Al suspender semaglutida o tirzepatida, lo más importante que puede ocurrir es que se pierda progresivamente parte del efecto farmacológico que mantenía reducidos el apetito, la ingesta energética, el peso corporal y diversos factores cardiometabólicos. La evidencia disponible indica que, en muchas personas, esto conduce a una recuperación considerable del peso perdido. No significa que todas las personas recuperen todo el peso, ni que necesariamente ocurra de inmediato, pero sí que la recuperación de peso es un fenómeno frecuente y clínicamente relevante.
¿Qué ocurre exactamente cuando se suspenden?
Semaglutida y tirzepatida no producen una modificación permanente del sistema que regula el peso corporal. Mientras están presentes, modifican señales fisiológicas relacionadas con hambre, saciedad, vaciamiento gástrico, glucosa, secreción de insulina y regulación energética. Al retirar el medicamento, esas acciones farmacológicas disminuyen progresivamente y el organismo vuelve a operar con una menor influencia de esas señales terapéuticas.
Esto es particularmente importante porque la pérdida de peso por sí misma desencadena respuestas biológicas que favorecen recuperar parte del peso perdido. Entre ellas se encuentran modificaciones en las señales hormonales de hambre y saciedad, cambios en los circuitos neuronales que regulan la conducta alimentaria, disminución del gasto energético y mecanismos de adaptación metabólica. Por ello, después de adelgazar, el organismo no necesariamente permanece en el mismo estado fisiológico que tenía antes de perder peso.
1. El apetito puede aumentar nuevamente
Durante el tratamiento, la activación farmacológica de los receptores relacionados con el péptido similar al glucagón tipo 1 contribuye a disminuir la ingesta y aumentar la sensación de saciedad. Cuando se retira el fármaco, esa señal farmacológica deja de estar presente y el control del apetito vuelve a depender predominantemente de los mecanismos fisiológicos propios de la persona.
En consecuencia, algunas personas experimentan nuevamente hambre más frecuente, mayor apetito, menor saciedad después de comer o mayor facilidad para consumir cantidades que antes del tratamiento habrían resultado difíciles de ingerir. Estudios recientes después de la suspensión de semaglutida han observado precisamente un aumento del apetito acompañado de recuperación del peso, aunque los mecanismos exactos todavía se están investigando.
Esto ayuda a entender una situación que puede resultar desconcertante: una persona puede sentir que está comiendo de manera similar a como comía durante el tratamiento, pero experimentar más hambre o menor saciedad. El problema no necesariamente es una pérdida de disciplina; existe una respuesta biológica al descenso de peso y a la retirada del tratamiento.
2. El peso suele comenzar a recuperarse
La evidencia clínica más sólida procede de estudios en los que se retiró deliberadamente el medicamento y se siguió a los participantes durante meses.
En la extensión del estudio STEP 1, las personas tratadas con semaglutida 2.4 mg una vez por semana habían perdido, en promedio, 17.3% de su peso corporal después de 68 semanas. Después de suspender semaglutida, recuperaron en promedio 11.6 puntos porcentuales de peso corporal durante el año siguiente. Esto significó que, al final del seguimiento, conservaron una pérdida neta aproximada de 5.6% respecto al peso inicial. En términos relativos, recuperaron aproximadamente dos terceras partes del peso que habían perdido durante el tratamiento.
Por ejemplo, si hipotéticamente una persona hubiera comenzado con 100 kg y hubiera perdido 17.3 kg, habría llegado aproximadamente a 82.7 kg. Durante el año posterior a la suspensión, el patrón promedio observado en el estudio correspondería a recuperar alrededor de 11.6 kg, situándose aproximadamente en 94.3 kg. No significa que ese resultado vaya a ocurrir exactamente en cada individuo, sino que ilustra lo que ocurrió en promedio en ese estudio.
Otro estudio, STEP 4, proporciona una evidencia todavía más directa sobre el efecto de continuar o suspender semaglutida. Después de 20 semanas de tratamiento, los participantes habían perdido aproximadamente 10.6% de su peso inicial. Aquellos que continuaron con semaglutida perdieron aproximadamente otro 7.9% durante las siguientes 48 semanas, mientras que quienes fueron cambiados a placebo recuperaron aproximadamente 6.9% de su peso durante ese mismo periodo.
Por tanto, el fenómeno no parece limitarse a un único estudio: la retirada de semaglutida después de una pérdida de peso importante se asocia consistentemente con recuperación de peso, mientras que la continuación del tratamiento favorece el mantenimiento o una pérdida adicional.
¿Y qué pasa con tirzepatida?
El patrón observado con tirzepatida es similar y, en algunos estudios, la magnitud de la recuperación de peso ha sido incluso considerable.
En SURMOUNT-4, los participantes recibieron tirzepatida durante 36 semanas y alcanzaron una reducción media del peso corporal de 20.9%. Posteriormente fueron asignados a continuar con tirzepatida o a cambiar a placebo durante otras 52 semanas.
Quienes continuaron con tirzepatida perdieron un 5.5% adicional de peso durante ese periodo, mientras que quienes suspendieron tirzepatida y recibieron placebo recuperaron aproximadamente 14.0% de su peso corporal respecto al momento de la retirada.
El resultado es particularmente llamativo porque aproximadamente 82% de los participantes que habían logrado una reducción clínicamente importante del peso recuperaron al menos 25% del peso que habían perdido durante el tratamiento en el año posterior a la retirada.
Esto no quiere decir que tirzepatida provoque dependencia farmacológica. La interpretación científica es diferente: el efecto sobre el apetito y el metabolismo desaparece al retirar el tratamiento, mientras persisten mecanismos biológicos que favorecen recuperar peso después de adelgazar.
¿Por qué el cuerpo intenta recuperar el peso?
Aquí está probablemente la parte más importante.
El organismo posee múltiples mecanismos para defender el balance energético. Cuando una persona pierde una cantidad considerable de peso, se producen modificaciones fisiológicas que pueden favorecer la recuperación. La investigación sobre recuperación de peso identifica cambios en las señales hormonales de hambre y saciedad, en los circuitos neuronales relacionados con la alimentación, en el gasto energético en reposo y en el metabolismo del tejido adiposo.
La reducción del peso también puede disminuir el gasto energético necesario para mantener el organismo, porque un cuerpo más pequeño necesita menos energía para desplazarse y mantener sus funciones. Además, puede producirse una adaptación metabólica que reduzca el gasto energético por encima de lo esperado únicamente por la reducción de masa corporal.
Por eso, después de perder peso, pueden coincidir dos fenómenos:
aumento de la señal biológica para comer + menor gasto energético relativo.
Si a esto se añade la desaparición del efecto farmacológico de semaglutida o tirzepatida sobre el apetito, se crea un entorno fisiológico favorable para recuperar peso.
No solamente vuelve el peso: pueden regresar alteraciones metabólicas
Este punto es fundamental.
El beneficio de semaglutida y tirzepatida no consiste exclusivamente en reducir el número de kilogramos. Durante el tratamiento también pueden mejorar parámetros como la presión arterial, la glucosa, la hemoglobina glucosilada, los triglicéridos, el colesterol, la circunferencia de cintura y diferentes indicadores de resistencia a la insulina.
Cuando se suspende el tratamiento y se recupera peso, parte de esas mejoras puede revertirse.
En la extensión de STEP 1, las mejoras cardiometabólicas obtenidas durante el tratamiento con semaglutida tendieron a desplazarse nuevamente hacia los valores iniciales durante el año posterior a la suspensión.
La evidencia más reciente de SURMOUNT-4 muestra un fenómeno semejante con tirzepatida. Cuanto mayor fue la recuperación del peso después de suspenderla, mayor fue también la reversión de las mejoras obtenidas previamente en diferentes parámetros metabólicos.
Entre los cambios observados después de retirar tirzepatida se encontraron aumentos de la circunferencia de cintura, presión arterial sistólica, colesterol asociado a lipoproteínas no de alta densidad, hemoglobina glucosilada, glucosa en ayuno, insulina en ayuno y diferentes indicadores de resistencia a la insulina.
Esto permite entender que la retirada no representa simplemente recuperar tejido adiposo. En una proporción importante de las personas, también puede significar recuperar progresivamente parte del perfil metabólico que había mejorado durante el tratamiento.
¿La recuperación del peso significa que todo el tratamiento se perdió?
No necesariamente. Una persona puede recuperar una parte importante del peso y aun así permanecer por debajo de su peso inicial. Esto ocurrió claramente en la extensión de STEP 1: después de recuperar aproximadamente 11.6 puntos porcentuales de peso, los participantes todavía mantenían una reducción neta promedio de 5.6% respecto al peso inicial.
Por eso es incorrecto afirmar que después de suspender semaglutida o tirzepatida “se recupera todo el peso perdido”. Esa afirmación es demasiado absoluta.
Lo que sí puede afirmarse con bastante seguridad es que la recuperación de una proporción considerable del peso perdido es frecuente y que, en promedio, cuanto mayor es la pérdida conseguida bajo tratamiento, existe un riesgo importante de recuperar parte de ella después de retirarlo.
Además, existe una enorme variabilidad individual. Algunas personas recuperan relativamente poco peso, mientras que otras recuperan una proporción muy elevada de lo perdido. Los resultados de los ensayos clínicos representan promedios poblacionales y no permiten predecir exactamente lo que ocurrirá en una persona concreta.
¿La recuperación ocurre inmediatamente?
No necesariamente. El proceso suele desarrollarse durante meses. En los estudios de retirada, la recuperación se evaluó durante aproximadamente un año y se observó un patrón progresivo.
Además, la evidencia más reciente sugiere que una proporción importante de la recuperación puede concentrarse relativamente temprano después de la suspensión, aunque la magnitud y velocidad exactas varían entre individuos y tratamientos.
Esto significa que una persona puede suspender el medicamento y mantener inicialmente buena parte de la pérdida de peso, pero posteriormente comenzar a recuperar peso conforme desaparece el efecto farmacológico y reaparecen los mecanismos fisiológicos que favorecen la recuperación.
¿Semaglutida y tirzepatida son iguales en este aspecto?
No son farmacológicamente idénticas. Semaglutida actúa principalmente como agonista del receptor del péptido similar al glucagón tipo 1, mientras que tirzepatida tiene actividad sobre los receptores del péptido similar al glucagón tipo 1 y del polipéptido insulinotrópico dependiente de glucosa. Sin embargo, ambas producen efectos importantes sobre regulación del apetito, ingesta energética y metabolismo.
A pesar de sus diferencias farmacológicas, los estudios de retirada muestran un fenómeno clínico semejante: cuando desaparece el tratamiento, una parte importante del efecto conseguido sobre el peso tiende a desaparecer también.
No debe interpretarse, sin embargo, que tirzepatida necesariamente cause más recuperación de peso que semaglutida. Las comparaciones directas entre los resultados de estudios diferentes tienen limitaciones porque las poblaciones, duración del tratamiento, dosis, criterios de selección y diseños experimentales no son idénticos.
¿Qué pasa con la glucosa?
Aquí hay una distinción muy importante. En una persona sin diabetes, la recuperación de peso puede acompañarse de un deterioro progresivo de algunos parámetros de glucosa y sensibilidad a la insulina. Esto se ha observado después de retirar tirzepatida y semaglutida en los ensayos de mantenimiento y retirada.
En una persona con diabetes tipo 2, la situación puede ser todavía más relevante porque semaglutida y tirzepatida también tienen efectos terapéuticos sobre la regulación glucémica. Al suspenderlos, la glucosa puede aumentar nuevamente y puede ser necesario sustituirlos o reajustar otro tratamiento para evitar un deterioro del control metabólico.
Por esta razón, una persona que utiliza estos medicamentos específicamente para diabetes no debería suspenderlos sin supervisión médica.
¿Y qué ocurre con la grasa corporal?
La recuperación de peso no necesariamente significa recuperar exclusivamente grasa. Después de una pérdida importante de peso, el organismo puede recuperar diferentes componentes corporales, y la proporción entre grasa y masa libre de grasa puede variar entre personas. La recuperación de tejido adiposo puede contribuir a restaurar señales metabólicas relacionadas con el balance energético y aumentar nuevamente la capacidad del organismo para almacenar energía.
Esto es relevante porque una persona podría observar que la báscula aumenta relativamente rápido sin que todo ese cambio represente inmediatamente acumulación de grasa. Los cambios en glucógeno, agua corporal, contenido gastrointestinal y otros compartimentos también pueden modificar el peso. Sin embargo, cuando la recuperación persiste durante meses, una parte sustancial suele corresponder a recuperación de tejido corporal, particularmente tejido adiposo. La interpretación individual requiere mediciones adicionales y no puede establecerse únicamente a partir del peso corporal.
Entonces, ¿hay que tomar estos medicamentos para siempre?
La evidencia actual no permite afirmar que absolutamente todas las personas deban utilizarlos durante toda la vida, pero sí proporciona una conclusión muy importante: la obesidad debe entenderse como una enfermedad crónica y recurrente, y los medicamentos utilizados para controlarla pueden requerir tratamiento prolongado para mantener sus efectos.
Los ensayos de retirada son particularmente importantes porque muestran que mantener la pérdida de peso no es equivalente a conseguirla inicialmente.
Conseguir una reducción de peso y mantenerla son dos objetivos fisiológicamente relacionados, pero no idénticos. La evidencia de STEP 4 y SURMOUNT-4 demuestra que continuar el tratamiento proporciona una ventaja considerable para el mantenimiento de la reducción de peso frente a retirarlo.
Por ello, actualmente resulta más apropiado pensar en estos medicamentos como tratamientos para el control crónico del metabolismo y del peso, en lugar de considerarlos simplemente como tratamientos temporales que permiten adelgazar y posteriormente se suspenden sin consecuencias.
¿Se puede evitar la recuperación de peso al suspenderlos?
Es posible reducir el riesgo, pero la evidencia todavía no permite garantizar que una estrategia concreta prevenga completamente la recuperación.
La alimentación estructurada, actividad física regular, suficiente ingesta proteica, entrenamiento de fuerza, sueño adecuado y seguimiento médico pueden ser componentes importantes de una estrategia de mantenimiento. Sin embargo, no existe evidencia que permita afirmar que estas medidas neutralicen completamente la respuesta biológica que aparece después de retirar el medicamento. Los mecanismos fisiológicos que favorecen la recuperación de peso pueden persistir incluso cuando la persona mantiene intervenciones de estilo de vida.
Esto quedó demostrado de manera especialmente clara en los ensayos de retirada: los participantes continuaron recibiendo orientación relacionada con alimentación y actividad física, pero aun así quienes dejaron semaglutida o tirzepatida recuperaron una cantidad considerable de peso.
Por tanto, decirle a una persona simplemente “deja el medicamento y come menos” no representa adecuadamente la complejidad biológica del problema.
¿Es mejor suspenderlos de golpe o reducir progresivamente la dosis?
Esta es una cuestión clínica diferente y muy importante. Los grandes ensayos de retirada de semaglutida y tirzepatida fueron diseñados para estudiar qué ocurre cuando se cambia el tratamiento a placebo, por lo que no permiten establecer que una reducción progresiva de la dosis necesariamente prevenga la recuperación de peso.
Una reducción gradual puede utilizarse en determinados contextos clínicos, pero no debe presentarse como una estrategia científicamente demostrada para impedir el aumento de peso. La decisión depende de la indicación del medicamento, la dosis, la duración del tratamiento, la presencia de diabetes, el peso alcanzado, otros medicamentos y los objetivos terapéuticos.
Fuente y lecturas recomendadas:
- Aronne, L. J., Sattar, N., Horn, D. B., Bays, H. E., Wharton, S., Lin, W. Y., et al. (2024). Continued treatment with tirzepatide for maintenance of weight reduction in adults with obesity: The SURMOUNT-4 randomized clinical trial. JAMA, 331(1), 38–48. https://doi.org/10.1001/jama.2023.24945
- Horn, D. B., Linetzky, B., Davies, M. J., et al. (2026). Cardiometabolic parameter change by weight regain on tirzepatide withdrawal in adults with obesity: A post hoc analysis of the SURMOUNT-4 trial. JAMA Internal Medicine, 186(2), 157–167. https://doi.org/10.1001/jamainternmed.2025.6112
- Rubino, D., Abrahamsson, N., Davies, M., Hesse, D., Greenway, F. L., Jensen, C., et al. (2021). Effect of continued weekly subcutaneous semaglutide vs placebo on weight loss maintenance in adults with overweight or obesity: The STEP 4 randomized clinical trial. JAMA, 325(14), 1414–1425. https://doi.org/10.1001/jama.2021.3224
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- Wilding, J. P. H., Batterham, R. L., Calanna, S., Davies, M., Van Gaal, L. F., Lingvay, I., et al. (2022). Weight regain and cardiometabolic effects after withdrawal of semaglutide: The STEP 1 trial extension. Diabetes, Obesity and Metabolism, 24(8), 1553–1564. https://doi.org/10.1111/dom.14725
- Wang, N., et al. (2026). Post-semaglutide weight regain in females with obesity: Associations with gut microbiota, bile acid metabolism, and central nervous system. Diabetes, Obesity and Metabolism, 28(5), 3903–3916. https://doi.org/10.1111/dom.70571


