Sistemas que mantienen la homeostasis del organismo humano

Sistemas que mantienen la homeostasis del organismo humano
Sistemas que mantienen la homeostasis del organismo humano

Existen varios sistemas que interactúan entre si para mantener al organismo en equilibrio, cada uno actúa por si solo o en conjunto a través de diversos mecanismos.

El sistema nervioso está compuesto por tres partes principales:

  • la porción de aferencia sensitiva
  • el sistema nervioso central
  • porción eferente motora.

Los receptores sensitivos detectan el estado del cuerpo o de su entorno.

El sistema nervioso central determina las reacciones que debe manifestar el cuerpo en respuesta a las sensaciones para, a continuación, transmitir las señales apropiadas a través de la porción motora eferente del sistema nervioso para llevar a cabo los deseos del sujeto.

El sistema nervioso autónomo o neurovegetativo, que funciona a escala subconsciente y controla muchas de las funciones de los órganos internos.

Dentro del organismo se encuentran ocho glándulas endocrinas mayores y varios órganos y tejidos que segregan productos químicos denominados hormonas. Las hormonas se transportan en el líquido extracelular a otras partes del cuerpo para regular las funciones celulares. Las hormonas proporcionan un sistema de regulación que complementa al sistema nervioso.

Los sistemas nerviosos y hormonales trabajan de forma coordinada para controlar esencialmente todos los sistemas orgánicos del cuerpo.

El sistema inmunitario proporciona un mecanismo para que el cuerpo diferencie sus propias células de las células y sustancias extrañas, y mediante diversos mecanismos se neutralice y destruya a cualquier invasor.

La piel y sus diversos anexos, cubren, amortiguan y protegen los tejidos profundos y los órganos del cuerpo y, en general, definen una frontera entre el medio corporal interno y el mundo exterior. El sistema tegumentario regula la temperatura y la excreción de los residuos y proporciona una interfaz sensorial entre el cuerpo y el medio exterior.

El cuerpo humano contiene miles de sistemas de control. Algunos de los más intrincados de estos sistemas son los de control genético que actúan en todas las células para mantener el control de las funciones intracelulares y extracelulares.

Hay muchos otros sistemas de control que actúan dentro de los órganos para controlar las funciones de sus componentes, otros actúan a través de todo el organismo para controlar las interrelaciones entre los órganos.

Como el oxígeno es una de las principales sustancias que requieren las reacciones químicas de las células, el organismo tiene un mecanismo de control especial para mantener una concentración casi exacta y constante de oxígeno en el líquido extracelular. La regulación de la concentración de oxígeno en los tejidos se basa principalmente en las características químicas de la hemoglobina.

La mayoría de los sistemas de control del organismo actúan mediante una retroalimentación negativa.

Cuando algún factor se vuelve excesivo o deficiente, un sistema de control inicia una retroalimentación negativa que consiste en una serie de cambios que devuelven ese factor hacia un determinado valor medio, con lo que se mantiene la homeostasis.

La retroalimentación positiva a veces provoca círculos viciosos y la muerte pues, el estímulo inicial provoca más reacciones del mismo tipo.

En algunos casos, el organismo usa la retroalimentación positiva a su favor. Siempre que la retroalimentación positiva es útil, la retroalimentación positiva forma parte de un proceso global de retroalimentación negativa.

Mientras se mantengan las condiciones normales en el medio interno, las células del organismo continuarán viviendo y funcionando correctamente. Cada célula se beneficia de la homeostasis y, a su vez, contribuye a su mantenimiento. Esta interrelación recíproca proporciona un automatismo continuo del organismo hasta que uno o más sistemas funcionales pierden su capacidad de contribuir con su parte a la funcionalidad. Cuando esto sucede, todas las células del organismo sufren. La disfunción extrema provoca la muerte y la disfunción moderada provoca la enfermedad.

 

 

 

 

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