Trauma nasal

Trauma nasal
Trauma nasal

El trauma nasal es una condición comúnmente asociada con fracturas de la pirámide nasal, que es el hueso más frecuentemente fracturado en el cuerpo humano. La pirámide nasal está compuesta principalmente por los huesos nasales y los procesos frontales de los huesos maxilares. Estos elementos óseos son fundamentales para la estructura de la nariz y juegan un papel crucial en la función respiratoria y la estética facial.

Las fracturas nasales pueden ocurrir debido a diversos tipos de traumatismos, como accidentes automovilísticos, caídas, lesiones deportivas, o incluso agresiones físicas. La fuerza traumática aplicada directamente sobre la nariz puede causar la fractura de uno o ambos huesos nasales, así como también puede comprometer otras estructuras anatómicas adyacentes, como el tabique nasal, los senos paranasales, y los cartílagos nasales.


Manifestaciones clínicas

La presencia de crepitancia o segmentos óseos palpablemente móviles es indicativa de una posible fractura nasal, siendo este el hueso más frecuentemente afectado por traumas faciales. La crepitancia se refiere a la sensación o sonido crujiente que puede percibirse al manipular los huesos fracturados, lo cual sugiere una separación de los fragmentos óseos. Esta característica clínica es importante en el diagnóstico inicial del trauma nasal, junto con la movilidad anormal de los segmentos óseos que puede detectarse durante el examen físico.

La epistaxis, o sangrado nasal, es una manifestación clínica común tras una fractura nasal debido a la ruptura de vasos sanguíneos dentro de la mucosa nasal o las estructuras circundantes. Este síntoma puede variar en severidad y generalmente ocurre como resultado del trauma directo sobre la nariz.

El dolor es otro síntoma característico asociado con las fracturas nasales. La sensación dolorosa puede ser localizada en la región nasal afectada y puede estar exacerbada por la inflamación y el edema resultantes del trauma. La intensidad del dolor puede variar dependiendo de la extensión y la gravedad de la fractura.

La aparición de hematomas en los tejidos blandos alrededor de los ojos, comúnmente conocido como “ojo negro” o equimosis periorbitaria, también es frecuente tras una fractura nasal. Estos hematomas se desarrollan debido a la extravasación de sangre desde los vasos sanguíneos lesionados en la región periorbitaria, contribuyendo a la manifestación clínica del trauma facial.

Es esencial realizar una evaluación cuidadosa para descartar la presencia de un paso palpable del borde infraorbital, lo cual indicaría una fractura del complejo cigomático. El complejo cigomático, que incluye el hueso cigomático (hueso malar) y la apófisis frontal del hueso maxilar, forma parte de la estructura ósea facial y puede fracturarse en casos de traumatismo significativo. La presencia de un paso palpable o una deformidad en esta área requiere una evaluación adicional mediante estudios de imagen para determinar la extensión y el manejo apropiado de la fractura facial.


Exámenes complementarios

En las fracturas nasales sin complicaciones, la confirmación radiológica, aunque a veces útil, no siempre es necesaria para establecer el diagnóstico y guiar el manejo clínico. La evaluación clínica inicial, que incluye la historia del trauma y un examen físico detallado, es crucial para identificar las manifestaciones típicas como dolor localizado, crepitancia ósea, movilidad de segmentos óseos, epistaxis y hematomas periorbitarios. Estos hallazgos clínicos suelen ser suficientes para diagnosticar una fractura nasal y decidir el curso inicial de tratamiento.

La utilidad de la radiografía o de estudios de imagen como la tomografía computarizada (TC) se reserva principalmente para casos en los que hay sospechas de complicaciones o cuando el examen físico no proporciona claridad diagnóstica suficiente. Por ejemplo, la radiografía simple puede ser útil para evaluar la alineación de los huesos nasales en fracturas desplazadas o para descartar la presencia de fracturas adicionales en otras estructuras óseas faciales.

Es importante destacar que, aunque la fractura nasal en sí misma puede no requerir confirmación radiológica rutinaria, la evaluación extensiva puede ser necesaria en situaciones de trauma facial más severo. Esto incluye casos donde las circunstancias del accidente, como colisiones automovilísticas o de motocicletas, sugieren la posibilidad de lesiones concomitantes en la columna vertebral, el tórax o incluso el cráneo. En estos escenarios, las imágenes diagnósticas son cruciales para detectar fracturas vertebrales, lesiones pulmonares, o hemorragias intracraneales que podrían no ser evidentes inicialmente en la evaluación clínica.

La toma de decisiones en cuanto a la necesidad de estudios radiológicos debe basarse en una evaluación individualizada de cada paciente, considerando tanto los hallazgos clínicos como las circunstancias del trauma. El objetivo principal es asegurar un diagnóstico preciso y completo, así como proporcionar el manejo adecuado y oportuno para minimizar riesgos adicionales y optimizar los resultados del paciente tras un trauma facial.


Tratamiento

El objetivo principal del tratamiento de las fracturas nasales es preservar la permeabilidad y la estética de las vías respiratorias nasales a largo plazo. La estructura nasal no solo es vital para la función respiratoria adecuada, sino también para la apariencia facial. Por lo tanto, es crucial restaurar la anatomía nasal normal y minimizar cualquier deformidad estética que pueda resultar del trauma.

La reducción cerrada es una técnica comúnmente empleada para realinear los fragmentos óseos fracturados sin necesidad de realizar incisiones externas. Este procedimiento puede llevarse a cabo bajo anestesia local o general. La elección entre estos tipos de anestesia depende de la complejidad de la fractura, la comodidad del paciente y las preferencias del cirujano.

La reducción cerrada bajo anestesia general se considera preferible en muchos casos debido a varios factores. Primero, la anestesia general permite un control más efectivo del dolor y la ansiedad del paciente durante el procedimiento. Además, facilita un acceso más completo y seguro a las estructuras nasales, lo que puede resultar en una reducción más precisa y menos traumática de la fractura. Esto puede llevar a una mejor satisfacción del paciente, ya que se espera una recuperación más rápida y una menor probabilidad de complicaciones.

Otro beneficio significativo de la reducción cerrada bajo anestesia general es la reducción de la necesidad de procedimientos adicionales posteriores, como la septoplastia (cirugía para corregir el tabique nasal desviado) o la rinoplastia (cirugía estética de la nariz). La alineación adecuada de los fragmentos óseos desde el principio puede disminuir la probabilidad de desarrollar problemas respiratorios crónicos o deformidades estéticas persistentes que podrían requerir intervenciones quirúrgicas adicionales.

En la evaluación clínica de pacientes con trauma nasal, es fundamental realizar un examen intranasal exhaustivo para descartar la presencia de un hematoma septal, una complicación potencialmente grave que puede surgir tras una fractura nasal. El hematoma septal se presenta como un ensanchamiento del tabique anterior, visible justo detrás de la columela, y puede comprometer la integridad del cartílago septal, que recibe su única nutrición del mucopericondrio que lo recubre estrechamente.

Un hematoma subpericondrial no tratado puede conducir a complicaciones severas como la pérdida del cartílago nasal, resultando en una deformidad conocida como nariz en silla de montar, o incluso la perforación septal. Estas condiciones pueden ser funcionales y estéticamente devastadoras para el paciente a largo plazo.

Además del riesgo estructural, los hematomas septales también son susceptibles de infectarse, siendo Staphylococcus aureus la bacteria más comúnmente implicada. Por lo tanto, es crucial proceder con el drenaje del hematoma lo antes posible. Esto se realiza típicamente mediante una incisión en el mucopericondrio inferior en ambos lados del septo nasal para permitir la evacuación del líquido acumulado. Es fundamental enviar el líquido drenado para cultivo microbiológico para guiar el tratamiento antibiótico adecuado.

El manejo postoperatorio de los hematomas septales incluye el empacado nasal durante 2 a 5 días, lo cual ayuda a prevenir la reformación del hematoma al mantener la presión adecuada sobre el área drenada. Además, se recomienda administrar antibióticos con actividad antistafilocócica efectiva para prevenir complicaciones adicionales como el síndrome de shock tóxico. Ejemplos de antibióticos utilizados incluyen cefalexina en dosis de 500 mg cuatro veces al día o clindamicina en dosis de 150 mg cuatro veces al día, administrados durante 3 a 5 días o según la duración del empacado nasal.

 

 

 

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