Centros autónomos del sistema nervioso central
Centros autónomos del sistema nervioso central

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Los centros autónomos del sistema nervioso central se extienden desde el diencéfalo hasta la porción inferior de la médula espinal. Se localizan principalmente en la proximidad del conducto central y están formados por neuronas con características histológicas específicas que permiten su identificación. Estos centros regulan de manera involuntaria las funciones viscerales esenciales para el mantenimiento de la homeostasis.


Centros autónomos del encéfalo

Los centros autónomos del encéfalo se localizan de manera predominante en el hipotálamo y en el tálamo debido a que estas estructuras ocupan una posición estratégica dentro del encéfalo, tanto desde el punto de vista anatómico como funcional. Su ubicación les permite integrar información procedente del medio interno y del medio externo, y coordinar respuestas viscerales, endocrinas y conductuales necesarias para la supervivencia y el mantenimiento del equilibrio interno del organismo.

El hipotálamo constituye el principal centro de control del sistema nervioso autónomo. Su importancia radica en su íntima relación con el sistema endocrino, el sistema límbico y el tronco encefálico, lo que le permite actuar como un verdadero integrador neurovegetativo. Anatómicamente, sus núcleos se disponen alrededor del tercer ventrículo, lo que facilita la comunicación con el líquido cefalorraquídeo y con otras estructuras diencefálicas. La organización del hipotálamo en regiones periventricular, medial y lateral refleja una especialización funcional. La zona periventricular participa de manera destacada en la regulación neuroendocrina y en los mecanismos de retroalimentación hormonal. La zona medial, considerada la más relevante, alberga núcleos esenciales para el control de funciones vitales como la temperatura corporal, el balance hídrico, la conducta alimentaria, la actividad sexual y la regulación de los ritmos biológicos. Núcleos como el supraóptico y el mamilar desempeñan un papel central en la integración de respuestas viscerales con comportamientos motivados y procesos endocrinos. Por su parte, la zona lateral, en relación directa con el tracto óptico, participa en la regulación del estado de alerta, la conducta alimentaria y las respuestas autonómicas asociadas a estímulos sensoriales.

El tálamo, aunque tradicionalmente considerado una estación de relevo sensitivo, también alberga centros con función autónoma. Los núcleos vegetativos del tálamo, en particular el núcleo mediano, actúan como un puente funcional entre las estructuras subcorticales y la corteza cerebral. Su disposición permite la transmisión e integración de información visceral hacia niveles superiores del sistema nervioso, facilitando la percepción consciente de ciertas sensaciones viscerales y la modulación cortical de las respuestas autónomas. La continuidad anatómica de estos núcleos con la región subtalámica, así como su proyección hacia la comisura posterior y la glándula pineal, subraya su participación en la regulación de funciones relacionadas con los ritmos circadianos, las respuestas emocionales y la homeostasis general. La presencia de células vegetativas en regiones subtalámicas posteriores y sublenticular refuerza el papel del tálamo como integrador de la actividad autónoma.

Los centros corticales relacionados con la función autónoma representan un nivel superior de control, cuya existencia y delimitación anatómica han sido motivo de debate. Sin embargo, la experiencia consciente del dolor visceral y la expresión somática de las emociones, como el llanto, evidencian la participación de la corteza cerebral en la regulación autonómica. Estas funciones se asocian principalmente al giro del cíngulo, una estructura clave del lóbulo límbico, estrechamente vinculada con la corteza frontal. Esta localización permite integrar las emociones, la motivación y los procesos cognitivos con las respuestas viscerales, otorgando al sistema nervioso autónomo un componente consciente y modulable. De este modo, la corteza no genera directamente respuestas vegetativas, pero influye de manera decisiva sobre los centros subcorticales, modulando su actividad en función del contexto emocional y conductual.


Centros parasimpáticos del tronco encefálico

Los centros parasimpáticos del tronco encefálico constituyen una parte fundamental del sistema nervioso parasimpático y desempeñan un papel decisivo en la regulación involuntaria de las funciones viscerales. A través de ellos se controla la actividad del músculo liso y de las glándulas situadas en la cabeza, el cuello, el tórax y gran parte del abdomen, hasta el nivel de la flexura cólica izquierda. Más allá de este límite anatómico, la inervación parasimpática depende de los centros ubicados en la médula sacra. La localización de estos núcleos en el tronco encefálico permite una integración directa entre los mecanismos reflejos viscerales y las funciones vitales básicas, como la respiración, la circulación y la digestión.

El núcleo dorsal del nervio vago representa el principal centro parasimpático del tronco encefálico. Su extensa distribución, desde la unión entre el bulbo raquídeo y el puente hasta la decusación de las pirámides, refleja la amplitud de las funciones que regula. Situado en el piso del cuarto ventrículo, en estrecha relación con el núcleo del nervio hipogloso, este núcleo constituye el origen de la mayor parte de las fibras parasimpáticas que se dirigen a las vísceras torácicas y abdominales. A través del nervio vago, modula la actividad cardíaca, respiratoria y digestiva, así como la secreción de las glándulas anexas del tubo digestivo, asegurando el adecuado funcionamiento de estos sistemas en condiciones de reposo y recuperación energética.

El núcleo salival inferior participa de manera específica en el control de la secreción de la glándula parótida. Su posición en continuidad con el núcleo salival superior refleja una organización funcional coordinada de los centros secretores del tronco encefálico. Las fibras que se originan en este núcleo siguen un trayecto complejo a través del nervio glosofaríngeo y sus ramas, alcanzando finalmente el ganglio ótico, donde se establece la sinapsis parasimpática. Desde allí, las fibras posganglionares llegan a la glándula parótida, regulando la producción de saliva y contribuyendo a los procesos digestivos iniciales.

El núcleo salival superior, localizado en el tegmento del puente, controla la secreción de las glándulas submandibular y sublingual. Sus fibras acompañan inicialmente al nervio facial y luego se redistribuyen a través de la cuerda del tímpano y el nervio lingual, lo que permite una inervación precisa de estas glándulas. Este núcleo cumple una función esencial en la lubricación de la cavidad oral, la formación del bolo alimenticio y el mantenimiento de la salud bucal.

El núcleo lagrimal, situado en estrecha proximidad al núcleo salival superior, se encarga de la inervación parasimpática de la glándula lagrimal y de las glándulas de la mucosa nasal. El recorrido de sus fibras pone de manifiesto la compleja interacción entre los sistemas parasimpático y simpático, ya que el nervio petroso mayor se une al nervio petroso profundo para formar el nervio del conducto pterigoideo. A través del ganglio pterigopalatino, las fibras posganglionares alcanzan la glándula lagrimal, permitiendo la secreción lagrimal, fundamental para la protección y nutrición de la superficie ocular, así como para la respuesta emocional.

El núcleo visceral del nervio oculomotor, ubicado en la porción superior del mesencéfalo, regula funciones parasimpáticas relacionadas con la visión. Sus fibras, que acompañan al nervio oculomotor hasta el ganglio ciliar, controlan la contracción del esfínter de la pupila y del músculo ciliar. De este modo, este núcleo participa en la acomodación visual y en la regulación del diámetro pupilar, adaptando el ojo a las variaciones de la intensidad luminosa y a la visión cercana.


Centros autónomos de la médula espinal

Los centros autónomos de la médula espinal constituyen un componente esencial del sistema nervioso autónomo y participan de manera directa en el control de las funciones viscerales involuntarias. Estos centros pueden pertenecer tanto al sistema nervioso simpático como al parasimpático, y sus neuronas de origen se localizan de forma característica en el asta lateral de la médula espinal, también denominada asta intermediolateral. Esta disposición anatómica les permite establecer conexiones eficientes con las neuronas motoras y sensitivas, facilitando la integración de respuestas reflejas viscerales.

En la médula espinal, los centros vegetativos se distribuyen principalmente en dos grandes territorios segmentarios. El primero se extiende desde los segmentos cervicales inferiores hasta los segmentos lumbares superiores, aproximadamente entre C8 y L2, y corresponde al sector central del sistema nervioso simpático. Esta amplia extensión refleja la diversidad de funciones reguladas por el simpático, que incluye la modulación del tono vascular, la actividad cardíaca, la ventilación pulmonar y la motilidad y secreción de las vísceras abdominales. Los segmentos cervical, torácico y lumbar actúan de manera coordinada para generar respuestas adaptativas frente a situaciones de estrés o aumento de la demanda funcional del organismo.

El segundo territorio vegetativo se localiza en la médula sacra, entre los segmentos S1 y S4, y representa el componente central del sistema nervioso parasimpático. A diferencia del simpático, este sistema se especializa en la regulación de funciones relacionadas con el reposo, la conservación de energía y la actividad de las vísceras pelvianas, como la vejiga urinaria, el recto y los órganos reproductores. La localización sacra de estos centros facilita la coordinación de reflejos viscerales complejos, como la micción, la defecación y ciertas respuestas sexuales.

Desde el punto de vista funcional, en los centros autónomos medulares se distinguen dos componentes. Una porción anterior, de carácter visceromotor, contiene las neuronas que originan las fibras eferentes destinadas a los ganglios autónomos. Una porción posterior, de naturaleza viscerosensitiva, recibe información aferente procedente de las vísceras, lo que permite la regulación refleja de la actividad autónoma. Las columnas del asta lateral presentan prolongaciones variables hacia las astas ventral y dorsal, según el nivel medular, lo que evidencia la estrecha interrelación entre los sistemas somático y vegetativo.

Dentro de estos centros, algunos poseen una relevancia funcional particular. El centro cilioespinal de Budge, situado entre los segmentos C8 y T2, es responsable de la inervación simpática del músculo dilatador de la pupila y participa en los mecanismos de adaptación visual. Entre los segmentos T3 y T5 se localizan centros que intervienen en la regulación de la actividad respiratoria, contribuyendo al ajuste del tono bronquial y vascular pulmonar. Por su parte, los centros esplácnicos abdominales, ubicados entre T6 y T12, controlan de manera predominante la función de las vísceras abdominales, influyendo sobre la motilidad, la secreción y el flujo sanguíneo del aparato digestivo.

En la médula sacra, la prolongación del asta lateral da origen a los centros parasimpáticos encargados de la inervación de las vísceras pelvianas. Estos centros desempeñan un papel fundamental en el mantenimiento de la homeostasis visceral y en la ejecución de reflejos autonómicos indispensables para la vida cotidiana.

 

 

 

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Fuente y lecturas recomendadas:
  1. Latarjet, M., Ruiz Liard, A., & Pró, E. (2019). Anatomía humana (5.ª ed., Vols. 1–2). Médica Panamericana.
    ISBN: 9789500695923
  2. Dalley II, A. F., & Agur, A. M. R. (2022). Moore: Anatomía con orientación clínica (9.ª ed.). Wolters Kluwer (Lippincott Williams & Wilkins).
    ISBN: 9781975154120
  3. Standring, S. (Ed.). (2020). Gray’s anatomy: The anatomical basis of clinical practice (42.ª ed.). Elsevier.
    ISBN: 9780702077050
  4. Netter, F. H. (2023). Atlas de anatomía humana (8.ª ed.). Elsevier.
    ISBN: 9780323793745
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