Tricotilomanía
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Tricotilomanía

La tricotilomanía, denominada también trastorno de arrancarse el cabello o hair-pulling disorder, es un trastorno psiquiátrico caracterizado por un patrón recurrente de arrancarse el propio cabello o vello corporal, que conduce a pérdida capilar y que no puede explicarse mejor por una enfermedad dermatológica, otra afección médica o un trastorno mental diferente. En la clasificación psiquiátrica contemporánea pertenece al grupo de los trastornos obsesivo-compulsivos y relacionados, aunque sus mecanismos clínicos y su respuesta terapéutica presentan diferencias importantes respecto del trastorno obsesivo-compulsivo clásico.

La importancia clínica de la tricotilomanía deriva de que no constituye simplemente un hábito desagradable o una conducta voluntaria repetitiva. En una proporción importante de las personas afectadas existe una interacción compleja entre impulsos internos, estados emocionales, estímulos ambientales, sensaciones corporales, aprendizaje por refuerzo y mecanismos de control inhibitorio. La conducta puede producir alivio de tensión, gratificación sensorial o reducción momentánea de estados emocionales desagradables, y estas consecuencias pueden reforzar el comportamiento hasta convertirlo en un patrón persistente y difícil de interrumpir.

La evidencia epidemiológica disponible indica que la enfermedad es relativamente frecuente. Un metaanálisis de 30 estudios que incluyó 38 526 participantes estimó una prevalencia de aproximadamente 1,14 % para la tricotilomanía definida mediante criterios diagnósticos, mientras que las conductas de arrancarse el cabello que no necesariamente cumplen todos los criterios del trastorno fueron mucho más frecuentes. Esta diferencia demuestra que arrancarse ocasionalmente el cabello constituye un fenómeno dimensional, mientras que la tricotilomanía representa el extremo clínicamente significativo de ese comportamiento.

Naturaleza de la conducta de arrancarse el cabello

La conducta puede dirigirse prácticamente a cualquier región corporal donde exista cabello o vello. El cuero cabelludo constituye uno de los sitios más frecuentes, seguido por las cejas y las pestañas, aunque también pueden afectarse la barba, el bigote, las regiones púbicas, los brazos, las piernas y otras zonas corporales. Muchas personas presentan afectación de varios sitios simultáneamente. La extracción suele realizarse con los dedos, pero también puede utilizarse instrumental como pinzas, cepillos u otros objetos.

La frecuencia y duración de los episodios son extremadamente variables. Algunas personas pueden arrancarse unos pocos cabellos de manera intermitente, mientras que otras pueden permanecer durante periodos prolongados seleccionando cabellos específicos, manipulándolos y finalmente extrayéndolos. Por esta razón, la gravedad de la enfermedad no debe establecerse únicamente mediante el número de cabellos arrancados, sino considerando también la pérdida de cabello, la dificultad para controlar la conducta, el tiempo consumido, el sufrimiento psicológico y la interferencia con la vida cotidiana.

Un aspecto particularmente importante es que el arrancamiento puede ser consciente, automático o mixto. En la modalidad consciente, la persona reconoce el impulso, identifica el cabello que desea arrancar y participa activamente en la conducta. En la modalidad automática, el arrancamiento puede producirse mientras la persona está leyendo, estudiando, viendo televisión, utilizando un dispositivo electrónico, descansando o realizando otra actividad que absorba parcialmente su atención. En estos casos, la persona puede descubrir posteriormente que ha producido una cantidad considerable de pérdida capilar sin haber experimentado una decisión consciente claramente identificable antes de cada extracción.

Esta distinción es fundamental porque explica por qué decir simplemente a una persona que “deje de arrancarse el cabello” suele ser insuficiente. Cuando el comportamiento está parcialmente automatizado, la intervención debe aumentar primero la capacidad de detectar las señales precursoras y los contextos en los que aparece la conducta. La terapia conductual moderna aprovecha precisamente este principio mediante entrenamiento de conciencia, identificación de estímulos desencadenantes y desarrollo de respuestas alternativas incompatibles con el arrancamiento.

El ciclo psicológico y conductual

La tricotilomanía puede entenderse mejor como un circuito de conducta reforzada. Un episodio puede comenzar con una situación externa, una emoción, una sensación corporal o una percepción específica del cabello. Entre los antecedentes descritos se encuentran el estrés, el aburrimiento, la inactividad, la tensión emocional y determinadas situaciones en las que la persona permanece sola o mantiene las manos libres durante periodos prolongados.

Después puede aparecer una sensación interna difícil de describir, como tensión, inquietud, incomodidad, necesidad imperiosa de corregir una irregularidad táctil o sensación de que determinado cabello “debe” ser eliminado. La persona localiza entonces un cabello que considera diferente por su textura, longitud o posición y comienza a manipularlo. La extracción puede producir una sensación de placer, gratificación, satisfacción sensorial o alivio. No todas las personas experimentan la misma secuencia y no es obligatorio que exista una sensación consciente de tensión inmediatamente antes del arrancamiento. Precisamente por esta variabilidad, los criterios diagnósticos modernos no requieren que la persona experimente necesariamente tensión previa y alivio posterior.

El alivio inmediato constituye un elemento especialmente importante desde el punto de vista del aprendizaje. Si una conducta reduce momentáneamente una experiencia desagradable, aumenta la probabilidad de que vuelva a producirse en circunstancias similares. Este proceso se denomina refuerzo negativo. Si además la conducta produce una sensación placentera o gratificante, puede intervenir simultáneamente un proceso de refuerzo positivo. De esta manera, el arrancamiento puede adquirir progresivamente propiedades automáticas y convertirse en una respuesta habitual frente a determinadas emociones, contextos o sensaciones corporales.

Después del episodio pueden aparecer vergüenza, culpa, frustración, preocupación por la apariencia física o temor a que otras personas descubran las zonas afectadas. La persona puede entonces ocultar la pérdida de cabello mediante peinados, maquillaje, sombreros, pestañas artificiales, pelucas u otras estrategias. La evitación de actividades sociales también puede aumentar. Este conjunto de consecuencias puede incrementar el estrés psicológico y, paradójicamente, favorecer nuevas conductas de arrancamiento, estableciendo un ciclo de mantenimiento.

Edad de inicio y evolución

La tricotilomanía suele comenzar durante la infancia tardía o la adolescencia temprana. Diversos estudios han situado el periodo de aparición típico alrededor de los 10 a 13 años, aunque existe considerable variabilidad individual. En la infancia, la distribución entre hombres y mujeres parece ser más equilibrada; en muestras de adultos se ha observado una mayor proporción de mujeres, aunque los estudios epidemiológicos más recientes indican que esta diferencia puede ser menor de lo que tradicionalmente se había considerado y que existen importantes problemas de subdiagnóstico, especialmente en hombres.

El curso puede ser persistente y fluctuante. Algunas personas presentan periodos de mejoría espontánea o asociados con cambios ambientales, mientras que otras mantienen la conducta durante años. La evolución depende de múltiples factores, entre ellos la edad de inicio, la gravedad, el grado de automatización del comportamiento, la presencia de trastornos psiquiátricos concomitantes, la capacidad de reconocer los desencadenantes y el acceso a tratamiento especializado.

La enfermedad puede interferir considerablemente con la calidad de vida. La pérdida de cabello puede modificar la imagen corporal y favorecer vergüenza, aislamiento social y evitación de situaciones en las que el cabello resulte visible. Actividades aparentemente sencillas, como cortarse el cabello, nadar, practicar determinados deportes, exponerse al viento o establecer relaciones interpersonales, pueden convertirse en situaciones que generan preocupación debido al temor de que otras personas observen las áreas afectadas.

Criterios diagnósticos

El diagnóstico es fundamentalmente clínico. No existe actualmente una prueba sanguínea, estudio de imagen cerebral o biomarcador específico que permita establecer por sí solo el diagnóstico. La evaluación debe determinar si existe arrancamiento recurrente del propio cabello que produce pérdida capilar, si la persona ha intentado repetidamente reducir o detener la conducta y si esta provoca sufrimiento clínicamente significativo o deterioro en áreas importantes de funcionamiento. También debe establecerse que el comportamiento no sea consecuencia de otra enfermedad médica o dermatológica y que no se explique mejor por otro trastorno mental diferente.

El diagnóstico exige una evaluación cuidadosa porque la pérdida capilar puede tener numerosas causas. La alopecia areata, la alopecia androgenética, las infecciones del cuero cabelludo, las alteraciones del tallo piloso, determinadas enfermedades inflamatorias y otros trastornos dermatológicos pueden producir pérdida de cabello sin que exista arrancamiento voluntario o automático. Por esta razón, la exploración dermatológica puede ser necesaria cuando la historia clínica no es suficientemente clara.

También debe distinguirse la tricotilomanía de conductas ocasionales de manipulación del cabello. Muchas personas sanas juegan con su cabello, lo enrollan alrededor de los dedos o arrancan ocasionalmente un cabello aislado. Estas conductas no equivalen necesariamente a un trastorno. La relevancia clínica aparece cuando el arrancamiento es recurrente, produce pérdida capilar y se acompaña de dificultad persistente para controlarlo o de deterioro psicológico, social, académico u ocupacional.

Diferencias con el trastorno obsesivo-compulsivo

Aunque la tricotilomanía pertenece al grupo de los trastornos obsesivo-compulsivos y relacionados, no debe considerarse simplemente una variante del trastorno obsesivo-compulsivo. En este último, las compulsiones suelen realizarse como respuesta a obsesiones, pensamientos intrusivos o temores específicos, mientras que en la tricotilomanía el arrancamiento puede estar impulsado principalmente por una necesidad sensorial, una urgencia conductual, una emoción o una experiencia automática.

Esta diferencia tiene consecuencias terapéuticas importantes. Los tratamientos farmacológicos que son fundamentales para el trastorno obsesivo-compulsivo, especialmente los inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina, no han demostrado de manera consistente una eficacia equivalente para la tricotilomanía. Por el contrario, las intervenciones conductuales específicamente dirigidas al arrancamiento han mostrado efectos considerablemente más sólidos.

Bases neurobiológicas

La etiología de la tricotilomanía es multifactorial y todavía no se encuentra completamente establecida. La investigación disponible apunta hacia una interacción entre vulnerabilidad genética, circuitos cerebrales implicados en el control de impulsos y hábitos, procesamiento emocional, sistemas de recompensa y mecanismos relacionados con la neurotransmisión glutamatérgica y monoaminérgica. Sin embargo, ninguna alteración neurobiológica aislada puede considerarse actualmente una causa específica de la enfermedad.

Los estudios genéticos apoyan la existencia de una contribución hereditaria, pero la evidencia actual no permite identificar un gen único responsable de la tricotilomanía. Una revisión sistemática que reunió 109 estudios concluyó que los factores genéticos desempeñan un papel importante, pero también señaló que todavía no existen factores genéticos específicos de alta confianza establecidos para este trastorno. Esto indica que probablemente intervienen múltiples variantes genéticas de pequeño efecto junto con factores ambientales y del desarrollo.

La investigación ha señalado la participación de circuitos que conectan regiones corticales con estructuras estriatales y talámicas, además de sistemas relacionados con el aprendizaje de hábitos, la selección de respuestas motoras, la recompensa y el control inhibitorio. También se ha estudiado la participación de la neurotransmisión glutamatérgica, dopaminérgica y serotoninérgica. Sin embargo, estos hallazgos deben interpretarse como hipótesis neurobiológicas en desarrollo y no como una prueba de que una única alteración cerebral explique el trastorno.

Consecuencias dermatológicas

La consecuencia física más evidente es la alopecia no cicatricial, es decir, pérdida del cabello sin destrucción permanente del folículo en la mayoría de los casos. La distribución irregular de las áreas de pérdida puede constituir una pista clínica importante. La exploración puede revelar cabellos de diferente longitud debido a que son arrancados en diferentes momentos, además de signos derivados de la manipulación repetida.

La repetición del arrancamiento puede ocasionar irritación cutánea, inflamación local, excoriaciones y lesiones traumáticas. También pueden aparecer lesiones secundarias por manipulación repetitiva de la piel y, en determinadas circunstancias, infecciones locales. La afectación de pestañas y cejas puede tener además consecuencias funcionales y cosméticas importantes.

La evaluación dermatológica adquiere especial importancia cuando existe incertidumbre diagnóstica. El examen microscópico del cabello puede proporcionar información complementaria, aunque el diagnóstico continúa dependiendo principalmente de la historia clínica y de la identificación del patrón conductual.

Tricofagia y tricobezoares

Una complicación particularmente importante aparece cuando la persona no solamente arranca el cabello, sino que además lo ingiere, conducta denominada tricofagia. Esta conducta no está presente en todas las personas con tricotilomanía, pero cuando ocurre puede tener consecuencias gastrointestinales potencialmente graves. Algunas series clínicas han estimado que aproximadamente 10 % a 20 % de las personas con tricotilomanía pueden ingerir el cabello después de arrancarlo.

El cabello ingerido es resistente a la digestión y puede acumularse progresivamente dentro del estómago, formando una masa denominada tricobezoar. Si esta masa crece y se extiende desde el estómago hacia el intestino delgado puede producir el denominado síndrome de Rapunzel. Se han descrito complicaciones como obstrucción gastrointestinal, perforación intestinal, pancreatitis y alteraciones obstructivas de la vía biliar.

Por esta razón, en una evaluación clínica completa debe preguntarse de manera directa y sin emitir juicios acerca de la posible ingestión del cabello. La presencia de tricofagia modifica la evaluación del riesgo y puede justificar una valoración médica gastrointestinal cuando existen síntomas compatibles. Los tricobezoares grandes pueden requerir extracción endoscópica o quirúrgica dependiendo de su tamaño, localización y complicaciones.

Trastornos asociados

La tricotilomanía presenta una elevada frecuencia de comorbilidad psiquiátrica. Se han descrito asociaciones con trastornos de ansiedad, trastornos depresivos, trastornos relacionados con el control de impulsos, trastornos por consumo de sustancias y otros trastornos obsesivo-compulsivos y relacionados. La coexistencia de estas condiciones puede modificar la expresión clínica y aumentar el deterioro funcional.

También existe una relación clínica importante con el trastorno de excoriación, caracterizado por arrancarse o manipular repetidamente la piel hasta producir lesiones. Ambos trastornos comparten características conductuales, pueden coexistir y parecen presentar determinados factores de vulnerabilidad comunes, aunque constituyen diagnósticos diferentes.

La evaluación de estas comorbilidades es importante porque el objetivo terapéutico no debe limitarse necesariamente al número de cabellos arrancados. Una persona puede presentar una disminución parcial del arrancamiento pero continuar experimentando depresión, ansiedad, aislamiento social o deterioro funcional significativo. El tratamiento integral debe, por tanto, considerar el conjunto de problemas que mantienen o agravan la enfermedad.

Tratamiento

El tratamiento de primera elección se basa en intervenciones conductuales especializadas, especialmente aquellas que incorporan entrenamiento para la inversión del hábito. La evidencia acumulada mediante ensayos clínicos y metaanálisis muestra que las intervenciones conductuales con componentes de entrenamiento para la inversión del hábito presentan los efectos terapéuticos más consistentes disponibles actualmente. Un metaanálisis actualizado de 2026, que incorporó 29 ensayos para el metaanálisis convencional y 30 para el metaanálisis en red, encontró evidencia particularmente favorable para la terapia conductual con entrenamiento para la inversión del hábito y para la terapia de aceptación y compromiso combinada con entrenamiento para la inversión del hábito.

El entrenamiento para la inversión del hábito contiene tres componentes fundamentales. El primero es el entrenamiento de conciencia, mediante el cual la persona aprende a identificar con precisión cuándo, dónde y bajo qué circunstancias aparece el impulso o el arrancamiento. El segundo es el control de estímulos, cuyo objetivo consiste en modificar el entorno para dificultar la ejecución automática de la conducta. El tercero es el entrenamiento de una respuesta competitiva, que consiste en realizar una conducta físicamente incompatible con arrancarse el cabello cuando aparece el impulso.

El entrenamiento de conciencia es especialmente importante porque muchas personas no perciben inicialmente los desencadenantes de su comportamiento. Registrar las circunstancias en las que aparece el arrancamiento permite identificar patrones: determinadas posiciones corporales, momentos de inactividad, estados emocionales, superficies reflectantes, sensaciones táctiles del cabello o determinadas actividades pueden actuar como señales precursoras. Una vez identificadas estas señales, es posible intervenir antes de que la conducta alcance su fase automática.

El control de estímulos introduce modificaciones ambientales destinadas a interrumpir la secuencia automática. Pueden utilizarse barreras físicas, modificaciones del espacio de descanso o trabajo, reducción del acceso inmediato a instrumentos utilizados para arrancar cabello y otras estrategias individualizadas. Su finalidad no es simplemente impedir físicamente la conducta, sino introducir una pausa entre el impulso y la respuesta para permitir que se active una estrategia alternativa.

La respuesta competitiva constituye el tercer elemento esencial. Cuando aparece el impulso, la persona aprende a ejecutar durante un periodo breve una conducta incompatible con arrancarse el cabello. De esta manera se interrumpe físicamente la secuencia motora habitual y se permite que la intensidad del impulso disminuya sin necesidad de realizar el arrancamiento.

Las intervenciones pueden ampliarse mediante técnicas de terapia cognitivo-conductual, regulación emocional, aceptación y compromiso y otras estrategias dirigidas a mejorar la tolerancia del malestar. Las formas de terapia que combinan entrenamiento para la inversión del hábito con técnicas de aceptación y compromiso han mostrado resultados prometedores y forman parte de las líneas terapéuticas con mayor interés en investigaciones recientes.

Tratamiento farmacológico

No existe actualmente un medicamento aprobado específicamente como tratamiento de primera línea para la tricotilomanía con una eficacia establecida de manera comparable a la de los tratamientos conductuales. La evidencia farmacológica es considerablemente más limitada y heterogénea. Una revisión sistemática de la colaboración Cochrane concluyó que la evidencia disponible era insuficiente para confirmar o excluir definitivamente la eficacia de cualquier medicamento o clase farmacológica en adultos, niños o adolescentes.

La N-acetilcisteína es uno de los medicamentos más estudiados. Su interés se relaciona, entre otros aspectos, con su capacidad para modular mecanismos relacionados con el sistema glutamatérgico y con sus propiedades antioxidantes. Ensayos clínicos individuales y metaanálisis han encontrado señales de eficacia, particularmente en adultos, aunque la evidencia todavía no permite considerarla universalmente eficaz ni sustituir el tratamiento conductual.

La clomipramina y la olanzapina también han mostrado resultados positivos en determinados ensayos clínicos. Sin embargo, los tamaños muestrales de muchos estudios han sido pequeños y los resultados no han sido reproducidos con suficiente amplitud como para establecer una recomendación farmacológica universal. Además, estos medicamentos poseen perfiles de efectos adversos que deben considerarse cuidadosamente.

Los inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina han sido investigados extensamente debido a la relación histórica entre la tricotilomanía y el espectro obsesivo-compulsivo. Sin embargo, los ensayos controlados no han demostrado de manera consistente que sean superiores al placebo para reducir directamente el arrancamiento. Esto constituye una diferencia clínica importante respecto del tratamiento farmacológico del trastorno obsesivo-compulsivo.

La evidencia más reciente continúa favoreciendo las intervenciones conductuales basadas en el entrenamiento para la inversión del hábito. Los análisis contemporáneos también han encontrado resultados favorables para la terapia de aceptación y compromiso combinada con entrenamiento para la inversión del hábito y para la N-acetilcisteína, aunque algunas intervenciones farmacológicas prometedoras todavía necesitan mayor replicación mediante ensayos clínicos independientes y muestras más amplias.

Pronóstico y recaída

La respuesta al tratamiento no debe interpretarse como un fenómeno necesariamente permanente. La reducción inicial del arrancamiento puede ser considerable, pero algunas personas experimentan recurrencias, particularmente cuando reaparecen los contextos emocionales o ambientales que originalmente mantenían el comportamiento. Los estudios de seguimiento han demostrado que una parte de las personas puede presentar incremento de los síntomas después de finalizar la intervención.

Esto se explica porque la terapia no solamente debe reducir el número de episodios durante el periodo de tratamiento, sino modificar progresivamente el circuito que conecta desencadenantes, impulso, conducta y recompensa. La adquisición de conciencia sobre los desencadenantes, el dominio de respuestas alternativas y la capacidad para tolerar el impulso sin ejecutar el arrancamiento son elementos fundamentales para favorecer la estabilidad a largo plazo.

La recaída, por tanto, no debe interpretarse automáticamente como fracaso terapéutico. Desde una perspectiva conductual, puede representar la reaparición de una respuesta aprendida cuando vuelven a presentarse estímulos previamente asociados con ella. La identificación temprana de estos episodios permite reinstalar las estrategias conductuales antes de que el patrón alcance nuevamente una intensidad elevada.

Importancia del reconocimiento clínico

Uno de los problemas centrales de la tricotilomanía es el subdiagnóstico. Muchas personas sienten vergüenza, intentan ocultar la pérdida capilar y evitan hablar espontáneamente sobre el arrancamiento. Como consecuencia, pueden consultar inicialmente por la alopecia y no por el comportamiento que la produce. Este fenómeno puede retrasar durante años la identificación del trastorno y el acceso a un tratamiento especializado.

La evaluación clínica debe realizarse con una actitud neutral y no moralizante. El comportamiento no debe interpretarse como falta de voluntad o debilidad de carácter. La naturaleza repetitiva, parcialmente automática y reforzada de la conducta explica por qué una persona puede reconocer perfectamente las consecuencias negativas del arrancamiento y, aun así, tener grandes dificultades para detenerlo.

En términos neuroconductuales, la tricotilomanía puede entenderse como una alteración de la capacidad para regular una respuesta repetitiva que ha adquirido valor reforzante. Esta conceptualización resulta especialmente útil porque desplaza la explicación desde una interpretación moral de la conducta hacia un modelo basado en aprendizaje, control inhibitorio, procesamiento emocional y circuitos de hábito y recompensa.

La tricotilomanía es un trastorno complejo en el que el arrancamiento recurrente del cabello o vello constituye la expresión visible de una interacción mucho más profunda entre vulnerabilidad individual, aprendizaje conductual, estados emocionales, estímulos ambientales y mecanismos neurobiológicos. Su importancia no reside únicamente en la alopecia que produce, sino también en la posibilidad de generar sufrimiento psicológico, deterioro social y funcional, lesiones dermatológicas y, cuando existe ingestión del cabello, complicaciones gastrointestinales potencialmente graves.

La evidencia científica disponible permite establecer una conclusión particularmente importante: la tricotilomanía no debe considerarse simplemente un mal hábito que puede eliminarse mediante fuerza de voluntad. Es un trastorno tratable que requiere comprender la secuencia que precede y sigue al arrancamiento. El entrenamiento para la inversión del hábito constituye actualmente una de las intervenciones con mayor respaldo científico, mientras que determinadas estrategias farmacológicas, especialmente la N-acetilcisteína, representan opciones que pueden considerarse en circunstancias seleccionadas y dentro de una evaluación clínica individualizada.

La comprensión científica de la tricotilomanía continúa evolucionando. La investigación genética, neurobiológica y conductual está comenzando a explicar por qué algunas personas desarrollan una vulnerabilidad particular hacia estos comportamientos y por qué diferentes pacientes responden de manera distinta a las mismas intervenciones. Esta perspectiva abre la posibilidad de desarrollar tratamientos cada vez más personalizados, eficaces y capaces de prevenir las recaídas.

 

 

 

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Fuente y lecturas recomendadas:
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