La enfermedad carotídea constituye una manifestación de la enfermedad arterial aterosclerótica en la que las arterias carótidas, particularmente la arteria carótida interna en su origen cervical y la región de la bifurcación carotídea, desarrollan lesiones ateroscleróticas capaces de alterar la luz vascular y, en determinadas circunstancias, producir isquemia retiniana o cerebral. La estenosis carotídea se refiere al estrechamiento de la luz arterial producido por la presencia de una placa aterosclerótica y puede clasificarse mediante métodos de imagen de acuerdo con el grado de reducción luminal. La importancia clínica de esta enfermedad deriva de que una placa carotídea puede actuar como fuente de embolias hacia la circulación cerebral o producir una reducción hemodinámicamente relevante de la perfusión distal. Por esta razón, la enfermedad carotídea representa una causa importante de accidente cerebrovascular isquémico.
La aterosclerosis no debe entenderse simplemente como una acumulación pasiva de grasa dentro de la arteria. Se trata de un proceso inflamatorio crónico de la pared vascular en el que participan lipoproteínas modificadas, células endoteliales, monocitos, macrófagos, células musculares lisas y diferentes componentes de la matriz extracelular. La acumulación progresiva de lípidos y células inflamatorias puede conducir a la formación de una placa con núcleo lipídico y cubierta fibrosa. La evolución de esta lesión puede producir calcificación, remodelación vascular, ulceración de la superficie y formación de trombos. Estos últimos pueden desprenderse y desplazarse hacia vasos intracraneales o hacia la circulación retiniana.
Por consiguiente, el riesgo neurológico asociado con la enfermedad carotídea no depende exclusivamente del grado de estrechamiento. Una estenosis muy importante puede comprometer la reserva hemodinámica cerebral, pero una placa que no produce una obstrucción extrema también puede ser clínicamente peligrosa si presenta características que favorecen la formación de trombos y la embolización. La embolización arteria-arteria constituye uno de los mecanismos fundamentales mediante los cuales una lesión localizada en la bifurcación carotídea o en la arteria carótida interna puede producir isquemia cerebral o retiniana. La disminución crítica del flujo sanguíneo constituye otro mecanismo, especialmente cuando la estenosis es grave y la circulación colateral resulta insuficiente para mantener una perfusión cerebral adecuada.
Enfermedad carotídea asintomática
Una característica importante de la enfermedad carotídea es que puede permanecer clínicamente silenciosa durante largos períodos. El término enfermedad carotídea asintomática se utiliza cuando existe estenosis carotídea sin antecedentes de accidente cerebrovascular isquémico, ataque isquémico transitorio u otros síntomas neurológicos atribuibles al territorio carotídeo afectado. La ausencia de síntomas no significa que la lesión carezca de importancia biológica; significa que, hasta ese momento, no se ha producido un evento neurológico atribuible a dicha arteria.
En la práctica clínica, una estenosis carotídea asintomática puede identificarse durante la realización de estudios vasculares solicitados por otras razones o durante la evaluación de un paciente en quien se detecta un hallazgo físico sugestivo. Sin embargo, es importante realizar una precisión respecto del concepto de detección incidental. La evidencia disponible no respalda la realización indiscriminada de estudios de detección de estenosis carotídea en todos los adultos asintomáticos de la población general, porque los beneficios potenciales de detectar lesiones mediante cribado universal no superan claramente los posibles daños derivados de estudios posteriores y de intervenciones innecesarias.
La enfermedad asintomática ha adquirido además una importancia particular porque el riesgo contemporáneo de accidente cerebrovascular asociado con ella ha disminuido con la evolución del tratamiento médico preventivo, que incluye control de los factores de riesgo cardiovascular, tratamiento hipolipemiante, control de la presión arterial, abandono del tabaquismo y tratamiento antitrombótico cuando está indicado. Esta disminución del riesgo basal ha modificado la interpretación de los resultados de los antiguos ensayos de revascularización y constituye una de las razones por las que actualmente se intenta identificar, dentro del grupo asintomático, qué características clínicas o radiológicas pueden indicar un riesgo particularmente elevado.
El soplo carotídeo
El soplo carotídeo es un fenómeno auscultatorio producido por alteraciones del flujo sanguíneo en la región cervical. Cuando existe una reducción significativa de la luz vascular, la geometría del flujo puede modificarse y producir turbulencia suficiente para generar vibraciones audibles mediante un estetoscopio. Por este motivo, un soplo localizado sobre la región carotídea puede constituir una señal clínica que motive una investigación vascular.
No obstante, el soplo carotídeo no es equivalente a la presencia de una estenosis carotídea significativa. Su ausencia tampoco permite excluir una estenosis importante. Una revisión sistemática que reunió 26 estudios y 15 117 arterias encontró que, para detectar estenosis mayor de 70%, el soplo carotídeo presentó una sensibilidad agrupada de 0.53 y una especificidad agrupada de 0.83. Esto significa que aproximadamente la mitad de las arterias con estenosis clínicamente relevante no necesariamente producen un soplo detectable mediante auscultación.
Esta característica tiene una explicación fisiológica. La intensidad del soplo depende de múltiples factores relacionados con la dinámica del flujo sanguíneo y no únicamente del porcentaje de reducción del diámetro arterial. Una estenosis muy grave puede producir una disminución marcada del flujo a través del segmento afectado y, paradójicamente, no generar un soplo intenso. Por tanto, la auscultación constituye una herramienta clínica orientadora, pero no permite establecer por sí sola la presencia, localización o gravedad de una estenosis carotídea.
Ecografía Doppler carotídea
Cuando existe una indicación clínica para estudiar las arterias carótidas, la ecografía Doppler constituye una de las principales técnicas de evaluación no invasiva. El estudio combina información anatómica obtenida mediante ecografía en escala de grises con información hemodinámica obtenida mediante Doppler color y Doppler espectral. De esta manera, permite visualizar la presencia de placa y, simultáneamente, estudiar las modificaciones de la velocidad y de las características del flujo producidas por el estrechamiento arterial.
La relación entre la estenosis anatómica y la velocidad sanguínea se explica por la conservación de la masa. Cuando el área transversal de una región vascular disminuye de manera importante, la velocidad del flujo puede aumentar dentro del segmento estenótico. Por esta razón, la velocidad sistólica máxima en la arteria carótida interna constituye uno de los parámetros utilizados para estimar la gravedad de la estenosis. La interpretación adecuada, sin embargo, requiere integrar la velocidad con la presencia de placa, las características de la luz arterial, el Doppler color y, cuando es necesario, otros parámetros hemodinámicos.
Los criterios consensuados para la ecografía Doppler permiten diferenciar ausencia de estenosis, estenosis menor de 50%, estenosis de 50% a 69%, estenosis de 70% hasta casi oclusión, casi oclusión y oclusión completa. Para una arteria carótida interna normal se ha propuesto una velocidad sistólica máxima inferior a 125 cm/s en ausencia de placa o engrosamiento íntimo. En una estenosis menor de 50%, la velocidad sistólica máxima permanece por debajo de 125 cm/s pero existe placa o engrosamiento íntimo. En una estenosis de 50% a 69%, la velocidad sistólica máxima suele encontrarse entre 125 y 230 cm/s acompañada de placa visible. En las estenosis de 70% hasta casi oclusión, la velocidad sistólica máxima suele superar 230 cm/s, con reducción visible de la luz y presencia de placa.
Estos valores no deben interpretarse como números absolutos independientes del contexto. Los estudios de validación han demostrado que el rendimiento diagnóstico de la ecografía Doppler puede variar entre laboratorios y equipos, debido a diferencias técnicas, características de los pacientes, metodología de adquisición e interpretación de las imágenes. Una revisión sistemática encontró que diferentes puntos de corte de velocidad presentan variaciones relevantes en sensibilidad y especificidad, por lo que las decisiones clínicas importantes pueden requerir confirmación mediante otras modalidades de imagen cuando existe discordancia entre los hallazgos clínicos y ecográficos.
Manifestaciones de la enfermedad carotídea sintomática
La enfermedad carotídea se considera sintomática cuando la estenosis se relaciona con un evento isquémico cerebral o retiniano en el territorio correspondiente. Los síntomas dependen de qué estructura vascular resulte afectada y de qué región del sistema nervioso reciba su irrigación a través de la circulación comprometida. Las manifestaciones pueden ser transitorias o persistentes.
Una de las manifestaciones clásicas es la pérdida visual monocular transitoria, conocida como amaurosis fugaz. En este fenómeno, el paciente experimenta una pérdida parcial o completa de la visión de un solo ojo que posteriormente se recupera. La explicación fisiopatológica más frecuente es una isquemia transitoria de la retina producida por material embólico procedente de la circulación carotídea. También puede intervenir un mecanismo hemodinámico cuando una estenosis carotídea grave reduce suficientemente la perfusión ocular.
La retina recibe su irrigación fundamentalmente a través de la arteria central de la retina y de la circulación ciliar, y estas estructuras se encuentran conectadas anatómicamente con el sistema arterial derivado de la arteria carótida interna. Por ello, un fragmento trombótico o embólico originado en una placa carotídea puede alcanzar la circulación oftálmica y producir una interrupción temporal del flujo retiniano. La recuperación de la visión ocurre cuando el émbolo se fragmenta, migra o se restablece espontáneamente la perfusión.
La pérdida visual monocular transitoria es especialmente importante porque no debe considerarse un trastorno oftalmológico aislado cuando existe sospecha de origen vascular. Puede representar un evento isquémico transitorio del territorio carotídeo y requiere una evaluación urgente para identificar la fuente vascular y prevenir un accidente cerebrovascular posterior.
Otra manifestación característica es la aparición súbita de debilidad o pérdida de sensibilidad en el lado contralateral del cuerpo. La explicación se encuentra en la organización anatómica de las vías motoras y sensitivas. La arteria carótida interna contribuye a la irrigación de los hemisferios cerebrales mediante sus ramas intracraneales, incluyendo la circulación anterior cerebral y la circulación media cerebral. Una lesión isquémica del hemisferio cerebral puede comprometer áreas motoras o sensitivas que controlan predominantemente el lado opuesto del cuerpo.
Por ello, una estenosis sintomática de la arteria carótida interna derecha puede asociarse con debilidad o alteraciones sensitivas predominantemente izquierdas, mientras que una lesión carotídea izquierda puede producir manifestaciones predominantemente derechas. La intensidad y distribución de los síntomas dependen de la localización exacta de la isquemia, de la extensión del tejido comprometido y de la circulación colateral.
Las parestesias, descritas por los pacientes como hormigueo, sensación de corriente, adormecimiento o alteración de la sensibilidad, pueden acompañar o sustituir a la debilidad. La aparición súbita de un déficit motor o sensitivo focal, especialmente cuando se combina con alteraciones del lenguaje, constituye una manifestación neurológica de alta relevancia y requiere evaluación inmediata.
Alteraciones del lenguaje y lateralización cerebral
Aunque no se incluyeron en el texto original, las alteraciones del lenguaje son particularmente relevantes cuando la enfermedad carotídea afecta el hemisferio dominante. La isquemia de regiones corticales irrigadas por la circulación cerebral anterior puede producir dificultad para producir o comprender el lenguaje, alteraciones de la denominación, repetición o lectura. En la mayoría de las personas, las redes neuronales relacionadas con el lenguaje se encuentran predominantemente en el hemisferio izquierdo, aunque existe variabilidad individual.
Esta relación entre lateralización cerebral y síntomas neurológicos permite comprender por qué una misma alteración vascular puede producir manifestaciones diferentes dependiendo del lado afectado. Una lesión hemisférica dominante puede producir trastornos del lenguaje, mientras que una lesión hemisférica no dominante puede asociarse con alteraciones visuoespaciales o de la atención. La exploración neurológica, por tanto, permite utilizar la distribución de los síntomas como una herramienta para localizar anatómicamente el territorio vascular comprometido.
La disfagia y su relación con la enfermedad carotídea
La disfagia requiere una consideración especial porque la afirmación de que constituye una manifestación característica de una isquemia carotídea no es completamente correcta. La deglución depende de una red neurológica distribuida que incluye estructuras corticales, subcorticales y del tronco encefálico, además de múltiples pares craneales y circuitos motores coordinados.
Una alteración de la deglución puede aparecer después de determinados accidentes cerebrovasculares, especialmente cuando existe afectación de regiones corticales extensas, estructuras subcorticales o el tronco encefálico. Sin embargo, una disfagia aislada no constituye una manifestación típica que permita atribuir directamente un evento isquémico a una estenosis carotídea. Las lesiones carotídeas extracraneales producen con mayor frecuencia síntomas retinianos o déficits hemisféricos focales, como pérdida visual monocular, debilidad contralateral, alteración sensitiva contralateral o trastornos del lenguaje cuando está afectado el hemisferio dominante.
Por ello, en un texto académico conviene presentar la disfagia como una posible manifestación neurológica de determinados accidentes cerebrovasculares, pero no como uno de los signos característicos de la estenosis carotídea sintomática. Esta distinción es importante porque evita establecer una relación causal demasiado directa entre un síntoma inespecífico y una determinada lesión vascular.
Ataque isquémico transitorio
El ataque isquémico transitorio representa un episodio breve de disfunción neurológica producido por isquemia focal del cerebro, de la médula espinal o de la retina sin evidencia de infarto agudo del tejido correspondiente. Esta definición es fundamental porque modifica el concepto tradicional basado exclusivamente en la duración de los síntomas.
Durante décadas se utilizó una definición temporal según la cual un ataque isquémico transitorio correspondía a un déficit neurológico que desaparecía completamente antes de 24 horas. El desarrollo de la resonancia magnética, especialmente de las secuencias sensibles a la difusión, demostró que algunos pacientes cuyos síntomas desaparecían rápidamente presentaban lesiones cerebrales isquémicas. Por esta razón, la definición moderna dejó de utilizar las 24 horas como criterio absoluto y adoptó un concepto basado en la presencia o ausencia de lesión tisular.
En consecuencia, un paciente cuyos síntomas desaparecen después de varias horas pero presenta una lesión compatible con infarto cerebral debe considerarse como un paciente con accidente cerebrovascular isquémico, aunque los síntomas hayan desaparecido completamente. Por el contrario, un episodio neurológico transitorio sin evidencia de infarto agudo puede clasificarse como ataque isquémico transitorio.
Esta distinción tiene importancia pronóstica. El ataque isquémico transitorio no constituye simplemente un episodio benigno que terminó cuando desaparecieron los síntomas. Representa una señal de que existe una fuente potencial de embolización o una alteración vascular capaz de producir isquemia cerebral. Una declaración científica de 2023 estima que el riesgo acumulado de accidente cerebrovascular durante los primeros 90 días después de un ataque isquémico transitorio se encuentra aproximadamente entre 10% y 18% en diferentes series, lo que justifica una evaluación rápida y sistemática.
¿Por qué los síntomas desaparecen?
La desaparición espontánea de los síntomas puede producirse cuando la interrupción del flujo sanguíneo es breve y no alcanza a producir una lesión tisular permanente. En un mecanismo embólico, por ejemplo, un pequeño fragmento de material trombótico puede ocluir temporalmente una arteria y posteriormente fragmentarse, desplazarse distalmente o ser lisado, permitiendo la restauración de la circulación. En otros casos, la circulación colateral puede mantener la perfusión suficiente para evitar la muerte neuronal permanente.
La reversibilidad clínica, sin embargo, no implica necesariamente ausencia absoluta de lesión. Precisamente por este motivo, la evaluación mediante neuroimagen resulta fundamental. Una resonancia magnética con secuencias de difusión puede demostrar lesiones isquémicas que no necesariamente se manifiestan como un déficit neurológico persistente.
Diferencia entre ataque isquémico transitorio y accidente cerebrovascular isquémico
La diferencia fundamental entre ambos procesos no consiste actualmente en que uno dure menos de 24 horas y el otro más de 24 horas. El criterio moderno se basa en la existencia de lesión isquémica del tejido nervioso. Un accidente cerebrovascular isquémico implica infarto del sistema nervioso central producido por isquemia, mientras que un ataque isquémico transitorio corresponde a una disfunción neurológica transitoria causada por isquemia focal sin infarto agudo demostrado.
Esto explica por qué el tiempo de duración de los síntomas ya no puede utilizarse como frontera absoluta. Un déficit que dura solamente unos minutos puede acompañarse de una lesión isquémica visible en la resonancia magnética y, por tanto, ser clasificado como accidente cerebrovascular. De manera inversa, un déficit que dura varias horas puede desaparecer completamente sin producir evidencia de infarto y cumplir los criterios de ataque isquémico transitorio.
La consecuencia clínica de esta concepción es que la desaparición de los síntomas no elimina la urgencia. Un episodio neurológico transitorio puede ser el primer signo de una enfermedad carotídea sintomática y el período inmediatamente posterior al evento representa una etapa de riesgo elevado para recurrencia.
Relación entre ataque isquémico transitorio y enfermedad carotídea
Cuando un ataque isquémico transitorio se produce en un territorio compatible con una estenosis carotídea, debe investigarse la posibilidad de que la placa carotídea sea la fuente del evento. Esta evaluación incluye el estudio de las arterias cervicales y, según las circunstancias clínicas, la evaluación de la circulación intracraneal y de posibles fuentes cardioembólicas.
La importancia de identificar una estenosis carotídea sintomática radica en que la prevención secundaria puede modificar sustancialmente el riesgo futuro de eventos cerebrovasculares. Las recomendaciones contemporáneas distinguen entre pacientes con enfermedad sintomática y pacientes con enfermedad asintomática, y también consideran el grado de estenosis, la edad, las características anatómicas, el riesgo operatorio y las características de la placa.
En pacientes seleccionados con estenosis carotídea sintomática importante, la evidencia disponible respalda la consideración de revascularización carotídea, particularmente mediante endarterectomía carotídea. Las recomendaciones europeas señalan que, cuando está indicada en pacientes con estenosis sintomática de 50% a 99%, la intervención debe realizarse precozmente, idealmente dentro de las primeras 2 semanas posteriores al último evento isquémico retiniano o cerebral, porque el riesgo de recurrencia es particularmente relevante durante ese período.
Esto permite comprender por qué un ataque isquémico transitorio debe considerarse una advertencia vascular de importancia. No se trata solamente de un episodio que desaparece espontáneamente, sino de una manifestación que puede revelar una lesión arterial activa capaz de producir nuevos fenómenos embólicos. La identificación temprana de la enfermedad carotídea permite determinar la causa del evento y establecer estrategias de prevención secundaria apropiadas.
Integración fisiopatológica
La secuencia fisiopatológica puede resumirse de la siguiente manera. La aterosclerosis comienza con alteraciones de la pared arterial y acumulación progresiva de componentes lipídicos e inflamatorios. La progresión de la placa puede reducir la luz de la arteria y modificar el flujo sanguíneo. Una placa susceptible de ruptura o erosión puede favorecer la formación de trombos. Una parte de este material puede desprenderse y desplazarse hacia la circulación retiniana o cerebral. Si la oclusión es breve y no produce infarto tisular, puede aparecer un ataque isquémico transitorio. Si la isquemia persiste suficientemente para producir muerte celular e infarto, se desarrolla un accidente cerebrovascular isquémico.
La otra posibilidad consiste en que una estenosis grave reduzca de manera crítica la presión de perfusión distal. En condiciones normales, los mecanismos de autorregulación cerebral y la circulación colateral permiten mantener relativamente estable el flujo sanguíneo cerebral frente a variaciones moderadas de la presión de perfusión. Cuando la estenosis se vuelve suficientemente grave, estos mecanismos pueden alcanzar sus límites funcionales. En ese contexto, una disminución adicional de la presión arterial, un cambio hemodinámico o una reducción transitoria del flujo puede provocar isquemia cerebral.
De esta manera, la enfermedad carotídea debe comprenderse como una interacción entre anatomía vascular, composición y estabilidad de la placa, trombogenicidad, embolización, circulación colateral y capacidad de autorregulación cerebral. El porcentaje de estenosis constituye una variable fundamental, pero no representa por sí solo toda la biología de la enfermedad.
Fuente y lecturas recomendadas:
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Originally posted on 25 de julio de 2023 @ 12:17 AM


