Relaciones anatómicas del hígado
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El hígado establece relaciones anatómicas complejas con el diafragma debido a su posición como órgano toracoabdominal y a su notable volumen. Estas relaciones no son meramente topográficas, sino funcionales y clínicas, ya que condicionan tanto su movilidad durante la respiración como la propagación de procesos patológicos entre cavidades. La mayor parte del hígado se encuentra protegida por la parrilla costal, lo que explica que esté casi completamente oculto por la pared torácica y que su superficie superior adopte fielmente la forma de la cúpula diafragmática.


Relaciones diafragmáticas

En sentido superior y anterior, el hígado se adapta íntimamente al diafragma, aunque no se encuentra en contacto directo con él en toda su extensión. Entre ambas estructuras se interpone el receso subfrénico, un espacio peritoneal potencial que queda dividido en dos compartimentos por el ligamento falciforme. Esta disposición condiciona diferencias claras entre las relaciones derechas e izquierdas de la cara diafragmática hepática.

A la derecha del ligamento falciforme, el hígado se relaciona indirectamente, a través del diafragma, con la cavidad pleural derecha. En esta región, el receso pleural anterior se sitúa por encima del borde condrocostal, de modo que el borde anterior de la base pulmonar derecha se encuentra a un nivel más elevado que el borde hepático. Durante la respiración, y de manera más evidente en la espiración forzada, la porción más alta de la cara diafragmática del hígado asciende siguiendo el movimiento del diafragma hasta alcanzar el nivel de la quinta costilla. Esta relación explica la influencia recíproca entre la mecánica respiratoria y la movilidad hepática.

A la izquierda del ligamento falciforme, las relaciones son más variables y complejas. Una parte de la cara diafragmática izquierda del hígado no está cubierta por la parrilla costal y se relaciona directamente con la pared abdominal anterior, lo que permite su palpación en la región epigástrica. El resto de esta superficie queda oculto bajo el diafragma, situado detrás del proceso xifoides y del borde condral izquierdo. Por interposición del diafragma, el hígado establece contacto con el pericardio fibroso y el corazón, así como con la cavidad pleural izquierda, relación cuyo grado depende del desarrollo relativo del lóbulo izquierdo hepático.

En la porción posterior de la cara diafragmática se localiza una región de particular importancia anatómica: el área desnuda del hígado. Esta zona corresponde principalmente al sector derecho y superior, y se extiende desde la hoja inferior del ligamento coronario hacia arriba. A diferencia del resto del órgano, aquí el hígado no está cubierto por peritoneo y se encuentra en contacto directo con el diafragma. En la parte media de esta área se observa un amplio surco que aloja a la vena cava inferior. El hígado se fija firmemente a este gran vaso mediante la desembocadura de las venas hepáticas, las cuales se hallan rodeadas por un tejido conectivo perivascular que deriva de la cápsula fibrosa hepática. El número de estas venas es variable y su calibre considerable, lo que refleja su relevancia en el drenaje venoso del órgano.

A la izquierda de la vena cava inferior, y separados por una hoja peritoneal, se encuentra el lóbulo caudado. Este lóbulo se sitúa en el vestíbulo de la bolsa omental y se apoya posteriormente sobre la región celíaca. En esta zona, el hígado se relaciona con estructuras profundas como la aorta abdominal y la columna vertebral, lo que subraya su integración en el eje vascular y esquelético del abdomen superior.

En el lado izquierdo, la porción posterior de la cara diafragmática del lóbulo izquierdo se continúa con el ligamento triangular izquierdo. Esta estructura peritoneal contribuye a fijar el hígado y, al mismo tiempo, oculta elementos de gran importancia, como el esófago abdominal y el tronco vagal anterior. Más inferior y anteriormente, también queda cubierta la porción condensada del epiplón menor. La sección del ligamento triangular permite liberar esta parte del hígado de sus relaciones profundas, lo que tiene relevancia práctica en los abordajes quirúrgicos del órgano.


Relaciones viscerales

Las relaciones viscerales del hígado corresponden principalmente a su cara inferior y a su porción posterior, regiones en las que el órgano entra en contacto estrecho con vísceras supramesocólicas y con estructuras retroperitoneales del lado derecho. Estas relaciones no son uniformes, ya que dependen de la organización funcional del hígado y de la disposición de los elementos que ingresan y salen por el porta hepático.

En el porta hepático penetran y emergen los principales componentes vasculobiliares del órgano, los cuales se organizan en dos conjuntos o raíces, una derecha y otra izquierda. Cada una de estas raíces está destinada a irrigar y drenar una porción específica del hígado, de modo que el órgano queda dividido funcionalmente en un territorio derecho y otro izquierdo. La línea de separación entre ambas porciones no coincide con los límites anatómicos clásicos de los lóbulos, sino que sigue un trayecto oblicuo que se inicia en la fosa de la vesícula biliar y se dirige hacia atrás hasta alcanzar el borde derecho de la vena cava inferior. A cada lado de esta línea se establecen relaciones viscerales diferentes.

En el territorio derecho, la cara inferior del hígado se apoya directamente sobre la flexura cólica derecha y sobre el segmento inicial del colon transverso, lo que explica la presencia de impresiones colónicas en la superficie hepática. Más medialmente, el hígado se relaciona con el duodeno, en especial con su porción superior y descendente. En un plano más posterior y profundo, el órgano contacta con estructuras retroperitoneales, como el riñón derecho y la glándula suprarrenal derecha. Estas vísceras, al no estar recubiertas por peritoneo en su totalidad, dejan huellas o impresiones características en la cara visceral hepática, reflejando la proximidad anatómica y la adaptación morfológica del hígado a su entorno.

En el territorio izquierdo, las relaciones son más complejas debido a la interposición del omento menor, que actúa como una lámina peritoneal divisoria. Este repliegue separa la región en una porción anterior y otra posterior, condicionando contactos viscerales distintos.

Por delante del omento menor, el lóbulo cuadrado del hígado se aplica sobre la región del porta hepático y sobre la porción superior del duodeno, incluyendo la flexura superior duodenal. En esta misma zona, el colon transverso se relaciona con el hígado, contribuyendo a la configuración de la cara inferior hepática. Más hacia la izquierda, a partir del ligamento redondo, el lóbulo izquierdo del hígado se apoya sobre la cara anterior del estómago, estableciendo una relación directa con esta víscera supramesocólica.

Por detrás del omento menor se encuentra el lóbulo caudado, que protruye hacia el vestíbulo de la bolsa omental. Esta disposición lo sitúa en una posición estratégica, en contacto con espacios peritoneales profundos. El receso subhepático se prolonga desde esta región de manera oblicua hacia arriba y hacia la izquierda, siguiendo la orientación general del hígado. Inicialmente se apoya sobre el mesocolon transverso y, más adelante, sobre la superficie del estómago. Este receso constituye la porción superior de la gran cavidad peritoneal y se comunica con la bolsa omental a través del foramen omental, también conocido como hiato de Winslow. Desde allí, el espacio subhepático se prolonga hacia la derecha y hacia abajo, lo que explica la tendencia de los líquidos peritoneales a acumularse en esta región en determinadas situaciones patológicas.


Relaciones del borde inferior

El borde inferior del hígado constituye una referencia anatómica fundamental, ya que marca el límite entre la cara diafragmática, orientada hacia arriba y adelante, y la cara visceral, dirigida hacia abajo y atrás. Esta arista hepática no es un simple accidente morfológico, sino una estructura de gran valor clínico y semiológico, debido a su accesibilidad al examen físico y a su relación con múltiples vísceras del abdomen superior.

Desde el punto de vista de la exploración clínica, el borde inferior del hígado es habitualmente palpable, sobre todo a nivel del epigastrio. Su consistencia, regularidad y sensibilidad aportan información relevante sobre el estado del parénquima hepático. La proyección superficial de este borde sobre la pared abdominal sigue un trayecto oblicuo bien definido: se extiende desde el extremo anterior de la décima costilla derecha hasta el extremo anterior de la sexta costilla izquierda. Esta línea imaginaria permite estimar la posición del hígado en relación con la parrilla costal y orienta tanto la palpación como la percusión del órgano.

En la región epigástrica, el borde inferior del hígado participa en la delimitación del llamado triángulo de Labbé, una zona anatómica de interés clínico formada por el borde hepático, el reborde costal y la línea media. La configuración de este triángulo facilita la exploración del hígado y de las vísceras vecinas, especialmente en contextos de patología abdominal aguda o crónica.

La situación del borde inferior del hígado con respecto al borde condral varía de acuerdo con el biotipo del individuo. En personas longilíneas, el hígado tiende a situarse más bajo, lo que hace que su borde inferior sea más fácilmente palpable sin que ello implique necesariamente un aumento patológico del tamaño del órgano. Por el contrario, en sujetos brevilíneos, el hígado suele encontrarse más alto y protegido por la parrilla costal, dificultando su palpación.

Por esta razón, la percepción del borde inferior del hígado durante el examen físico no debe interpretarse de manera automática como un signo de hepatomegalia. La posición hepática puede verse influida por factores constitucionales, por la fase respiratoria y por la edad del paciente. En el niño, en particular, el borde inferior del hígado desciende de forma notable, extendiéndose por debajo del reborde costal. En esta etapa de la vida, el hígado puede cubrir el píloro y gran parte del estómago, lo que representa una disposición normal relacionada con el desarrollo y las proporciones viscerales propias de la infancia.


Relaciones de la porción posterior de la cara diafragmática

La porción posterior de la cara diafragmática del hígado presenta características anatómicas particulares que reflejan la transición entre las superficies peritoneales y las zonas de fijación profunda del órgano. En esta región, las relaciones se organizan fundamentalmente en torno a la vena cava inferior, estructura vascular mayor que actúa como eje de referencia topográfica.

A la derecha de la vena cava inferior, la porción posterior de la cara diafragmática corresponde a la hoja inferior del ligamento coronario. Este repliegue peritoneal fija el hígado al diafragma y delimita el área desnuda del órgano, zona en la que el parénquima hepático se encuentra en contacto directo con el músculo diafragmático sin interposición de peritoneo. La hoja inferior del ligamento coronario marca, por tanto, el límite inferior de esta región de adherencia, contribuyendo a la estabilidad del hígado y a la restricción de su movilidad posterior.

A la izquierda de la vena cava inferior, la disposición anatómica cambia de manera notable. En este sector se sitúa el lóbulo caudado, una porción del hígado que, desde el punto de vista morfológico, pertenece a la cara visceral, pero que se proyecta hacia atrás y arriba, alcanzando la porción posterior de la cara diafragmática. El lóbulo caudado incluye el proceso caudado, una prolongación que establece un puente parenquimatoso entre este lóbulo y el lóbulo derecho del hígado, reforzando la continuidad estructural del órgano.

El lóbulo caudado se extiende cruzando la fisura del ligamento venoso, vestigio fibroso del conducto venoso fetal, y desde allí se prolonga hacia la izquierda. Esta prolongación constituye la porción posterior de la cara diafragmática del lóbulo izquierdo del hígado. De este modo, el lóbulo caudado actúa como una zona de transición anatómica y funcional entre los territorios derecho e izquierdo, integrando relaciones propias de la cara visceral con aquellas correspondientes a la superficie diafragmática posterior.

 

 

 

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Fuente y lecturas recomendadas:
  1. Latarjet, M., Ruiz Liard, A., & Pró, E. (2019). Anatomía humana (5.ª ed., Vols. 1–2). Médica Panamericana.
    ISBN: 9789500695923
  2. Dalley II, A. F., & Agur, A. M. R. (2022). Moore: Anatomía con orientación clínica (9.ª ed.). Wolters Kluwer (Lippincott Williams & Wilkins).
    ISBN: 9781975154120
  3. Standring, S. (Ed.). (2020). Gray’s anatomy: The anatomical basis of clinical practice (42.ª ed.). Elsevier.
    ISBN: 9780702077050
  4. Netter, F. H. (2023). Atlas de anatomía humana (8.ª ed.). Elsevier.
    ISBN: 9780323793745
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