La espermatogénesis es un proceso biológico altamente especializado y continuo mediante el cual las células germinales masculinas se diferencian y maduran hasta formar espermatozoides funcionales. Este fenómeno ocurre en el epitelio seminífero de los testículos y depende de una regulación precisa que integra factores hormonales, celulares, metabólicos y ambientales. Debido a esta complejidad, las células espermatógenas presentan una notable vulnerabilidad frente a diversos agentes nocivos, lo que explica por qué múltiples factores pueden alterar de manera significativa la producción espermática.
Uno de los principales motivos de esta sensibilidad es la intensa actividad proliferativa y de diferenciación que caracteriza a las células germinales. Durante la espermatogénesis, estas células atraviesan numerosas divisiones celulares y procesos de remodelación estructural profunda, incluyendo cambios en el núcleo y en el material genético. Esta dinámica constante incrementa la probabilidad de que agentes físicos, químicos o biológicos interfieran con los mecanismos de control del ciclo celular y de reparación del material hereditario. Cuando dichos mecanismos se ven superados, se activan vías de muerte celular programada, conocidas como apoptosis, con el fin de evitar la propagación de células dañadas.
El microambiente testicular es esencial para el desarrollo normal de las células espermatógenas. Las células de sostén, especialmente las células de Sertoli, proporcionan soporte estructural, nutricional y regulador. Factores externos como toxinas ambientales, fármacos, radiaciones ionizantes, temperaturas elevadas o alteraciones hormonales pueden comprometer esta relación de soporte. Como consecuencia, se debilitan las uniones celulares que mantienen a las células germinales en el epitelio seminífero, favoreciendo su desprendimiento prematuro o exfoliación antes de completar su maduración.
Otro efecto característico del daño sobre la espermatogénesis es la aparición de células gigantes multinucleadas. Estas se originan cuando fallan los procesos normales de división celular, en particular durante las fases meióticas. La alteración de los mecanismos que coordinan la separación adecuada del contenido nuclear puede provocar la fusión de núcleos o la ausencia de citocinesis, dando lugar a células anómalas incapaces de generar espermatozoides viables. La presencia de estas células es un indicador morfológico claro de estrés celular y de disrupción del equilibrio fisiológico del tejido testicular.
Poblaciones celulares susceptibles
La espermatogénesis es un proceso altamente dinámico que depende de la división y diferenciación continua de las células germinales a lo largo de toda la vida reproductiva del varón. Dentro de este contexto, las células en fase de proliferación, es decir, aquellas que se dividen activamente para generar nuevos precursores espermáticos, presentan una vulnerabilidad particularmente elevada frente a agentes mutágenos y a deficiencias de nutrientes o metabolitos esenciales. Esta sensibilidad se debe a que la replicación del ADN y la síntesis de proteínas necesarias para la división celular son procesos complejos y delicados; cualquier interferencia química, radiológica o nutricional puede inducir errores genéticos, detenciones del ciclo celular o activación de rutas de muerte celular programada.
En contraste, otras poblaciones celulares dentro del testículo, como las células de Sertoli, que brindan soporte y nutrición a las células germinales, y las células de Leydig, responsables de la síntesis de testosterona, poseen una actividad mitótica mínima en el organismo adulto. De manera similar, las células madre de reserva, encargadas de mantener la población de células germinales a lo largo de la vida, se dividen con mucha menos frecuencia. La baja tasa de proliferación de estas células reduce la exposición de su material genético a los riesgos asociados con la replicación, haciéndolas considerablemente menos vulnerables a los daños inducidos por mutágenos o por la carencia de metabolitos críticos.
En otras palabras, la susceptibilidad de las células testiculares no es uniforme: aquellas que atraviesan ciclos repetidos de división y diferenciación, como los espermatogonios y las espermatocitos en etapas tempranas, están en constante riesgo de sufrir alteraciones que comprometan su viabilidad o funcionalidad. Por el contrario, las células cuya función principal no depende de la proliferación continua pueden mantener su integridad estructural y funcional incluso en presencia de agentes nocivos o deficiencias nutricionales, lo que asegura la estabilidad del microambiente testicular y la capacidad de recuperar la espermatogénesis una vez desaparecido el factor dañino.
Este patrón de sensibilidad explica por qué los daños ambientales, farmacológicos o nutricionales afectan primero y con mayor intensidad a las células en diferenciación, mientras que los elementos estructurales y hormonales del testículo permanecen relativamente conservados, proporcionando un soporte crucial para la recuperación de la función espermática cuando se restablecen las condiciones normales.
Factores específicos
Entre los factores que afectan negativamente la espermatogénesis pueden mencionarse los siguientes:
Insuficiencias nutricionales
La espermatogénesis requiere un aporte constante y equilibrado de nutrientes esenciales, ya que las células germinales masculinas mantienen una intensa actividad metabólica y proliferativa. Las dietas insuficientes o desequilibradas afectan de manera directa la capacidad del organismo para sostener este proceso. Las vitaminas cumplen funciones clave en la diferenciación celular, la protección frente al daño oxidativo y la regulación de la expresión génica. La vitamina A es indispensable para el inicio y la progresión de la diferenciación de las células germinales; su deficiencia interrumpe las etapas tempranas de la formación de los espermatozoides. La vitamina B12 participa en la síntesis de material genético y en la división celular, por lo que su carencia limita la producción normal de células espermáticas. Las vitaminas C y E, junto con los betacarotenos, actúan como antioxidantes que protegen a las células en desarrollo del estrés oxidativo, el cual puede dañar las membranas y el material hereditario. Los oligoelementos como el cinc y el selenio son igualmente esenciales, ya que intervienen en la estabilidad estructural del espermatozoide y en la función de enzimas involucradas en la maduración espermática. La falta de estos componentes nutricionales se traduce en una disminución de la cantidad y calidad de los espermatozoides.
Factores ambientales y estilo de vida
El entorno en el que se desarrolla una persona y sus hábitos cotidianos influyen de manera significativa en la función reproductiva masculina. Estudios poblacionales han demostrado diferencias en los recuentos espermáticos entre varones de áreas rurales y urbanas, observándose valores promedio más altos en los individuos procedentes de zonas rurales, con una diferencia cercana al veinticuatro por ciento. Esta variación se asocia a una menor exposición a contaminantes ambientales, pesticidas industriales, metales pesados y disruptores endocrinos en áreas menos urbanizadas. Además, el estilo de vida urbano suele incluir mayores niveles de estrés, menor actividad física y hábitos poco saludables, factores que alteran el equilibrio hormonal y el microambiente testicular, afectando de forma indirecta la espermatogénesis.
Trastornos del desarrollo embrionario
El desarrollo adecuado del sistema reproductor masculino comienza durante la vida embrionaria, por lo que alteraciones en esta etapa pueden tener consecuencias permanentes. La criptorquidia, caracterizada por el descenso incompleto de uno o ambos testículos, expone al tejido testicular a temperaturas inadecuadas desde etapas tempranas, lo que daña las células germinales. Las hipospadias, que implican una alteración en la formación de la uretra, reflejan un desarrollo anómalo del aparato reproductor asociado a desequilibrios hormonales prenatales. Asimismo, el bajo peso al nacer se ha relacionado con una programación fetal deficiente, que incrementa el riesgo de cáncer testicular y se asocia con una menor calidad del semen y una reducción de la fertilidad en la edad adulta. Estos trastornos evidencian la estrecha relación entre el desarrollo embrionario y la función reproductiva futura.
Enfermedades sistémicas o infecciones locales
La espermatogénesis puede verse afectada tanto por enfermedades localizadas en los testículos como por trastornos que comprometen todo el organismo. Las infecciones testiculares, como la orquitis, provocan inflamación y daño directo del epitelio seminífero, alterando la producción de espermatozoides. Por otro lado, las enfermedades sistémicas generan cambios metabólicos, hormonales e inmunológicos que repercuten en la función testicular. La fiebre prolongada eleva la temperatura corporal y testicular, interfiriendo con la maduración espermática. Las nefropatías alteran el equilibrio interno del organismo, mientras que infecciones virales, incluyendo la causada por el Virus de la Inmunodeficiencia Humana, pueden afectar de manera directa o indirecta la espermatogénesis. Las enfermedades metabólicas, al modificar el uso de la energía y la regulación hormonal, también contribuyen a una disminución de la calidad seminal.
Temperatura testicular elevada
La producción normal de espermatozoides depende de que los testículos se mantengan a una temperatura inferior a la del resto del cuerpo. Este mecanismo se logra gracias a la localización escrotal y a sistemas de regulación térmica muy precisos. Un estilo de vida sedentario, caracterizado por largos periodos en posición sentada y escasa actividad física, dificulta la adecuada disipación del calor. Como resultado, la temperatura escrotal puede elevarse de forma sostenida. Se ha demostrado que una temperatura testicular superior al promedio fisiológico interfiere con las divisiones celulares y con la maduración de las células germinales, dando lugar a una espermatogénesis deficiente y a una disminución de la fertilidad masculina.
Hormonas esteroides y fármacos relacionados
La espermatogénesis está regulada por un delicado equilibrio hormonal que depende de la acción coordinada del eje hipotálamo hipófisis gónadas. Las gonadotrofinas, en especial la hormona foliculoestimulante, estimulan la función de las células de Sertoli, que a su vez sostienen el desarrollo de las células germinales. La exposición a estrógenos sintéticos, como el dietilestilbestrol, y a otros esteroides sexuales altera este equilibrio mediante un mecanismo de retrocontrol negativo. Dicho mecanismo reduce la secreción de hormona foliculoestimulante, lo que disminuye la estimulación de las células de Sertoli y provoca una reducción progresiva de la espermatogénesis.
Cuando la exposición a estrógenos ocurre durante la etapa prenatal, los efectos pueden ser aún más profundos y duraderos. En el feto masculino, estos compuestos inhiben la secreción normal de gonadotrofinas y limitan la proliferación de las células de Sertoli, cuyo número definitivo se establece en etapas tempranas del desarrollo. Dado que la capacidad espermatogénica del adulto depende en gran medida de la cantidad y funcionalidad de estas células, la interferencia hormonal prenatal puede traducirse en una menor producción espermática a lo largo de la vida.
Agentes tóxicos
Diversas sustancias químicas tienen la capacidad de dañar directamente a las células germinales o de alterar el entorno hormonal y celular del testículo. Los agentes mutágenos y los antimetabolitos interfieren con la síntesis del material genético y con la división celular, lo que afecta de forma severa a los espermatogonios, que son las células precursoras de los espermatozoides. Algunos pesticidas, como el dibromocloropropano, constituyen ejemplos claros de toxicidad testicular. Este compuesto, utilizado como nematocida en ciertos países en desarrollo, ha demostrado en seres humanos una reducción marcada del recuento de espermatozoides y, en muchos casos, infertilidad permanente.
Además, existen numerosos contaminantes ambientales con efectos más sutiles pero persistentes. Sustancias químicas presentes en plásticos, como los ftalatos, pesticidas como el diclorodifeniltricloroetano, productos derivados de la combustión como las dioxinas y compuestos industriales como los bifenilos policlorados poseen una actividad estrogénica débil. Aunque su acción individual puede ser limitada, la exposición crónica y combinada a estos compuestos altera la regulación hormonal y afecta la calidad de los espermatozoides. La toxicidad directa sobre los espermatogonios se asocia con alteraciones en la morfología, la movilidad y la capacidad funcional de las células espermáticas.
Radiación ionizante y agentes alquilantes
Los factores físicos y ciertos fármacos utilizados en tratamientos médicos también pueden comprometer la espermatogénesis. Se ha demostrado que agentes alquilantes, como el gas mostaza nitrogenado y la procarbazina, ejercen efectos citotóxicos sobre los espermatogonios al dañar el material genético y bloquear la proliferación celular. Este daño reduce la reserva de células germinales y limita la producción de espermatozoides a largo plazo.
Por otra parte, la radiación ionizante afecta de manera directa al tejido testicular, ya que induce lesiones en el material genético de las células en división. Incluso otras formas de radiación, como la radiación electromagnética y las microondas, han sido asociadas con una disminución en la cantidad de espermatozoides y con alteraciones en su motilidad. Estos efectos reflejan la elevada sensibilidad de las células germinales a cualquier agente que interfiera con la integridad celular y con los procesos de división y maduración.

Fuente y lecturas recomendadas:
- Benito Fernández, F. J., & Mintegi Raso, S. (2024). Urgencias pediátricas. Guía de actuación (3.ª ed.). Editorial Médica Panamericana.
- Casado Flores, J., & Serrano González, A. (Eds.). (2012). Urgencias y emergencias pediátricas (2 tomos). Editorial Océano / Ergon.
- Cydulka, R. K., et al. (Eds.). (2018). Manual de medicina de urgencias de Tintinalli (8.ª ed.). McGraw‑Hill.

