La cirugía abierta constituye una de las expresiones más complejas y refinadas de las ciencias de la salud, pues integra conocimiento anatómico, fisiológico, patológico y técnico con la toma de decisiones clínicas orientadas al bienestar del paciente. Desde un punto de vista científico, la cirugía no se limita al acto operatorio en sí mismo, sino que comprende un proceso integral que inicia con la evaluación diagnóstica, continúa con la intervención quirúrgica propiamente dicha y culmina con el seguimiento posoperatorio y la rehabilitación. Su finalidad última es restaurar, conservar o mejorar la función de los tejidos y órganos, así como aliviar el sufrimiento humano derivado de la enfermedad.
La cirugía abierta se caracteriza por el acceso directo a los órganos mediante la sección controlada de los tejidos, lo que exige una metodología rigurosa. Esta metodología se estructura en una secuencia lógica de pasos conocidos como tiempos quirúrgicos fundamentales. Dichos tiempos no son arbitrarios, sino que responden a principios biológicos y mecánicos que buscan minimizar el daño tisular, reducir el riesgo de complicaciones y optimizar los resultados funcionales y estéticos. En conjunto, estos tiempos conforman la técnica quirúrgica.
Incisión: sección metódica
La incisión representa el primer contacto físico con el campo operatorio y constituye la puerta de entrada al abordaje quirúrgico. Desde el punto de vista científico, la incisión debe planearse con base en el conocimiento detallado de la anatomía regional, la disposición de los planos tisulares, la vascularización, la inervación y las líneas de tensión de la piel. Una incisión correctamente diseñada facilita el acceso al órgano de interés, reduce el traumatismo innecesario y favorece una cicatrización adecuada.
La sección de los tejidos no es un acto brusco ni indiscriminado, sino una maniobra precisa, progresiva y controlada. Cada plano anatómico se abre de manera ordenada, respetando estructuras nobles y evitando lesiones colaterales. La denominación de muchas incisiones refleja la evolución histórica del conocimiento quirúrgico, ya sea por el cirujano que las describió o por la región anatómica donde se realizan, lo cual subraya la importancia de la experiencia acumulada y de la estandarización de técnicas seguras y reproducibles.
Hemostasia: control del medio interno
La hemostasia es un pilar esencial de la cirugía abierta, ya que el control del sangrado es indispensable para mantener la estabilidad hemodinámica del paciente y permitir una adecuada visualización del campo operatorio. Desde el punto de vista fisiológico, la hemorragia no controlada altera el equilibrio del medio interno, compromete la oxigenación tisular y aumenta el riesgo de choque, infección y retraso en la cicatrización.
La hemostasia temporal cumple la función de controlar el sangrado de manera inmediata y reversible, lo que permite al cirujano identificar estructuras, continuar la disección y planear el control definitivo. En cambio, la hemostasia definitiva establece una interrupción permanente del flujo sanguíneo mediante técnicas mecánicas, térmicas o de sutura, facilitando la acción del sistema de coagulación propio del organismo. El dominio de estas técnicas refleja la comprensión de la anatomía vascular y de los mecanismos de coagulación, así como la destreza manual del cirujano.
Exposición: visibilidad y seguridad
La exposición adecuada del órgano o tejido a intervenir es un requisito indispensable para realizar maniobras quirúrgicas precisas y seguras. La cirugía abierta depende en gran medida de la capacidad del equipo quirúrgico para crear un campo operatorio amplio, limpio y estable. La exposición no solo mejora la visibilidad, sino que reduce la probabilidad de lesiones accidentales y permite una manipulación cuidadosa de las estructuras.
La separación y la retracción de los tejidos pueden realizarse de forma activa o pasiva, según las necesidades del procedimiento. La separación activa implica una interacción constante entre el cirujano y el ayudante, adaptándose dinámicamente a cada etapa de la intervención. La separación pasiva, por su parte, mantiene los tejidos retraídos de manera sostenida, lo que favorece la ergonomía y la concentración del cirujano. En ambos casos, la limpieza del campo operatorio es esencial para evitar la acumulación de sangre o fluidos que dificulten la identificación anatómica.
Disección: respeto por los planos anatómicos
La disección es uno de los tiempos más delicados y conceptualmente complejos de la técnica quirúrgica. Consiste en la separación metódica de tejidos y estructuras siguiendo los planos anatómicos naturales, conocidos como planos de clivaje. El objetivo de la disección es aislar, liberar o resecar un órgano o lesión con el menor daño posible a los tejidos circundantes.
La disección roma se apoya en la comprensión de la anatomía y en la sensibilidad táctil del cirujano, permitiendo separar tejidos mediante presión suave o instrumentos sin filo. Esta técnica es particularmente útil para preservar estructuras vasculares y nerviosas. La disección cortante, en cambio, utiliza instrumentos afilados o energía controlada para seccionar tejidos de manera precisa. La elección entre una y otra depende del tipo de tejido, del objetivo quirúrgico y del balance entre eficacia y seguridad.
Sutura: restauración de la continuidad tisular
La sutura representa el tiempo final de la cirugía abierta y simboliza el cierre del proceso operatorio. Desde una perspectiva biológica, la sutura busca restablecer la continuidad anatómica de los tejidos, favorecer la cicatrización por primera intención y prevenir complicaciones como dehiscencias, infecciones o hernias.
La selección del material de sutura y de la técnica adecuada no es trivial, ya que debe considerar factores como la resistencia mecánica requerida, la capacidad de absorción, la reacción tisular y el tiempo de cicatrización de cada tejido. Cuando la sutura une dos estructuras con una luz interna común, se habla de anastomosis, un procedimiento que exige precisión extrema para garantizar la permeabilidad y la función del órgano reconstruido. En el cierre de los planos quirúrgicos, cada capa debe ser reaproximada de manera anatómica, respetando su función y contribuyendo a un resultado duradero y funcional.

Fuente y lecturas recomendadas:
- Townsend, C. M., Beauchamp, R. D., Evers, B. M., & Mattox, K. L. (2022). Sabiston. Tratado de cirugía. Fundamentos biológicos de la práctica quirúrgica moderna (21.ª ed.). Elsevier España.
- Brunicardi F, & Andersen D.K., & Billiar T.R., & Dunn D.L., & Kao L.S., & Hunter J.G., & Matthews J.B., & Pollock R.E.(2020), Schwartz. Principios de Cirugía, (11e.). McGraw-Hill Education.
- Asociación Mexicana de Cirugía General. (2024). Nuevo Tratado de Cirugía General (1.ª ed.). Editorial El Manual Moderno.
- Dehn, R., & Asprey, D. (2021). Procedimientos clínicos esenciales (4.ª ed.; Elsevier España, S.L.U., Trans.). Elsevier España, S.L.U.

