La exploración vascular es el conjunto sistemático de procedimientos clínicos destinados a valorar la integridad anatómica y la función hemodinámica del sistema vascular. Aunque puede abarcar tanto el sistema arterial como el sistema venoso, en la práctica clínica adquiere especial importancia cuando existe sospecha de enfermedad arterial periférica, enfermedad carotídea, aneurismas, isquemia de las extremidades, enfermedad venosa crónica o alteraciones de la perfusión tisular. Su finalidad no consiste simplemente en determinar si existe o no circulación sanguínea, sino en identificar alteraciones en la distribución del flujo, reconocer signos de obstrucción o insuficiencia vascular, establecer la posible localización de la lesión, estimar su repercusión sobre los tejidos y determinar si el cuadro requiere una evaluación diagnóstica urgente. Las guías contemporáneas para la enfermedad arterial periférica consideran que la historia clínica y la exploración física constituyen el primer nivel de evaluación y que sus hallazgos deben orientar la selección de pruebas fisiológicas y de imagen.
La importancia de esta evaluación deriva de la naturaleza sistémica de la enfermedad vascular aterosclerótica. La enfermedad arterial periférica no debe considerarse únicamente una alteración localizada de las extremidades inferiores, porque su presencia se relaciona con una mayor probabilidad de acontecimientos cardiovasculares y cerebrovasculares, además de complicaciones directamente relacionadas con la extremidad afectada. La identificación clínica de una alteración arterial puede, por tanto, revelar enfermedad aterosclerótica en otros territorios vasculares y proporcionar una oportunidad para realizar una valoración cardiovascular integral.
Historia clínica vascular
La exploración vascular comienza antes del contacto físico con el paciente, mediante una historia clínica orientada específicamente hacia los síntomas y factores de riesgo vasculares. Es necesario establecer la naturaleza del síntoma, su localización, intensidad, duración, relación con el ejercicio o el reposo, factores que lo desencadenan o alivian, progresión temporal y repercusión funcional. En las extremidades inferiores resulta particularmente importante preguntar por dolor, fatiga, pesadez, debilidad, parestesias, disminución de la tolerancia a la marcha, dolor desencadenado por el ejercicio, dolor que aparece durante el reposo y lesiones cutáneas de evolución prolongada. La caracterización temporal del síntoma es fundamental porque diferentes patrones clínicos pueden corresponder a mecanismos arteriales, venosos, neurológicos, musculoesqueléticos o metabólicos diferentes.
La claudicación vascular típica se caracteriza por una molestia localizada habitualmente en la pantorrilla, el muslo, la región glútea o el pie que aparece durante la actividad física y desaparece con el reposo. El mecanismo fisiopatológico consiste en que una estenosis arterial limita la capacidad de incrementar el flujo sanguíneo durante el ejercicio, de modo que la demanda metabólica del músculo supera la capacidad de aporte de oxígeno. La distancia necesaria para desencadenar los síntomas, la intensidad del ejercicio requerido y el tiempo necesario para su desaparición constituyen elementos clínicos útiles para caracterizar el cuadro. La guía de 2024 para enfermedad arterial periférica recomienda una historia detallada de la localización, características, factores precipitantes, factores de alivio, momento de aparición y progresión de los síntomas de las extremidades inferiores.
También debe investigarse la presencia de dolor isquémico en reposo, particularmente cuando afecta al pie o los dedos y aparece predominantemente durante la noche o cuando la extremidad se encuentra elevada. La aparición de una úlcera que no cicatriza, necrosis, gangrena o dolor persistente en reposo puede indicar una reducción grave de la perfusión y requiere una valoración vascular más urgente que la presencia aislada de claudicación.
Los antecedentes personales deben incluir tabaquismo actual o previo, diabetes mellitus, hipertensión arterial, alteraciones del metabolismo lipídico, enfermedad renal crónica, enfermedad coronaria, enfermedad cerebrovascular, antecedentes de enfermedad arterial periférica, procedimientos de revascularización y amputaciones previas. También es importante identificar antecedentes familiares de enfermedad arterial periférica o enfermedad cardiovascular prematura. Estos elementos modifican la probabilidad previa de enfermedad vascular y permiten interpretar correctamente los hallazgos de la exploración física. La guía de 2024 identifica como grupos con mayor riesgo a las personas de 65 años o más, a las personas de 50 a 64 años con factores de riesgo aterosclerótico, enfermedad renal crónica o antecedentes familiares de enfermedad arterial periférica, y a personas menores de 50 años con diabetes y al menos otro factor de riesgo aterosclerótico.
Inspección vascular
La inspección debe realizarse con las extremidades adecuadamente expuestas y comparando siempre ambos lados. En la enfermedad arterial periférica se buscan alteraciones de la coloración, pérdida de tejido, úlceras, necrosis, gangrena, cambios tróficos y diferencias de temperatura. También pueden observarse palidez con la elevación de la extremidad y rubor dependiente, hallazgos que reflejan alteraciones importantes de la perfusión. La pérdida de vello, la atrofia muscular y determinados cambios cutáneos pueden acompañar a la enfermedad arterial, aunque ninguno de estos hallazgos aislados posee suficiente capacidad diagnóstica para sustituir una evaluación fisiológica.
La inspección de los pies posee especial importancia porque la combinación de enfermedad arterial, diabetes mellitus, neuropatía y traumatismos repetidos puede favorecer la aparición de lesiones que evolucionan hacia ulceración, infección y pérdida de tejido. Por esta razón, la evaluación debe incluir la superficie plantar, los espacios interdigitales, las uñas, las zonas de presión y cualquier lesión cutánea. En pacientes con enfermedad arterial periférica conocida, las recomendaciones actuales incluyen la inspección sistemática de la integridad cutánea y la valoración de úlceras, callosidades, deformidades y signos de neuropatía.
La inspección también debe valorar manifestaciones venosas. El edema, las varices, los cambios de pigmentación, la induración de la piel y las úlceras de las extremidades inferiores pueden formar parte de la enfermedad venosa crónica. En este contexto, la exploración clínica debe complementarse, cuando está indicado, con ecografía dúplex, que permite estudiar simultáneamente la anatomía y la hemodinámica del sistema venoso superficial y profundo. Las guías especializadas recomiendan que los pacientes con varices o enfermedad venosa crónica más avanzada sean evaluados mediante historia clínica, exploración física y ecografía dúplex.
Evaluación de la temperatura y simetría de las extremidades
La temperatura cutánea debe compararse entre ambos lados y entre segmentos proximales y distales de la misma extremidad. Una extremidad notablemente fría puede sugerir reducción del flujo arterial, especialmente cuando el hallazgo es unilateral y se acompaña de alteraciones del pulso, cambios de coloración o dolor. La temperatura, sin embargo, debe interpretarse conjuntamente con otros datos porque puede modificarse por temperatura ambiental, exposición, vasoconstricción fisiológica y otros mecanismos no relacionados con una obstrucción arterial. Los estudios sobre precisión diagnóstica de la exploración física muestran que una extremidad fría puede aumentar la probabilidad clínica de enfermedad arterial periférica, pero ningún hallazgo físico aislado es suficiente para establecer el diagnóstico con certeza.
La comparación bilateral resulta especialmente útil porque una diferencia entre extremidades proporciona un control interno que reduce la influencia de variables ambientales. La asimetría de temperatura, coloración, volumen muscular, presencia de edema o características de las lesiones cutáneas puede ayudar a determinar si el proceso es predominantemente unilateral o sistémico.
Palpación de los pulsos arteriales
La palpación de los pulsos constituye uno de los elementos centrales de la exploración arterial. En las extremidades inferiores deben valorarse de manera sistemática los pulsos femoral, poplíteo, tibial posterior y dorsal del pie. La evaluación debe realizarse bilateralmente y registrarse con una escala reproducible. La guía de 2024 propone clasificarlos como ausentes, disminuidos, normales o aumentados, utilizando una graduación de 0 a 3.
La importancia de esta secuencia anatómica reside en que el pulso arterial representa la transmisión periférica de la onda de presión generada por la contracción cardíaca. Cuando existe una obstrucción arterial hemodinámicamente significativa proximal al punto explorado, la amplitud del pulso puede disminuir distalmente. Por ello, comparar sucesivamente el pulso femoral, poplíteo, tibial posterior y dorsal del pie puede proporcionar información aproximada acerca del nivel anatómico en el que se encuentra una lesión.
No obstante, la presencia de un pulso palpable no excluye la enfermedad arterial periférica. Este aspecto es particularmente importante porque las lesiones arteriales pueden producir reducciones del flujo que todavía permiten transmitir una onda de pulso detectable. Un estudio realizado en atención primaria demostró que muchos pacientes con enfermedad arterial periférica confirmada mediante índice tobillo-brazo todavía presentaban pulsos pedios palpables. Otro estudio de precisión diagnóstica mostró que la palpación de pulsos es útil, pero que su interpretación debe realizarse dentro del contexto de la probabilidad clínica.
Por otra parte, la ausencia bilateral de los pulsos pedios no debe interpretarse automáticamente como enfermedad arterial, debido a variaciones anatómicas y dificultades técnicas de palpación. La reproducibilidad es mayor para distinguir un pulso claramente presente de uno claramente ausente que para diferenciar un pulso normal de uno discretamente disminuido. La guía de 2024 señala expresamente esta limitación de la palpación.
Por estas razones, una alteración de los pulsos constituye un dato clínico que justifica una evaluación fisiológica adicional. El índice tobillo-brazo es actualmente una de las pruebas fundamentales para establecer objetivamente el diagnóstico de enfermedad arterial periférica cuando la historia clínica o la exploración física son sugestivas.
Auscultación de las arterias
La auscultación vascular permite identificar soplos producidos por alteraciones del flujo sanguíneo. En determinadas arterias, un estrechamiento puede generar turbulencia suficiente para producir un sonido audible mediante el estetoscopio. En la exploración periférica pueden auscultarse especialmente las regiones carotídeas, abdominales y femorales cuando existe sospecha clínica de enfermedad arterial.
Sin embargo, un soplo no equivale necesariamente a una obstrucción grave. El flujo turbulento depende de múltiples factores hemodinámicos y un soplo puede desaparecer incluso cuando existe una lesión importante. Esta limitación está particularmente bien documentada en la enfermedad carotídea. Un metaanálisis de 26 estudios que evaluó 15 117 arterias encontró que, para estenosis carotídea mayor de 70%, la auscultación de un soplo carotídeo tenía una sensibilidad agrupada de aproximadamente 0.53 y una especificidad de aproximadamente 0.83. Por lo tanto, un soplo puede aumentar la sospecha clínica, pero su ausencia no descarta una estenosis significativa.
Por ello, la auscultación carotídea debe considerarse un elemento de la exploración clínica y no un método definitivo para determinar la gravedad anatómica de una estenosis. Cuando existe una indicación clínica para estudiar las arterias carótidas, la caracterización anatómica y hemodinámica requiere métodos de imagen apropiados, habitualmente ecografía dúplex en el contexto inicial.
Exploración de las arterias carótidas
La evaluación de las arterias carótidas debe incluir inspección, palpación cuidadosa y, cuando corresponda, auscultación. Debe evitarse realizar una compresión simultánea de ambas arterias carótidas, debido al riesgo de reducir transitoriamente el flujo cerebral. La exploración se realiza habitualmente de manera individual y comparativa.
El objetivo de la evaluación no consiste únicamente en identificar una estenosis carotídea, sino también en reconocer evidencia de enfermedad aterosclerótica sistémica. Sin embargo, la existencia de un soplo carotídeo tiene una relación imperfecta con la gravedad de la estenosis. La evidencia disponible demuestra que la sensibilidad de la auscultación es insuficiente para utilizarla como prueba aislada de exclusión.
Además, la detección de un soplo carotídeo en una persona asintomática no debe interpretarse automáticamente como indicación de intervención. La utilidad de la detección sistemática de estenosis carotídea asintomática en población general es objeto de evaluación específica y no puede sustituirse por una simple auscultación.
Palpación de la aorta abdominal
La palpación abdominal puede formar parte de la exploración vascular cuando existe sospecha de aneurisma de aorta abdominal. El objetivo es identificar una masa pulsátil y valorar aproximadamente sus características. Sin embargo, es fundamental corregir una interpretación frecuente: la palpación no permite determinar con fiabilidad el tamaño, la morfología ni la presencia de todos los aneurismas.
La sensibilidad de la exploración física para detectar un aneurisma de aorta abdominal es limitada y depende considerablemente del diámetro del aneurisma, del hábito corporal del paciente y de las condiciones de la exploración. La evidencia recopilada por la United States Preventive Services Task Force sitúa la sensibilidad de la exploración física aproximadamente entre 39% y 68%, con una especificidad cercana a 75%. En consecuencia, una palpación abdominal normal no permite excluir un aneurisma.
La ecografía abdominal constituye el método de elección para detectar un aneurisma de aorta abdominal en el contexto de cribado porque es no invasiva, no utiliza radiación ionizante y posee una sensibilidad y especificidad muy elevadas. La misma fuente establece una sensibilidad aproximada de 94% a 100% y una especificidad de 98% a 100% para la detección de aneurisma.
Por consiguiente, la palpación de la aorta debe entenderse como una maniobra clínica complementaria y no como una prueba de exclusión. Una masa pulsátil sospechosa debe conducir a una evaluación por imagen, y la ausencia de una masa palpable no elimina la posibilidad de enfermedad aneurismática.
Medición de la presión arterial y comparación entre extremidades
La presión arterial forma parte de la valoración vascular porque permite obtener información sobre el estado hemodinámico general. En determinadas circunstancias también es útil comparar la presión arterial entre ambos brazos. Una diferencia sistólica persistente entre las extremidades superiores puede relacionarse con enfermedad arterial periférica, enfermedad de las arterias subclavias u otras alteraciones vasculares.
Un metaanálisis de datos individuales procedentes de 24 estudios y 53 827 participantes demostró que las diferencias sistólicas entre ambos brazos se asociaban con mayor mortalidad cardiovascular y mortalidad por cualquier causa. Este trabajo propuso 10 mmHg como límite superior de normalidad para la diferencia sistólica entre brazos y concluyó que la presión arterial debe evaluarse en ambos brazos durante la valoración cardiovascular inicial.
La magnitud de la diferencia debe interpretarse cuidadosamente porque puede estar influida por la técnica de medición, la posición del paciente, el intervalo entre mediciones y la utilización de mediciones secuenciales en lugar de simultáneas. Los estudios metodológicos han demostrado que las mediciones secuenciales pueden sobreestimar la prevalencia de diferencias entre brazos.
La comparación de presiones también puede extenderse a las extremidades inferiores mediante el índice tobillo-brazo. Esta prueba posee un significado fisiopatológico diferente de la simple comparación de presión entre ambos brazos, porque relaciona la presión sistólica medida en las arterias del tobillo con la presión sistólica braquial y permite detectar una reducción de la presión arterial distal producida por enfermedad arterial obstructiva.
Índice tobillo-brazo
El índice tobillo-brazo constituye una de las pruebas fisiológicas fundamentales para la evaluación de la enfermedad arterial periférica. Se calcula dividiendo la presión arterial sistólica más elevada obtenida en la arteria dorsal del pie o en la arteria tibial posterior de una extremidad por la presión sistólica braquial más elevada utilizada como referencia.
La interpretación recomendada actualmente clasifica el índice tobillo-brazo como anormal cuando es menor o igual a 0.90, limítrofe entre 0.91 y 0.99, normal entre 1.00 y 1.40 y no compresible cuando es mayor de 1.40. Un valor reducido proporciona evidencia fisiológica objetiva de enfermedad arterial periférica en el contexto clínico apropiado.
Su utilidad deriva de que transforma los hallazgos subjetivos de la exploración física en una medición cuantitativa. En pacientes con síntomas de enfermedad arterial periférica, la sensibilidad del índice tobillo-brazo en comparación con estudios de imagen se encuentra aproximadamente entre 69% y 79%, mientras que su especificidad se encuentra aproximadamente entre 83% y 99%. La sensibilidad puede disminuir en personas con diabetes mellitus y enfermedad renal crónica debido a calcificación arterial y pérdida de la capacidad de compresión de las arterias.
Cuando el índice tobillo-brazo es mayor de 1.40 debido a arterias no compresibles, puede ser necesario utilizar la presión digital o el índice dedo-brazo, además de las ondas Doppler u otras pruebas fisiológicas. Cuando existen síntomas compatibles con enfermedad arterial periférica pero el índice tobillo-brazo en reposo es normal o limítrofe, la prueba de ejercicio puede revelar una alteración hemodinámica que no aparece durante el reposo.
Evaluación de la circulación periférica
La valoración de la perfusión periférica comprende la observación del color, la temperatura, la integridad de la piel, la presencia de edema, el estado de las uñas y el llenado capilar. Estas variables aportan información complementaria acerca de la perfusión tisular, pero su valor diagnóstico no es equivalente al de las pruebas fisiológicas arteriales.
El llenado capilar consiste en ejercer presión sobre un lecho capilar, generalmente en el extremo distal de un dedo, hasta producir palidez y observar posteriormente el tiempo requerido para recuperar la coloración. Aunque es una maniobra sencilla y puede proporcionar información general sobre la perfusión periférica, la evidencia disponible indica que posee una utilidad limitada para establecer el diagnóstico de enfermedad arterial periférica crónica. Estudios clásicos de evaluación clínica encontraron que el tiempo de llenado capilar aportaba poca información diagnóstica en pacientes con enfermedad vascular periférica, mientras que la palpación de los pulsos y otros hallazgos tenían mayor valor.
En determinados contextos críticos, particularmente en pacientes con alteraciones sistémicas de la perfusión, la evaluación del llenado capilar puede ser útil como marcador clínico de perfusión periférica. Una revisión sistemática y metaanálisis sobre perfusión tisular en sepsis encontró una capacidad predictiva moderada de diferentes parámetros clínicos de perfusión. Esto demuestra que el significado del llenado capilar depende del contexto clínico y que no debe utilizarse como equivalente de una prueba específica para enfermedad arterial periférica.
Evaluación venosa
Una exploración vascular completa no debe limitarse al sistema arterial. La enfermedad venosa crónica puede producir edema, varices, alteraciones cutáneas, dolor, pesadez y ulceración. El edema venoso suele adquirir características diferentes de la isquemia arterial y debe analizarse considerando su distribución, relación con la posición, evolución temporal y coexistencia con cambios cutáneos.
La presencia de varices, edema persistente, cambios de coloración o alteraciones cutáneas debe motivar una evaluación dirigida del sistema venoso cuando la historia clínica lo justifique. La ecografía doppler constituye una herramienta fundamental porque permite valorar la anatomía venosa, la permeabilidad, la presencia de trombos y la existencia de reflujo. Las recomendaciones internacionales establecen que la historia clínica y la exploración física deben complementarse con ecografía dúplex en pacientes con varices o enfermedad venosa crónica clínicamente relevante.
Esta distinción es fundamental porque edema, dolor y cambios cutáneos no son sinónimos de enfermedad arterial. La interpretación correcta exige integrar la distribución anatómica, la evolución temporal, los pulsos, la temperatura, la presencia de lesiones y las características del edema.
Integración de los hallazgos
El principal valor de la exploración vascular no reside en un hallazgo aislado, sino en la integración de múltiples elementos. La historia clínica establece la probabilidad previa de enfermedad; la inspección identifica alteraciones tisulares; la palpación determina la presencia y amplitud de los pulsos; la auscultación puede detectar turbulencia arterial; la presión arterial permite valorar diferencias hemodinámicas; y las pruebas fisiológicas permiten objetivar la repercusión de una obstrucción sobre el flujo sanguíneo.
Los estudios de precisión diagnóstica demuestran que la exploración física posee utilidad real, pero también limitaciones. Una revisión sistemática encontró que la presencia de claudicación, un soplo femoral o una alteración de los pulsos aumenta la probabilidad de enfermedad arterial periférica, mientras que determinados hallazgos normales reducen la probabilidad de enfermedad moderada o grave. Sin embargo, ningún componente individual de la exploración permite excluir con seguridad todas las formas de enfermedad arterial.
Esta limitación explica por qué la exploración vascular no debe concebirse como una prueba diagnóstica independiente. Su función principal es orientar la probabilidad clínica, identificar pacientes que necesitan pruebas adicionales, reconocer signos de gravedad y establecer una línea basal para el seguimiento longitudinal. La guía de 2024 establece que una historia clínica o una exploración física sugestiva de enfermedad arterial periférica debe conducir a una evaluación mediante índice tobillo-brazo para establecer el diagnóstico.
Importancia de la exploración vascular en la enfermedad arterial periférica
La enfermedad arterial periférica puede permanecer clínicamente silenciosa o producir síntomas atípicos. Por esta razón, la ausencia de claudicación clásica no elimina la posibilidad de enfermedad. Algunas personas presentan solamente fatiga, debilidad, sensación de pesadez, limitación funcional o síntomas que atribuyen al envejecimiento, a enfermedades musculoesqueléticas o a neuropatía. La valoración sistemática permite reconocer estas presentaciones y evita limitar el diagnóstico exclusivamente al dolor típico durante la marcha.
La exploración adquiere todavía mayor importancia cuando existen factores de riesgo aterosclerótico. El tabaquismo, la diabetes mellitus, la hipertensión arterial, la dislipidemia, la enfermedad renal crónica y la edad avanzada incrementan la probabilidad de enfermedad arterial periférica. La presencia de enfermedad aterosclerótica conocida en otros territorios vasculares también aumenta el riesgo y justifica una valoración vascular cuidadosa.
Una vez diagnosticada la enfermedad arterial periférica, la exploración no deja de ser útil. La reevaluación periódica de los síntomas, los pulsos, la integridad de la piel y las lesiones de los pies permite identificar cambios en el estado vascular y detectar progresión hacia formas más graves de isquemia. La inspección de los pies adquiere particular importancia porque una lesión aparentemente pequeña puede evolucionar desfavorablemente cuando existe una perfusión arterial deficiente.
Reconocimiento de situaciones potencialmente urgentes
La exploración vascular también tiene una función de triaje. Una extremidad que desarrolla súbitamente dolor intenso, palidez, frialdad, alteraciones sensitivas, debilidad motora y ausencia o disminución marcada de los pulsos debe considerarse potencialmente afectada por una reducción arterial aguda del flujo. La presencia combinada de estos hallazgos representa una situación diferente de la enfermedad arterial periférica crónica y requiere una evaluación inmediata. La guía contemporánea distingue explícitamente entre enfermedad arterial periférica asintomática, enfermedad sintomática crónica, isquemia crónica amenazante de la extremidad e isquemia aguda de la extremidad, debido a que sus mecanismos, gravedad y urgencia terapéutica son diferentes.
La detección de una úlcera que no cicatriza, necrosis o gangrena también debe elevar considerablemente la preocupación clínica, especialmente cuando existe dolor en reposo o alteraciones importantes de los pulsos. En estas circunstancias, el objetivo de la exploración deja de ser exclusivamente determinar si existe enfermedad arterial y pasa a establecer rápidamente si existe una amenaza para la viabilidad de la extremidad.
Relación entre exploración física y estudios de imagen
La exploración vascular no sustituye a los estudios de imagen cuando se necesita definir la anatomía arterial o venosa. El objetivo de la exploración clínica es establecer una hipótesis fisiopatológica y determinar qué prueba adicional tiene mayor utilidad.
En la enfermedad arterial periférica, el índice tobillo-brazo constituye habitualmente el punto de partida de la confirmación fisiológica. Las ondas Doppler, las presiones segmentarias, el índice dedo-brazo, la presión de perfusión cutánea y la presión transcutánea de oxígeno pueden aportar información adicional en situaciones seleccionadas. Cuando es necesario definir la anatomía para planificar una revascularización, pueden emplearse ecografía dúplex arterial, angiografía por tomografía computarizada, angiografía por resonancia magnética o angiografía invasiva, dependiendo del contexto clínico.
En el sistema venoso, la ecografía dúplex constituye una herramienta central para determinar la anatomía y la hemodinámica venosa. Por ello, la presencia de signos clínicos compatibles con enfermedad venosa debe conducir a una evaluación apropiada cuando los resultados puedan modificar el diagnóstico o el tratamiento.
Consideraciones fundamentales para interpretar la exploración vascular
La exploración vascular debe entenderse, por tanto, como una evaluación probabilística y anatómica, no como una colección de maniobras independientes. Un pulso ausente tiene un significado diferente en una persona joven sin factores de riesgo que en una persona con diabetes mellitus, tabaquismo y enfermedad coronaria conocida. Del mismo modo, una diferencia de presión entre los brazos debe interpretarse considerando la técnica de medición y su persistencia, y un soplo carotídeo no puede utilizarse para determinar por sí mismo el grado de estenosis.
El principio fundamental consiste en correlacionar anatomía, fisiología y clínica. La anatomía permite localizar aproximadamente una lesión; la fisiología determina si esa lesión altera de manera significativa el flujo; y la clínica establece si esa alteración tiene consecuencias funcionales o amenaza la viabilidad tisular. Cuando estos tres componentes son concordantes, la probabilidad de que el hallazgo represente enfermedad vascular clínicamente relevante aumenta considerablemente.
La exploración vascular correctamente realizada constituye una herramienta esencial para reconocer enfermedad arterial periférica, enfermedad venosa, enfermedad carotídea y aneurismas, pero su valor máximo aparece cuando se utiliza como parte de una estrategia diagnóstica escalonada. La exploración física permite detectar señales de alarma y seleccionar a los pacientes que necesitan pruebas objetivas; las pruebas fisiológicas cuantifican la repercusión hemodinámica; y los estudios de imagen permiten definir la anatomía cuando esta información es necesaria para establecer el tratamiento.
Fuente y lecturas recomendadas:
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Originally posted on 25 de julio de 2023 @ 12:31 AM


