Acceso venoso periférico en pacientes pediátricos
Acceso venoso periférico en pacientes pediátricos

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El acceso venoso periférico en pacientes pediátricos constituye un procedimiento invasivo fundamental dentro de la práctica clínica, orientado a la colocación de un catéter venoso de corta longitud en una vena periférica. Esta intervención, aparentemente sencilla, requiere un conocimiento profundo de la anatomía venosa infantil, así como de las particularidades fisiológicas y psicológicas propias de la población pediátrica. Las venas periféricas en niños suelen ser más pequeñas y frágiles que en adultos, y su localización puede verse afectada por la edad, el estado de hidratación y la cooperación del paciente, factores que condicionan la selección del sitio de punción y la técnica empleada.

El principal objetivo de la colocación de un acceso venoso periférico es facilitar la administración de soluciones intravenosas, medicamentos y productos sanguíneos, así como permitir la extracción de muestras de sangre para análisis diagnósticos. Este acceso constituye un recurso terapéutico indispensable, especialmente en situaciones de urgencia o en pacientes que requieren tratamientos prolongados o monitoreo constante. Además, la disponibilidad de un acceso vascular confiable contribuye a reducir el número de punciones necesarias, disminuyendo el dolor, el estrés y la ansiedad asociados al procedimiento, factores especialmente relevantes en niños, quienes presentan mayor sensibilidad emocional frente a procedimientos invasivos.

Desde una perspectiva basada en la evidencia, la técnica de inserción de un catéter venoso periférico debe seguir protocolos estandarizados que garanticen la seguridad del paciente y minimicen la ocurrencia de complicaciones, tales como extravasación, trombosis, flebitis o infección local. La selección cuidadosa de la vena adecuada, la antisepsia correcta, el uso de materiales de calidad y la observación continua del sitio de punción constituyen pilares fundamentales para asegurar un procedimiento eficaz y seguro. La formación del personal de salud en técnicas de acceso venoso pediátrico, así como la implementación de guías clínicas basadas en evidencia científica, permite optimizar los resultados, mejorar la experiencia del paciente y reducir los riesgos asociados a la intervención.


Indicaciones

1. Administración de medicación

El acceso venoso periférico permite la administración directa de fármacos al torrente sanguíneo, garantizando una absorción rápida y controlada. Esto es especialmente importante en pacientes pediátricos, en quienes la vía oral puede no ser factible por vómitos, dificultades para deglutir o compromiso del estado de conciencia. A través del catéter venoso, se pueden administrar medicamentos con distintos mecanismos de acción y tiempos de efecto, desde antibióticos hasta analgésicos y agentes inotrópicos, asegurando un control preciso de la dosis y la frecuencia, y reduciendo la variabilidad en la respuesta terapéutica.

2. Administración de líquidos y electrólitos

Los líquidos intravenosos son esenciales para mantener la homeostasis hídrica y electrolítica en los niños, quienes son particularmente vulnerables a desequilibrios debido a su menor reserva corporal y mayor proporción de agua en relación con el peso corporal. El acceso venoso periférico facilita la reposición rápida de líquidos, la corrección de deshidratación, la administración de soluciones glucosadas y electrolíticas, y la estabilización del volumen intravascular, aspectos críticos en situaciones como diarreas, vómitos o pérdida aguda de sangre.

3. Administración de sangre y hemoderivados

En situaciones en las que el paciente pediátrico requiere transfusión de sangre o componentes sanguíneos, el acceso venoso periférico permite la administración segura de estos productos. La transfusión puede ser necesaria para corregir anemias severas, coagulopatías o pérdidas sanguíneas agudas. La colocación de un catéter periférico asegura un flujo controlado y continuo de los hemoderivados, disminuyendo riesgos de reacciones adversas y permitiendo una vigilancia estrecha durante el procedimiento.

4. Extracción de sangre venosa

El acceso venoso también facilita la obtención de muestras sanguíneas para análisis clínicos, evitando múltiples punciones y reduciendo el dolor y la ansiedad en los niños. La disponibilidad de un catéter periférico permite recolectar sangre de manera rápida, continua y bajo condiciones estériles, lo que contribuye a diagnósticos precisos y al monitoreo de parámetros críticos como gases sanguíneos, electrolitos, glucosa, hemoglobina y marcadores de infección o inflamación.

5. Mantener un acceso vascular en pacientes críticos o con riesgo de inestabilidad

Algunos pacientes pediátricos presentan estados clínicos que pueden evolucionar rápidamente hacia la inestabilidad hemodinámica, como los recién nacidos prematuros, pacientes con sepsis, traumatismos o patologías cardíacas. En estos casos, disponer de un acceso venoso periférico preestablecido permite la administración inmediata de líquidos, medicamentos vasoactivos o productos sanguíneos en situaciones de emergencia. Esta preparación anticipada constituye una estrategia de seguridad que puede marcar la diferencia en la respuesta clínica y la supervivencia del paciente.


Preparación

La correcta preparación antes de realizar un acceso venoso periférico constituye un elemento crucial para garantizar la seguridad del paciente, la eficacia del procedimiento y la prevención de complicaciones. Esta preparación abarca múltiples dimensiones: evaluación del paciente, selección del sitio de punción, elección del material adecuado, preparación del personal y uso de estrategias que minimicen el dolor y la ansiedad.

Precauciones y contraindicaciones relativas

Antes de seleccionar el sitio para la punción, se deben considerar varias recomendaciones para reducir riesgos y mejorar el éxito del procedimiento:

  • Si se prevén intervenciones quirúrgicas, es recomendable utilizar el lado contrario al de la cirugía programada, evitando interferencias o traumatismos durante el procedimiento quirúrgico.
  • No se debe canalizar un acceso venoso por encima de una vía existente, ya sea periférica o central, para prevenir obstrucciones, trombosis o extravasaciones.
  • Es fundamental evitar intentos repetidos en la misma zona, ya que el trauma local puede generar hematomas, inflamación o daño venoso que comprometa futuras punciones.
  • Las zonas con lesiones cutáneas, quemaduras o hematomas deben ser descartadas como sitios de inserción, ya que aumentan el riesgo de infección y complicaciones locales.
  • Debe evitarse la punción en miembros con flebitis activa o quemaduras recientes.
  • Preferentemente, se deben canalizar venas en miembros superiores o en la región cefálica, ya que los accesos en miembros inferiores se asocian con mayor incidencia de flebitis y complicaciones a largo plazo como varices.
Preparación del lugar y del material

El procedimiento debe realizarse en un entorno limpio y adecuado, típicamente un box preparado específicamente para este tipo de técnica. La correcta disposición de los materiales asegura eficiencia y seguridad:

  • Guantes desechables y gasas estériles para mantener la asepsia.
  • Antisépticos: clorhexidina acuosa al dos por ciento para menores de dos años, neonatos y áreas lesionadas; alcohol al setenta por ciento o clorhexidina alcohólica para pacientes mayores de dos años y para la extracción de hemocultivos.
  • Compresor o torniquete para facilitar la visualización y palpación de las venas.
  • Catéter apropiado, seleccionado según la edad, el tamaño del paciente y el tipo de tratamiento a administrar (generalmente calibre 22 a 24).
  • Jeringa y suero fisiológico para salinizar la llave de tres vías, alargaderas y tapones para sellarla, si se utilizan.
  • Apósito transparente estéril y esparadrapo, para asegurar la fijación del catéter.
  • Férula, si es necesario inmovilizar el miembro.
  • Rasuradora, únicamente si es necesario canalizar la vena temporal en lactantes.
  • Contenedor para material punzante, para eliminar de manera segura agujas y catéteres utilizados.
Preparación del personal

El personal debe cumplir estrictamente con las medidas de higiene:

  • Lavado higiénico de manos antes y después del procedimiento.
  • Colocación de guantes no estériles para manipulación inicial y estériles si la técnica lo requiere.
Preparación del paciente

El manejo del paciente pediátrico requiere estrategias específicas para reducir el dolor y la ansiedad:

  • Confirmar la identidad del paciente siguiendo el protocolo institucional.
  • Aplicar medidas no farmacológicas según la edad, como distracción, contención suave o la presencia de los cuidadores.
  • Valorar la necesidad de sedoanalgesia farmacológica: óxido nitroso, midazolam intranasal o, en neonatos y lactantes, glucosa o sacarosa al 24 % por vía oral.
  • Considerar anestésicos tópicos: crema EMLA® aplicada con una hora de anticipación, o cloruro de etilo en aerosol aplicado a 15 centímetros del sitio de punción, realizando la punción inmediatamente debido a la corta duración del efecto analgésico.
  • Colocar al paciente en posición adecuada, exponiendo claramente la zona elegida para la punción.
Herramientas tecnológicas

Actualmente, existen dispositivos que facilitan la identificación de vasos venosos, especialmente en pacientes con venas difíciles de visualizar. Entre estas herramientas se encuentran el ultrasonido, la luz infrarroja y técnicas eco-facilitadoras o ecoguiadas, que aumentan la tasa de éxito del acceso venoso y disminuyen los intentos fallidos.


Técnica

La realización del acceso venoso periférico requiere un abordaje sistemático, que combine precisión técnica, conocimientos anatómicos y consideraciones sobre el bienestar del paciente. Cada paso es fundamental para asegurar que el procedimiento se lleve a cabo de manera efectiva, minimizando el dolor, el estrés y las posibles complicaciones.

Inmovilización de la zona a puncionar: El primer aspecto crítico es la inmovilización adecuada del área donde se realizará la punción. En pacientes pediátricos, especialmente los más pequeños o no colaboradores, la sujeción correcta es determinante para el éxito del procedimiento. Una inmovilización segura permite mantener la vena estable durante la inserción del catéter, reduce el riesgo de desplazamientos accidentales y disminuye la posibilidad de dolor adicional o trauma local. La posición del paciente debe ser cómoda, con el miembro a canalizar bien expuesto, y el equipo de salud debe asegurarse de que el niño esté contenido suavemente, sin generar ansiedad ni incomodidad innecesaria.

Selección del sitio de punción: La elección de la vena adecuada es un paso crucial. Se priorizan venas de mayor calibre y trayecto rectilíneo, ya que facilitan la inserción del catéter y reducen la probabilidad de extravasación o trombosis. Es recomendable comenzar la búsqueda en zonas distales, avanzando hacia regiones proximales solo si no se encuentra un acceso viable. Esta estrategia preserva venas futuras para procedimientos posteriores y disminuye el riesgo de complicaciones.

Desinfección: Antes de la inserción, la piel debe limpiarse con una gasa estéril impregnada en un antiséptico adecuado según la edad del paciente. La técnica correcta consiste en realizar movimientos circulares desde el centro hacia la periferia del área de punción, garantizando la eliminación de microorganismos superficiales. Es fundamental permitir que el antiséptico se seque completamente durante el tiempo indicado por el fabricante, ya que la humedad residual puede interferir con la adhesión del catéter y aumentar el riesgo de infección.

Aplicación del compresor o torniquete: Se coloca un compresor entre cinco y diez centímetros por encima del sitio de punción para congestionar la vena, facilitando su palpación y visualización. Este dispositivo no debe mantenerse más de dos minutos para evitar isquemia local o incomodidad innecesaria.

Selección del catéter y técnica de inserción: El catéter debe ser elegido de acuerdo con la edad del paciente, el calibre venoso y el tipo de tratamiento a administrar. Con la mano no dominante se realiza una ligera tracción de la piel para fijar la vena, mientras con la mano dominante se introduce el catéter con el bisel orientado hacia arriba, formando un ángulo de diez a treinta grados con respecto a la piel. La aparición de sangre en el reservorio del catéter indica que se ha alcanzado la luz venosa; en ese momento, se detiene la inserción, se retira el fiador y se avanza suavemente el catéter, asegurando su correcta colocación. La aguja utilizada se deposita inmediatamente en un contenedor para material punzante, cumpliendo con las normas de bioseguridad.

Conexión y comprobación del flujo: Una vez insertado el catéter, se retira el compresor y se conecta la llave de tres vías previamente purgada con suero salino fisiológico. Se debe comprobar el reflujo de sangre y la ausencia de signos de extravasación al introducir el suero, confirmando que el acceso es funcional.

Fijación del catéter y protección del sitio de inserción: Para asegurar la estabilidad del catéter, se recomienda colocar una tira adhesiva en la base y otra perpendicular en la parte superior. Posteriormente, se coloca un apósito transparente sobre la zona de punción, permitiendo la visualización continua del sitio para detectar tempranamente signos de complicación, como enrojecimiento, hematoma o extravasación. Si es necesario, el miembro puede inmovilizarse con una férula acolchada adecuada, reduciendo el riesgo de movimientos que puedan desplazar el catéter.

Al concluir, el personal retira los guantes y realiza un lavado higiénico de manos, cumpliendo con los estándares de asepsia y prevención de infecciones cruzadas. Además, se debe documentar el procedimiento, incluyendo sitio de punción, calibre del catéter, número de intentos y cualquier complicación observada.


Seguimiento

Una vez finalizada la canalización venosa periférica, los cuidados posteriores son esenciales para garantizar la seguridad del paciente, mantener la funcionalidad del catéter y prevenir complicaciones. La fase de seguimiento no requiere personal específico, pero sí implica vigilancia constante y aplicación de normas de asepsia estrictas.

Ubicación y ambiente: El paciente debe permanecer en un espacio adecuado, generalmente el mismo box donde se realizó la técnica, asegurando que el entorno sea seguro, limpio y controlado. Esto permite la observación continua del catéter, la rápida identificación de signos de alarma y la intervención inmediata si surgen complicaciones.

Mantenimiento del catéter y apósito: El apósito que cubre el catéter debe permanecer limpio, seco y correctamente fijado, incluyendo la férula si se ha utilizado para inmovilizar el miembro. Durante el cambio de apósito, es fundamental evitar el contacto directo con el punto de inserción, minimizando el riesgo de contaminación. La limpieza y desinfección de la zona circundante deben seguir protocolos estrictos de asepsia para prevenir infecciones locales o sistémicas.

Observación de signos de alarma: Se debe realizar una valoración frecuente de la zona de inserción, buscando signos de extravasación y flebitis. La extravasación se manifiesta mediante edema, palidez o frialdad en el área cercana al catéter, mientras que la flebitis puede presentar enrojecimiento, endurecimiento, calor local y dolor durante la infusión de líquidos o fármacos. La aparición de fiebre sin otra causa aparente también debe alertar al personal, pues puede indicar complicación infecciosa. Ante cualquiera de estos signos, el catéter debe ser retirado inmediatamente y se deben implementar medidas de tratamiento y prevención adecuadas.

Aseguramiento de la permeabilidad y manipulación del sistema: Antes de administrar cualquier fármaco, líquido o nutrición parenteral, es imprescindible verificar que el catéter mantiene su permeabilidad mediante la infusión de suero fisiológico. Los sistemas de perfusión deben cambiarse siguiendo estrictamente las normas de asepsia establecidas en cada servicio de urgencias. Se recomienda limitar el número de llaves de tres vías utilizadas y nunca reutilizar los tapones, con el fin de prevenir contaminación y complicaciones.

Retiro del catéter: El catéter venoso periférico debe retirarse tan pronto como el estado clínico del paciente lo permita, evitando mantener accesos innecesarios que aumenten el riesgo de flebitis, infección o extravasación. La retirada temprana contribuye a reducir la morbilidad asociada a los accesos periféricos prolongados.


Complicaciones

El fracaso del acceso puede deberse a diversos factores, entre ellos: inmovilización insuficiente del paciente, técnica de punción deficiente o fijación incorrecta del catéter. Las principales complicaciones incluyen:

• Flebitis, que puede ser mecánica, química o infecciosa.

• Infección local de la zona de inserción.

• Hematoma o equimosis, resultado de la ruptura de la vena durante la punción.

• Obstrucción del catéter, que impide la administración de fluidos.

• Salida accidental del catéter por fijación inadecuada o manipulación indebida.

• Punción arterial inadvertida.

• Extravasación de líquidos o medicamentos.

 

Para garantizar la correcta realización de la técnica, es fundamental que el paciente se encuentre tranquilo y colabore evitando movimientos del miembro puncionado durante la canalización. Para lograr este estado de confort, se deben considerar estrategias tanto farmacológicas como no farmacológicas, adaptadas a la edad del paciente y a sus necesidades emocionales, e involucrar a la familia en la creación de un entorno seguro y calmado. La combinación de una técnica cuidadosa, observación constante y medidas de confort contribuye a maximizar la eficacia del acceso venoso periférico y a minimizar riesgos para el niño o la niña.

 

 

 

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Fuente y lecturas recomendadas:
  1. Benito Fernández, F. J., & Mintegi Raso, S. (2024). Urgencias pediátricas. Guía de actuación (3.ª ed.). Editorial Médica Panamericana.
  2. Casado Flores, J., & Serrano González, A. (Eds.). (2012). Urgencias y emergencias pediátricas (2 tomos). Editorial Océano / Ergon.
  3. Cydulka, R. K., et al. (Eds.). (2018). Manual de medicina de urgencias de Tintinalli (8.ª ed.). McGraw‑Hill.
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