Nervio glosofaríngeo (lX par craneal)
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El nervio glosofaríngeo, identificado como el noveno par craneal, constituye un ejemplo particularmente complejo y representativo de la organización funcional del sistema nervioso periférico, ya que integra en un solo tronco nervioso componentes sensitivos, sensoriales especiales, motores y vegetativos. Esta diversidad funcional no es arbitraria, sino que responde de manera directa a su origen embrionario, a sus conexiones centrales en la médula oblongada y a los territorios anatómicos que inerva.

Desde el punto de vista funcional, se considera un nervio mixto porque contiene varios tipos de fibras. Posee fibras sensitivas generales, encargadas de transportar información relacionada con el tacto, el dolor y la temperatura. Estas fibras recogen estímulos provenientes de regiones muy específicas: una pequeña porción del oído externo, la cavidad timpánica, la trompa auditiva, la faringe y el tercio posterior de la lengua. Esta distribución explica por qué el nervio glosofaríngeo participa en la sensibilidad de áreas profundas de la cabeza y el cuello, especialmente aquellas implicadas en la deglución y en la percepción del contenido que ingresa a la faringe.

Además de la sensibilidad general, el glosofaríngeo cumple una función sensorial especial fundamental: la sensibilidad gustativa. Las fibras gustativas proceden del tercio posterior de la lengua, una región que, desde el punto de vista funcional, requiere una discriminación fina de los estímulos químicos asociados al sabor. Estas fibras no solo permiten la percepción del gusto, sino que también participan en reflejos complejos relacionados con la alimentación, como la deglución y la respuesta nauseosa.

El nervio glosofaríngeo también es motor. Sus fibras motoras inervan músculos derivados del tercer arco faríngeo, en particular el músculo estilofaríngeo, que desempeña un papel clave en la elevación de la faringe durante la deglución y el habla. Esta función motora justifica su participación directa en actos voluntarios y reflejos que requieren una coordinación precisa entre la lengua, el velo del paladar y la faringe.

A estas funciones se suma un componente vegetativo de tipo parasimpático. A través de estas fibras, el nervio glosofaríngeo regula la secreción de la glándula parótida, una de las principales glándulas salivales. Este control autónomo es esencial para la lubricación de la cavidad oral, la digestión inicial de los alimentos y el mantenimiento de la salud bucal.

La distribución del nervio glosofaríngeo refleja claramente su nombre: “gloso” hace referencia a la lengua y “faríngeo” a la faringe. Ambos territorios están íntimamente relacionados desde el punto de vista funcional y anatómico, y ambos derivan, en gran medida, del tercer arco faríngeo durante el desarrollo embrionario. Por esta razón, el glosofaríngeo es considerado el nervio característico de dicho arco, tanto en su componente motor como sensitivo.


Orígenes

Desde el punto de vista anatómico, el nervio presenta dos ganglios sensitivos asociados: el ganglio superior y el ganglio inferior. En estos ganglios se localizan los cuerpos neuronales de las fibras aferentes. El ganglio superior está relacionado principalmente con la sensibilidad general, mientras que el ganglio inferior, también llamado ganglio petroso, tiene una importancia especial en la conducción de la sensibilidad visceral y gustativa.

Orígenes reales

Los orígenes reales del nervio glosofaríngeo se encuentran en la médula oblongada, donde se localizan sus núcleos centrales. Los núcleos sensitivosensoriales reciben las fibras aferentes cuyos cuerpos neuronales se sitúan en los ganglios mencionados. La sensibilidad general que proviene del oído externo, la cavidad timpánica, la trompa auditiva, la faringe y el tercio posterior de la lengua ingresa a la médula oblongada y desciende hasta la porción caudal del núcleo espinal del nervio trigémino. Desde allí, la información asciende hacia el tálamo y finalmente alcanza la corteza cerebral, donde se hace consciente.

Las aferencias viscerales, en particular las provenientes del glomus carotídeo, siguen un trayecto distinto. Estas fibras descienden por el tracto solitario hasta terminar en el tercio medio del núcleo solitario, donde se procesan estímulos relacionados con la composición química de la sangre, como la concentración de oxígeno y dióxido de carbono. Esta información es esencial para la regulación refleja de la respiración y la circulación.

En cuanto a la sensibilidad gustativa, las fibras del tercio posterior de la lengua ascienden por el tracto solitario hasta la porción rostral del núcleo solitario, también conocida como núcleo gustativo. Desde este núcleo, las neuronas de segundo orden proyectan hacia el tálamo y, posteriormente, hacia la corteza cerebral, permitiendo la percepción consciente del gusto.

El componente motor del nervio glosofaríngeo tiene su origen en el núcleo ambiguo, un núcleo profundo de la médula oblongada que forma parte de la columna motora de los músculos derivados de los arcos faríngeos. Las fibras motoras del glosofaríngeo se originan en la porción rostral de este núcleo, situada por encima de la región correspondiente al nervio vago. Este núcleo se encuentra a nivel de la oliva inferior, en una posición anterior y medial respecto al núcleo solitario, y mantiene conexiones directas con la corteza cerebral a través de las fibras corticonucleares, lo que permite el control voluntario de la musculatura inervada.

El componente vegetativo parasimpático se origina en el núcleo salival inferior. Este núcleo visceromotor envía fibras preganglionares que, tras hacer sinapsis en ganglios periféricos, alcanzan la glándula parótida. De este modo, el nervio glosofaríngeo participa en la regulación de la secreción salival, integrando funciones autónomas con actividades sensoriales y motoras.

Origen aparente

El origen aparente del nervio glosofaríngeo corresponde al punto de la superficie del sistema nervioso central donde sus fibras emergen y se hacen visibles antes de iniciar su trayecto periférico. En el caso del noveno par craneal, este origen aparente se localiza en la médula oblongada, específicamente en el surco retroolivar. Este surco se sitúa por detrás de la oliva bulbar, una eminencia longitudinal relacionada con núcleos motores profundos. La posición del glosofaríngeo en este surco no es casual: refleja su estrecha relación funcional y embriológica con los nervios que emergen en la misma región. Así, el nervio glosofaríngeo aparece por debajo del nervio vestibulococlear y por encima del nervio vago, lo que permite reconocerlo topográficamente dentro del conjunto de nervios bulbares.

La emergencia del nervio no se produce como un tronco único desde el inicio, sino mediante cinco o seis filetes radiculares que brotan de la superficie de la médula oblongada. Estos filetes representan la convergencia de fibras procedentes de distintos núcleos sensitivos, motores y vegetativos. Casi de inmediato, estos filetes se reúnen para formar un cordón nervioso único, que constituye el nervio glosofaríngeo propiamente dicho. Este modo de emergencia pone de manifiesto su carácter mixto y la complejidad de sus conexiones centrales.

Tras su origen aparente, el nervio inicia su trayecto intracraneano, dirigiéndose hacia adelante y lateralmente. Durante este corto recorrido, se orienta hacia el foramen yugular, una abertura amplia e irregular situada en la base del cráneo, en la unión del hueso temporal y el occipital. Este foramen es una vía de salida común para varios elementos neurovasculares importantes, lo que explica la riqueza de relaciones anatómicas que el nervio glosofaríngeo establece en esta región.

En su trayecto intracraneano, el glosofaríngeo mantiene una relación muy estrecha con el nervio vago y el nervio accesorio. Los tres nervios forman un grupo nervioso compacto, envuelto por piamadre, que se aplica contra el hueso occipital. Este conjunto se sitúa por debajo del grupo formado por los nervios facial y vestibulococlear, lo que facilita su identificación durante estudios anatómicos o procedimientos neuroquirúrgicos.

Al alcanzar el foramen yugular, el nervio glosofaríngeo ocupa la porción estrecha de este conducto óseo. En este punto, se encuentra aplicado al borde posterior de la porción petrosa del hueso temporal. Se sitúa medialmente al bulbo superior de la vena yugular interna y por delante del nervio vago y del nervio accesorio, estableciendo una disposición precisa que resulta fundamental para comprender las posibles lesiones selectivas en esta región. Entre el nervio y la vena yugular interna se interpone el ligamento yugular, que actúa como un elemento de separación anatómica. Además, el nervio es cruzado por detrás por el seno petroso inferior, una relación vascular de especial relevancia clínica.

En el interior del foramen yugular, el nervio glosofaríngeo describe un acodamiento en ángulo recto, un cambio brusco de dirección que marca la transición entre el trayecto intracraneano y el extracraneano. En correspondencia con este codo se localiza el ganglio inferior, también denominado ganglio de Andersch. El ganglio superior, o ganglio de Ehrenritter, es de menor tamaño y se encuentra situado más arriba, dentro del cráneo. Ambos ganglios contienen los cuerpos neuronales de las fibras sensitivas del nervio y, en algunos individuos, pueden encontrarse parcial o totalmente fusionados.

Una vez fuera del cráneo, el nervio penetra en el espacio laterofaríngeo, más específicamente en su compartimiento posterior o espacio retroestíleo. En esta región, el nervio adopta inicialmente una disposición vertical, para luego dirigirse de manera oblicua hacia adelante y medialmente. Aquí se sitúa por delante del nervio vago y del nervio accesorio, manteniendo una relación constante con ellos. En su descenso, el glosofaríngeo pasa por detrás y luego lateralmente a la arteria carótida interna, una relación anatómica crítica debido a la importancia funcional y clínica de este vaso.

A medida que avanza, el nervio se aproxima a la pared lateral de la faringe. Cruza la cara lateral del músculo estilofaríngeo, músculo que él mismo inerva, lo que refuerza su papel motor en la elevación faríngea. Posteriormente, continúa su trayecto aplicado a la cara medial del músculo estilogloso, que puede considerarse su músculo satélite, ya que sirve como referencia anatómica constante para identificar el nervio en la región cervical profunda.

El nervio alcanza entonces la región paratonsilar, correspondiente a la porción de la pared faríngea sobre la cual se proyecta la tonsila palatina. En esta región, el glosofaríngeo queda separado de los músculos lingual y pterigoideo medial por el músculo estilogloso. Medialmente, se relaciona con el músculo constrictor superior de la faringe y cruza la arteria palatina ascendente, la cual se sitúa medialmente al estilogloso. Estas relaciones explican la vulnerabilidad del nervio durante procedimientos quirúrgicos de la región amigdalina.

Desde la región paratonsilar, el nervio se profundiza en la pared faríngea atravesando el hiato comprendido entre los músculos constrictores superior y medio. Este paso es de gran importancia clínica, especialmente durante la tonsilectomía, ya que una lesión del glosofaríngeo en este punto puede provocar alteraciones del gusto, de la sensibilidad faríngea y dolor irradiado al oído.

El nervio glosofaríngeo continúa su trayecto bajo la mucosa de la base de la lengua, donde se ramifica y termina distribuyéndose en el tercio posterior lingual. En este territorio ejerce sus funciones sensitivas generales y gustativas, cerrando así un recorrido anatómico que integra de manera precisa el sistema nervioso central con estructuras clave de la deglución, la fonación y la percepción sensorial.


Distribución

La distribución del nervio glosofaríngeo refleja de manera clara su carácter mixto y su papel integrador entre la sensibilidad, la motricidad y la función vegetativa. A lo largo de su trayecto, desde su salida del cráneo hasta su terminación en la lengua, este nervio emite una serie de ramos colaterales, comunicantes y terminales que le permiten alcanzar territorios anatómicos muy diversos, pero funcionalmente relacionados con la faringe, el oído medio, la lengua y ciertas estructuras vasculares del cuello.

Ramos Colaterales

Entre los ramos colaterales, el primero y uno de los más importantes es el nervio timpánico, también conocido como nervio de Jacobson. Este ramo se origina a nivel del ganglio inferiordel nervio glosofaríngeo y se dirige hacia el oído medio atravesando el conductillo timpánico, un pequeño canal óseo situado entre el conducto carotídeo y el foramen yugular. Este trayecto explica la relación funcional del nervio glosofaríngeo con la sensibilidad del oído medio y la trompa auditiva. Durante su recorrido, el nervio timpánico presenta pequeñas agrupaciones de células ganglionares dispuestas de forma irregular, que constituyen el llamado ganglio timpánico.

Al ingresar en la cavidad timpánica, el nervio timpánico se dispone en la mucosa situada por debajo del promontorio y participa en la formación del plexo timpánico. Este plexo no es una estructura exclusiva del glosofaríngeo, sino que resulta de la convergencia de fibras procedentes del nervio timpánico, del plexo carotídeo interno y de un ramo comunicante del nervio facial. Gracias a esta organización plexiforme, se integran fibras sensitivas y vegetativas que permiten una inervación precisa de la mucosa del oído medio.

Del plexo timpánico se originan varios ramos. Entre ellos se encuentra el ramo tubario, destinado a la inervación de la trompa auditiva, lo que contribuye a la regulación sensitiva de esta estructura. También emergen los nervios carotidotimpánicos, formados por fibras simpáticas procedentes del plexo carotídeo interno, que se integran funcionalmente en el plexo timpánico. Además, se desprenden ramos sensitivos dirigidos a la mucosa de la cavidad timpánica, incluyendo un ramo posterior para la ventana redonda y otro para la ventana oval, lo que explica la participación del glosofaríngeo en la sensibilidad del oído medio.

Ramos terminales

El ramo terminal más relevante del plexo timpánico es el nervio petroso menor, que contiene fibras parasimpáticas preganglionares. Este nervio atraviesa la pared anterior de la porción petrosa del hueso temporal, emerge en la fosa craneal media a través de la fisura esfenopetrosa y alcanza finalmente el ganglio ótico, donde sus fibras hacen sinapsis. Desde este ganglio, las fibras parasimpáticas posganglionares se dirigirán a la glándula parótida, permitiendo al nervio glosofaríngeo ejercer su función secretomotora.

Otro ramo colateral importante es el ramo comunicante para el ramo auricular del nervio vago, que también se origina en el ganglio inferior. Este pequeño ramo establece una conexión entre ambos nervios y explica la superposición de territorios sensitivos en el conducto auditivo externo y el oído medio.

Los ramos faríngeos son generalmente tres o cuatro y se dirigen hacia la pared lateral de la faringe para participar en la formación del plexo faríngeo. Este plexo resulta de la unión de fibras del nervio glosofaríngeo, del nervio vago y del sistema simpático. A partir de él se distribuyen ramos sensitivos para la mucosa faríngea, fibras motoras para músculos como el constrictor superior de la faringe y el palatofaríngeo, así como fibras vasomotoras. Esta red nerviosa es fundamental para la coordinación de la deglución y para la sensibilidad faríngea.

El ramo para el músculo estilofaríngeo se origina cerca del borde posterior de dicho músculo y le proporciona inervación motora directa. Esta relación íntima entre nervio y músculo explica el papel del glosofaríngeo en la elevación de la faringe durante la deglución y la fonación.

El ramo del seno carotídeo desciende hasta la bifurcación de la arteria carótida común para inervar el seno carotídeo y el glomus carotídeo. A través de este ramo, el nervio glosofaríngeo transporta información sensitiva visceral relacionada con la presión arterial y la composición química de la sangre. Este ramo establece comunicaciones con el tronco simpático y con el nervio vago, lo que permite la integración de reflejos cardiovasculares y respiratorios.

Los ramos tonsilares se distribuyen en la mucosa de las tonsilas palatinas y en los tejidos vecinos. Estos ramos son clínicamente muy relevantes, ya que su lesión durante procedimientos quirúrgicos como la tonsilectomía puede provocar dolor intenso y alteraciones sensitivas en la región faríngea.

Los ramos linguales están formados principalmente por fibras gustativas destinadas al tercio posterior de la lengua, incluidas las papilas circunvaladas. Aunque estas papilas también reciben inervación del nervio lingual a través de la cuerda del tímpano, el glosofaríngeo es el nervio predominante para la sensibilidad gustativa de esta región posterior de la lengua.

Ramos comunicantes

El nervio glosofaríngeo emite además varios ramos comunicantes. Uno de ellos se une con el ramo meníngeo del nervio mandibular, estableciendo una conexión entre ambos territorios sensitivos. Otro ramo comunicante se dirige al nervio auriculotemporal y contiene fibras parasimpáticas posganglionares destinadas a la glándula parótida. Estas fibras proceden del ganglio ótico y transmiten los impulsos secretorios originados en el nervio glosofaríngeo a través del nervio timpánico y del nervio petroso menor. Existe también un ramo comunicante con la cuerda del tímpano, de carácter sensorial, que refuerza la interconexión funcional entre los nervios craneales implicados en la sensibilidad gustativa y del oído medio.

Los ramos terminales del nervio glosofaríngeo se agrupan para formar el plexo lingual posterior. Este plexo se distribuye bajo la mucosa del tercio posterior de la lengua y proporciona la inervación sensitiva general, gustativa y vasomotora de esta región. De este modo, el nervio glosofaríngeo completa su recorrido integrando funciones sensoriales, motoras y vegetativas en un territorio anatómico clave para la alimentación, la deglución y la percepción del gusto.


Anatomía funcional

Desde el punto de vista de la anatomía funcional, el nervio glosofaríngeo se define de manera inequívoca como un nervio mixto, ya que en su estructura y en su actividad integra componentes motores, sensitivos, sensoriales especiales y vegetativos. Esta combinación funcional le permite participar en procesos complejos que requieren una coordinación precisa entre la percepción sensorial, la respuesta motora y la regulación autónoma. A diferencia de otros nervios craneales con amplios territorios cutáneos, el glosofaríngeo presenta un territorio de inervación cutánea muy reducido, limitado a pequeñas áreas del oído externo, lo que subraya su especialización en estructuras profundas de la cabeza y el cuello.

En cuanto a su actividad motora, el nervio glosofaríngeo desempeña un papel relevante en el tiempo faríngeo de la deglución, una fase crítica en el paso del bolo alimenticio desde la cavidad oral hacia el esófago. Esta función se ejerce a través de los ramos motores que inervan músculos específicos de la faringe, principalmente el músculo estilofaríngeo, así como, de manera indirecta mediante el plexo faríngeo, el constrictor superior de la faringe y el palatofaríngeo. La contracción coordinada de estos músculos permite la elevación y el acortamiento de la faringe, facilitando el avance del bolo y protegiendo las vías respiratorias. Aunque el glosofaríngeo es esencial en este mecanismo, no actúa de forma aislada: los nervios vago y accesorio colaboran estrechamente, integrando la actividad motora faríngea en un patrón funcional unitario.

La actividad sensitiva del nervio glosofaríngeo es amplia y de gran importancia funcional. Este nervio asegura la sensibilidad general de las mucosas del oído medio y de la trompa auditiva, lo que contribuye a la percepción de estímulos dolorosos o irritativos en estas regiones. Asimismo, inerva sensorialmente la mucosa de la faringe, la tonsila palatina y el tercio posterior de la lengua. Esta sensibilidad es fundamental para desencadenar reflejos protectores, como el reflejo nauseoso, y para la correcta ejecución de la deglución, ya que permite al sistema nervioso central evaluar la presencia y la posición del bolo alimenticio.

En su actividad sensorial especial, el nervio glosofaríngeo es el principal conductor de la sensibilidad gustativa del tercio posterior de la lengua. Las sensaciones gustativas se originan en las papilas gustativas situadas por detrás de la V lingual, una referencia anatómica que separa funcionalmente la región anterior y posterior de la lengua. A través de estas fibras, el glosofaríngeo transmite información sobre la composición química de los alimentos, contribuyendo tanto a la percepción consciente del gusto como a la activación de respuestas reflejas relacionadas con la digestión y la salivación.

El nervio glosofaríngeo cumple una función esencial en la actividad vegetativa, específicamente en su componente parasimpático. Mediante estas fibras, actúa como el nervio secretor de la glándula parótida, regulando la producción de saliva serosa. Este trayecto funcional se realiza a través de una cadena bien definida: las fibras parasimpáticas parten del nervio glosofaríngeo, se continúan en el nervio timpánico, luego en su ramo terminal, el nervio petroso menor, hacen sinapsis en el ganglio ótico y finalmente alcanzan la glándula parótida a través del nervio auriculotemporal. Esta secreción salival es indispensable para la lubricación de la cavidad oral, el inicio de la digestión y el mantenimiento del equilibrio del medio bucal.

 

 

 

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Fuente y lecturas recomendadas:
  1. Latarjet, M., Ruiz Liard, A., & Pró, E. (2019). Anatomía humana (5.ª ed., Vols. 1–2). Médica Panamericana.
    ISBN: 9789500695923
  2. Dalley II, A. F., & Agur, A. M. R. (2022). Moore: Anatomía con orientación clínica (9.ª ed.). Wolters Kluwer (Lippincott Williams & Wilkins).
    ISBN: 9781975154120
  3. Standring, S. (Ed.). (2020). Gray’s anatomy: The anatomical basis of clinical practice (42.ª ed.). Elsevier.
    ISBN: 9780702077050
  4. Netter, F. H. (2023). Atlas de anatomía humana (8.ª ed.). Elsevier.
    ISBN: 9780323793745
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