, se extiende hasta el tabique que lo separa del compartimento palmar medio, lo que delimita claramente su territorio y restringe la comunicación directa con otras regiones palmares. Esta compartimentación explica por qué los procesos patológicos de la región hipotenar tienden a permanecer localizados durante etapas iniciales.
Espacio conectivo dorsal
El espacio conectivo dorsal es un espacio subfascial que se sitúa entre la fascia dorsal superficial y la fascia interósea dorsal. Su extensión medial hasta el quinto metacarpiano y lateral hasta el primer metacarpiano lo convierten en un espacio continuo que abarca prácticamente todo el dorso de la mano. Inferiormente, se prolonga hasta la inserción de la fascia dorsal superficial sobre la vaina fibrosa de los dedos, mientras que proximalmente alcanza el borde inferior del retináculo extensor, estableciendo una continuidad con las estructuras dorsales del antebrazo.
En las comisuras interdigitales, este espacio dorsal se comunica con los espacios conectivos tenar y palmar medio profundo, lo que explica la frecuente asociación entre procesos patológicos palmares y manifestaciones dorsales, como el edema o la tumefacción del dorso de la mano. Desde el punto de vista funcional, el tejido conectivo contenido en estos espacios constituye un verdadero aparato de deslizamiento accesorio de los tendones extensores de los dedos. Gracias a esta disposición, los tendones pueden desplazarse libremente durante los movimientos de extensión, mientras la piel dorsal y las estructuras profundas se adaptan sin fricción excesiva.

Fuente y lecturas recomendadas:
- Latarjet, M., Ruiz Liard, A., & Pró, E. (2019). Anatomía humana (5.ª ed., Vols. 1–2). Médica Panamericana.
ISBN: 9789500695923 - Dalley II, A. F., & Agur, A. M. R. (2022). Moore: Anatomía con orientación clínica (9.ª ed.). Wolters Kluwer (Lippincott Williams & Wilkins).
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ISBN: 9780323793745

