Artrocentésis evacuadora de rodilla
Artrocentésis evacuadora de rodilla

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La artrocentésis evacuadora de rodilla constituye un procedimiento médico cuyo propósito principal es intervenir sobre el contenido líquido de la articulación femorotibial mediante punción y aspiración. Esta técnica no solo se limita a la evacuación de líquido sinovial acumulado, sino que también tiene un valor diagnóstico y terapéutico significativo. La práctica de la artrocentesis se basa en principios de esterilidad rigurosa y requiere personal entrenado, ya que cualquier contaminación puede desencadenar complicaciones graves como infecciones articulares.

Desde el punto de vista clínico y anatómico, la técnica consiste en introducir una aguja estéril dentro de la articulación de la rodilla, atravesando la cápsula sinovial, con el objetivo de extraer líquido intraarticular. Este líquido, conocido como líquido sinovial, tiene propiedades viscosas y sirve como lubricante de la articulación, pero en condiciones patológicas puede acumularse en exceso, generando derrame articular o inflamación marcada. La aspiración permite tanto el análisis del líquido como su evacuación para mejorar los síntomas.

Los objetivos de la artrocentésis evacuadora son múltiples:

  1. Diagnóstico: Al analizar el líquido sinovial obtenido, es posible diferenciar entre diversas patologías articulares. Por ejemplo, la presencia de leucocitos elevados y bacterias puede indicar artritis séptica, mientras que alteraciones en la composición química o cristalina pueden orientar hacia artritis gotosa, traumática o reactiva. De igual manera, algunas enfermedades autoinmunes del colágeno, como la artritis reumatoide, presentan patrones específicos de células y proteínas en el líquido sinovial.
  2. Alivio sintomático: La acumulación de líquido provoca distensión capsular, dolor y limitación funcional de la rodilla. La evacuación del líquido disminuye la presión intraarticular, lo que conlleva reducción del dolor, mejora del rango de movimiento y mayor comodidad para el paciente.
  3. Terapéutico: En determinadas situaciones, después de la evacuación, se puede inyectar un fármaco directamente en la articulación, como corticosteroides para disminuir la inflamación, anestésicos locales para analgesia o agentes específicos según la patología.


Indicaciones

  • Derrame articular significativo: Cuando la rodilla presenta acumulación de líquido que provoca dolor o limitación de la función. La aspiración se realiza para reducir estos síntomas y mejorar la movilidad.
  • Evaluación diagnóstica en artritis: En pacientes con signos de inflamación, el análisis del líquido intraarticular permite distinguir entre causas infecciosas, traumáticas, reactivas o autoinmunes, orientando así el tratamiento específico.
  • Aplicación de tratamiento intraarticular: Cuando se requiere infiltrar fármacos directamente en la articulación para controlar la inflamación o el dolor de manera localizada.


Preparación

Antes de realizar la artrocentesis, es esencial evaluar tanto al paciente como el entorno, garantizando condiciones de seguridad y esterilidad.

  • Precauciones y contraindicaciones relativas:
    • Presencia de infección cutánea sobre la zona de punción, ya que aumenta el riesgo de artritis séptica.
    • Bacteriemia activa, que puede diseminar microorganismos hacia la articulación.
    • Trastornos de coagulación, que pueden requerir corrección con factores de coagulación o plaquetas antes de la intervención.
    • Fracturas periarticulares, que dificultan el acceso seguro al espacio articular.
  • Lugar adecuado: La técnica se realiza en un box preparado para procedimientos con sedoanalgesia, lo que asegura control del dolor y la ansiedad del paciente.
  • Materiales necesarios:
    • Paños y gasas estériles.
    • Agujas de diferentes calibres (18–25 G) según la viscosidad del líquido y el tamaño del paciente.
    • Jeringas estériles de 3 a 20 mililitros.
    • Antisépticos para la piel.
    • Tubos estériles para recogida de muestras.
    • Anestésicos locales, como lidocaína al 1 % o crema EMLA®.
    • Apósito adhesivo para cubrir el sitio tras la punción.
    • Medicación y equipos necesarios para sedoanalgesia si se considera apropiada (óxido nitroso, midazolam, ketamina).
  • Preparación del personal:
    • Lavado riguroso de manos con jabón o solución hidroalcohólica.
    • Colocación de guantes estériles y mantenimiento de técnicas asépticas durante todo el procedimiento.
  • Preparación del paciente:
    • Valoración de la necesidad de sedoanalgesia para minimizar dolor y ansiedad.
    • Colocación de campo estéril alrededor de la rodilla.
    • Información clara al paciente sobre el procedimiento, riesgos y expectativas.

 

Técnica

El procedimiento de artrocentesis evacuadora de la rodilla en situaciones donde se dispone de ecografía articular, el procedimiento puede ser guiado por imágenes, lo que permite identificar el punto exacto donde se acumula mayor cantidad de líquido sinovial, aumentando la eficacia y reduciendo riesgos de daño articular.

Posición y preparación del paciente: El paciente se coloca en decúbito supino, es decir, acostado boca arriba, con la rodilla lo más extendida posible. La extensión de la articulación facilita el acceso al espacio articular y minimiza la tensión sobre la cápsula y ligamentos.

El sitio de punción recomendado es la región lateral externa de la rodilla, justo por detrás de la porción medial de la rótula. Esta localización permite acceder al espacio articular sin lesionar estructuras importantes como vasos o nervios. Antes de la punción, se aplica antiséptico localde manera circular sobre la zona, para reducir el riesgo de infección. Adicionalmente, se puede aplicar crema anestésica tópica EMLA® 30 a 60 minutos antes del procedimiento, con el fin de disminuir el dolor en la piel y tejidos subcutáneos.

Durante el procedimiento, un ayudante sostendrá tanto el muslo como la pierna de la extremidad a puncionar, asegurando estabilidad y evitando movimientos bruscos que puedan complicar la inserción de la aguja.

Anestesia local: Se administra anestesia local infiltrando lidocaína al 1 % sin adrenalina en la piel y tejido subcutáneo con una aguja fina de 23 a 25 G. Esto proporciona analgesia suficiente para que el procedimiento sea tolerable, especialmente en niños.

Inserción de la aguja y aspiración del líquido: La rótula se sujeta con una mano para guiar la inserción de la aguja. Con la otra mano se introduce la aguja de 18 a 22 G, inclinada aproximadamente 15 a 20 grados sobre el plano de la piel, dirigida ligeramente hacia atrás y hacia abajo, para penetrar en la cavidad articular. La aguja se conecta a una jeringa de 5, 10 o 20 mililitros.

Se comienza a aspirar mientras se avanza la aguja, pudiendo moverla con cuidado dentro de la articulación para obtener la mayor cantidad posible de líquido y evitar dañar la membrana sinovial. Para fines diagnósticos, generalmente se extraen entre 5 y 10 mililitros de líquido. Si el derrame es abundante y genera dolor significativo, se puede evacuar mayor volumen para aliviar la presión intraarticular.

Al finalizar la aspiración, se retira la aguja y se coloca una gasa estéril, seguida de un apósito adhesivo. Si es posible, se inmoviliza temporalmente la articulación para proteger el sitio de punción.


Seguimiento

Después del procedimiento, el paciente se mantiene en el box adecuado hasta recuperar completamente los efectos de la sedoanalgesia, si se utilizó. Es importante mantener la asepsia local y que personal entrenado supervise la recuperación, especialmente en el manejo de la vía aérea. Una vez que la sedación desaparece, no se requiere supervisión especializada adicional.

Los cuidados posteriores incluyen:

  • Mantener limpia la zona de punción.
  • Evitar actividades intensas con la extremidad intervenida durante las primeras horas.


Complicaciones

El procedimiento puede no ser exitoso por varias razones:

  • Ausencia de suficiente líquido intraarticular, lo que impide aspirar volumen significativo.
  • Obstrucción de la aguja por tejidos intermedios, que puede resolverse rotando la aguja cuidadosamente.
  • Incorrecta ubicación de la aguja, es decir, que no se haya introducido en la cavidad articular; esto se corrige retirando ligeramente la aguja y cambiando el ángulo de inserción.

Aunque infrecuentes, se deben considerar las siguientes complicaciones:

  • Infección del espacio articular o del hueso adyacente.
  • Sangrado intraarticular debido a lesión de vasos.
  • Lesión del cartílago por manipulación incorrecta de la aguja.

La técnica, por su carácter mínimamente invasivo, sigue siendo segura cuando se realiza de manera adecuada y permite obtener información diagnóstica valiosa, aliviar el dolor y aplicar tratamientos intraarticulares específicos.

 

 

 

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Fuente y lecturas recomendadas:
  1. Benito Fernández, F. J., & Mintegi Raso, S. (2024). Urgencias pediátricas. Guía de actuación (3.ª ed.). Editorial Médica Panamericana.
  2. Casado Flores, J., & Serrano González, A. (Eds.). (2012). Urgencias y emergencias pediátricas (2 tomos). Editorial Océano / Ergon.
  3. Cydulka, R. K., et al. (Eds.). (2018). Manual de medicina de urgencias de Tintinalli (8.ª ed.). McGraw‑Hill.
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