Las células de la respuesta inmunitaria constituyen los actores fundamentales del sistema inmunológico, desempeñando funciones altamente especializadas y coordinadas para reconocer, responder y eliminar amenazas, como microorganismos patógenos, células tumorales o partículas extrañas. Cada célula tiene un papel definido dentro del entramado inmune, y para comprender su funcionamiento es esencial conocer su CARP, es decir, sus marcadores de superficie celular, sus acciones (como matar, activar o suprimir otras células), su rol en la respuesta inmunitaria y los productos que generan, incluyendo citocinas, anticuerpos o enzimas.
Los leucocitos, o glóbulos blancos, pueden distinguirse mediante diversos criterios complementarios: primero, por su morfología, observando el tamaño, la forma del núcleo y la presencia de gránulos; segundo, mediante técnicas de tinción histológica, que permiten resaltar estructuras internas y distinguir tipos celulares; tercero, considerando sus funciones inmunológicas, ya sea fagocitar, producir citocinas, presentar antígenos o inducir respuestas específicas; y finalmente, a través de la expresión de marcadores de superficie e intracelulares, los cuales funcionan como etiquetas moleculares únicas que identifican la naturaleza y el estado funcional de cada célula.
| Células | Características y Funciones |
|---|---|
| ILCs | Producen citocinas en respuesta a desencadenantes microbianos y otros estímulos. |
| Células NK (ILC1) | Linfocitos grandes y granulares. Marcadores: receptores Fc para anticuerpos, KIR. Eliminan células decoradas con anticuerpos, infectadas por virus o tumorales sin restricción por MHC. |
| Neutrófilos | Granulocitos de corta vida, núcleo multilobulado y gránulos; formas en banda (inmaduras). Fagocitan y matan bacterias, promueven inflamación. |
| Eosinófilos | Núcleo bilobulado, citoplasma granulado, tinción eosina. Defensas contra parásitos y respuesta alérgica. |
| Células presentadoras de antígeno (APCs) | Marcador: MHC clase II. Procesan y presentan antígenos a linfocitos CD4 T. |
| Monocitos | Núcleo en forma de herradura, lisosomas y gránulos. Precursores de macrófagos y células dendríticas, liberan citocinas. |
| Células dendríticas inmaduras | En sangre y tejidos. Responden a infecciones mediante citocinas, procesan antígenos. |
| Células dendríticas | Ganglios linfáticos y tejidos. APC más potentes; inician y determinan la naturaleza de la respuesta de células T. |
| Células de Langerhans | En la piel. Similar a células dendríticas inmaduras. |
| Macrófagos | Residen en tejidos, bazo, ganglios linfáticos; activados por IFN-γ y TNF. Marcadores: células grandes, granulares; receptores Fc y C3b. Función M2: limpieza de desechos y reparación. Función M1: inflamación, defensa antibacteriana y APC. |
| Linfocitos T (todos) | Maduros en timo; núcleo grande, citoplasma pequeño. Marcadores: CD2, CD3, TCR α/β. Se activan por APCs mediante MHC clase II, producen citocinas, estimulan crecimiento y diferenciación de T y B. |
| Linfocitos T CD4 | Células helper. Subtipos: TH1 (IL-2, IFN-γ, LT): activan macrófagos y defensas mediadas por células; TH2 (IL-4, IL-5, IL-6, IL-10, IL-13): promueven respuestas humorales; TH17 (IL-17, TNF-α, IL-21, IL-22): estimulan epitelio y neutrófilos; Treg/Tr1 (TGF-β, IL-10): regulan activación y tolerancia. |
| α/β NKT | Marcadores: receptores NK y TCR α/β para glicolípidos en CD1. Respuesta rápida a infecciones, liberación de citocinas. |
| α/β MAIT | Marcadores: TCR α/β para derivados de vitamina B2 bacteriana en MR-1. Respuesta rápida, liberación de citocinas. |
| γ/δ TCR | Marcadores: CD2, CD3, γ/δ TCR. Sensor temprano de infecciones bacterianas y estrés celular; liberación de citocinas. |
| Linfocitos T CD8 α/β | Reconocen antígenos presentados por MHC clase I. Eliminan células virales, tumorales o trasplantadas; secretan citocinas. |
| Linfocitos B | Maduros en médula ósea y placas de Peyer. Núcleo grande, citoplasma pequeño; activados por antígenos y linfocitos T. Marcadores: anticuerpos de superficie, MHC clase II. Producen anticuerpos y presentan antígenos a T. |
| Células plasmáticas | Núcleo pequeño, citoplasma grande. Diferenciadas terminalmente; “fábricas de anticuerpos”. |
| Basófilos, eosinófilos y mastocitos | Granulocitos. Marcadores: receptores Fc para IgE. Liberan histamina, participan en alergias y defensa antiparasitaria. |
| Plaquetas | Libera factores de coagulación, péptidos antimicrobianos, quimiocinas y citocinas al activarse. |
En el caso de los linfocitos, existen diferencias claras entre los linfocitos B y los linfocitos T. Las células B se caracterizan por expresar inmunoglobulinas de membrana, que actúan como receptores de antígeno (BCR), permitiéndoles reconocer directamente moléculas extrañas y, posteriormente, producir anticuerpos. Por su parte, las células T presentan receptores de células T (TCR), especializados en reconocer antígenos procesados y presentados en el contexto de moléculas del complejo mayor de histocompatibilidad. Esta distinción es fundamental, ya que determina la forma en que cada linfocito participa en la respuesta inmunitaria: los linfocitos B median principalmente respuestas humorales, mientras que los linfocitos T regulan respuestas celulares y coordinan otras células inmunitarias.
Además de estos receptores principales, existen numerosas proteínas de superficie celular que permiten diferenciar subtipos específicos dentro de los linfocitos B, T y otras poblaciones celulares. Estas proteínas se identifican mediante anticuerpos monoclonales, que reconocen con alta especificidad moléculas particulares. La clasificación de estas proteínas se organiza en los llamados clústeres de diferenciación, asignándoles un número CD (cluster of differentiation), como CD4 en linfocitos T colaboradores o CD3, presente en todos los linfocitos T, que actúa como co-receptor del TCR.
| CD | Identidad y Función | Células |
|---|---|---|
| CD1 (a–d) | Similar a MHC clase I; presentación de antígenos glicolípidos | Células dendríticas, macrófagos |
| CD2 | Receptor eritrocitario y molécula de adhesión | Linfocitos T |
| CD3 | Subunidades del TCR (γ, δ, ε, ζ, η); activación | Linfocitos T |
| CD4 | Receptor para MHC clase II | Subconjunto de linfocitos T, monocitos, algunas células dendríticas |
| CD8 | Receptor para MHC clase I | Subconjunto de linfocitos T, algunas células dendríticas |
| CD11b (CR3) | Receptor del complemento C3b (cadena α) | Células NK, células mieloides |
| CD14 | Receptor de proteína LPS | Células mieloides (monocitos, macrófagos) |
| CD16 (Fc-γ RIII) | Fagocitosis y citotoxicidad dependiente de anticuerpos | Células NK, macrófagos, neutrófilos |
| CD21 (CR2) | Receptor C3d, receptor de EBV, activación de células B | Linfocitos B |
| CD25 | Receptor de IL-2 (cadena α), marcador temprano de activación, marcador de células reguladoras | Linfocitos T y B activados, células T reguladoras |
| CD28 | Receptor para co-estimulación B7; activación | Linfocitos T |
| CD40 | Estimulación de células B, dendríticas y macrófagos | Células B, macrófagos, dendríticas |
| CD40L | Ligando para CD40 | Linfocitos T |
| CD45RO | Isoforma presente en células de memoria | Linfocitos T y B |
| CD56 (NKH1) | Molécula de adhesión | Células NK |
| CD69 | Marcador de activación celular | Linfocitos T, B y NK activados, macrófagos |
| CD80 (B7-1) | Coestimulación de linfocitos T | Células dendríticas, macrófagos, células B |
| CD86 (B7-2) | Coestimulación de linfocitos T | Células dendríticas, macrófagos, células B |
| CD95 (Fas) | Inductor de apoptosis | Muchas células |
| CD152 (CTLA-4) | Receptor checkpoint para B7; tolerancia | Linfocitos T |
| CD178 (FasL) | Ligando Fas: inductor de apoptosis | Linfocitos T citotóxicos y células NK |
| CD279 (PD-1) | Proteína de checkpoint, limita citotoxicidad T | Linfocitos T y B, células tumorales y otras |
| CD274 (PD-L1) | Ligando para PD-1, limita citotoxicidad T | Muchas células, células tumorales |
| CD11a | LFA-1 (cadena α) | Linfocitos T |
| CD29 | VLA (β chain) Integrinas α; VLA-1, VLA-2, VLA-3 | Linfocitos T |
| VLA-4 | α4-Integrina; receptor de homing | Linfocitos T, B y monocitos |
| CD50 | ICAM-3 | Linfocitos y leucocitos |
| CD54 | ICAM-1 | Linfocitos y leucocitos |
| CD58 | LFA-3 | Linfocitos y leucocitos |
Un rasgo común a todas las células nucleadas es la expresión de antígenos del complejo mayor de histocompatibilidad clase I, esenciales para la vigilancia inmunitaria y la identificación de células infectadas o anómalas. Sin embargo, ciertas células especializadas, conocidas como células presentadoras de antígeno, presentan antígenos mediante moléculas del MHC clase II, permitiendo a los linfocitos T CD4 reconocerlos y desencadenar respuestas coordinadas. Entre estas células se incluyen las células dendríticas, que actúan como centinelas en tejidos y ganglios linfáticos; los macrófagos, capaces de fagocitar y presentar antígenos; los linfocitos B, que combinan funciones de productor de anticuerpos y presentador de antígeno; y un número limitado de otras células especializadas que participan en la iniciación de la respuesta adaptativa.
Diferenciación de Células Hematopoyéticas
La diferenciación de las células hematopoyéticas constituye un proceso fundamental y altamente organizado en la biología del sistema inmunitario y sanguíneo. Todas las células sanguíneas, incluidas las del sistema inmune, se originan a partir de una célula progenitora común denominada célula madre pluripotente, la cual posee la capacidad de generar todos los tipos celulares del organismo. Esta célula madre actúa como un verdadero punto de partida, capaz de diferenciarse en múltiples linajes especializados que se organizan en dos grandes familias: la línea mieloide y la línea linfoide. La línea mieloide da lugar a granulocitos, monocitos, células dendríticas, eritrocitos y megacariocitos (que generan las plaquetas), mientras que la línea linfoide genera linfocitos T, linfocitos B y células linfoides innatas.
Este proceso de diferenciación comienza muy temprano, durante el desarrollo fetal, y se mantiene activo a lo largo de toda la vida del individuo, asegurando la renovación constante de células sanguíneas y del sistema inmunitario. La célula madre pluripotente primero se convierte en células madre comprometidas o unidades formadoras de colonias, que ya están dirigidas hacia un linaje específico, sea linfoide o mieloide. La progresión hacia células funcionales se regula mediante señales complejas, entre las cuales destacan las interacciones célula-célula con las células estromales de la médula ósea y la acción de citocinas específicas, que actúan como factores de instrucción molecular para guiar el destino celular.
La médula ósea es el principal nicho donde residen estas células madre hematopoyéticas, proporcionando un microambiente adecuado con soporte físico y señales químicas esenciales. No obstante, estas células también pueden encontrarse en la sangre fetal del cordón umbilical y, en menor cantidad, circulando en la sangre de adultos. En paralelo, el timo actúa como órgano linfoide primario crucial para la maduración de los linfocitos T. Este órgano tiene máxima actividad al nacer y va reduciendo su tamaño con la edad, pero es indispensable para asegurar la selección y desarrollo de linfocitos T competentes y tolerantes frente a lo propio.
Además de los órganos primarios, el sistema inmunitario cuenta con órganos linfoides secundarios, donde las células inmunitarias maduras se alojan, interactúan y responden a estímulos antigénicos. Entre estos se encuentran los ganglios linfáticos, el bazo, la piel y el tejido linfoide asociado a mucosas (MALT), incluyendo el tejido linfoide asociado al intestino (GALT), como las placas de Peyer, y el tejido linfoide asociado a bronquios (BALT), presente en los pulmones. En estos sitios, células como las células dendríticas, las células linfoides innatas, los linfocitos B y T y otras poblaciones especializadas residen estratégicamente y están listas para reconocer y responder a antígenos.
Los órganos linfoides primarios y secundarios no solo funcionan como espacios físicos, sino que también producen quimiocinas y expresan moléculas de adhesión de superficie celular, conocidas como addressinas, que interactúan con los receptores de homing en las células inmunitarias. Esta interacción molecular asegura que las células se localicen y permanezcan en los sitios donde son necesarias, facilitando el encuentro entre células presentadoras de antígeno y linfocitos, así como la activación coordinada de respuestas inmunitarias. En particular, los ganglios linfáticos y el bazo, como órganos encapsulados con áreas especializadas para linfocitos B y T, optimizan estas interacciones y permiten que las respuestas inmunitarias frente a antígenos sean eficientes y específicas, garantizando la vigilancia y defensa del organismo frente a infecciones y otros desafíos.
La proliferación de linfocitos y células estromales en respuesta a un desafío infeccioso constituye un fenómeno central de la inmunidad adaptativa, que se manifiesta clínicamente como hinchazón de los tejidos linfoides, conocida comúnmente como “glándulas inflamadas”. Esta expansión celular no es aleatoria, sino que ocurre en estructuras organizadas que facilitan la interacción eficiente entre los componentes del sistema inmune.
Los ganglios linfáticos son órganos encapsulados con forma de riñón, de tamaño variable entre dos y diez milímetros de diámetro, cuya función principal es filtrar el fluido intersticial que se origina en los espacios intercelulares y se dirige hacia el sistema linfático, de manera análoga a una planta de tratamiento de residuos que depura y dirige los líquidos a su destino adecuado. Su arquitectura interna está diseñada para maximizar el encuentro entre células del sistema inmune innato, como las células dendríticas y los macrófagos, y las células específicas para antígeno, incluyendo linfocitos B y T. Este encuentro es esencial para iniciar y amplificar respuestas inmunitarias específicas frente a patógenos. Las células dendríticas activadas utilizan los vasos linfáticos como autopistas hacia los ganglios linfáticos, transportando antígenos capturados y activando linfocitos T.
Un ganglio linfático se organiza en tres regiones principales:
1. Corteza: Es la capa externa y está formada predominantemente por linfocitos B, acompañados de linfocitos T, células dendríticas foliculares y macrófagos, organizados en folículos. Cuando se estimula la producción de anticuerpos, los folículos desarrollan centros germinales, donde los linfocitos B proliferan y se diferencian con la ayuda de células T foliculares ayudantes (Tfh) dentro de una matriz estromal.
2. Paracorteza: Esta zona alberga linfocitos T y células dendríticas, donde las DCs presentan antígenos a los linfocitos T para inducir nuevas respuestas T, asegurando que las respuestas inmunitarias sean específicas y efectivas.
3. Médula: Contiene linfocitos B y T, células plasmáticas productoras de anticuerpos y canales linfáticos que permiten el flujo de linfa y la salida de células activadas hacia la circulación.
El bazo, un órgano de gran tamaño, cumple funciones similares a las de un ganglio linfático pero en la sangre, filtrando antígenos, bacterias encapsuladas y virus, además de eliminar células sanguíneas envejecidas y plaquetas. Su estructura se divide en pulpa blanca y pulpa roja. La pulpa blanca rodea arteriolas centrales y contiene linfocitos T y B, organizados para facilitar la respuesta inmune, mientras que la pulpa roja actúa como reservorio de células sanguíneas y como sitio de recambio de plaquetas y eritrocitos senescentes.
La piel actúa también como un órgano inmunitario, con la epidermis conteniendo queratinocitos, células de Langerhans y linfocitos T de memoria, y la dermis albergando células dendríticas, linfocitos B y T, macrófagos y mastocitos. Los queratinocitos participan activamente en la defensa antimicrobiana innata, mientras que los linfocitos T de memoria circulan continuamente, vigilando posibles invasores.
El tejido linfoide asociado a mucosas (MALT) posee agregados menos organizados de células inmunitarias que cumplen funciones de vigilancia y activación. Por ejemplo, las placas de Peyer en la pared intestinal contienen células M especializadas que transportan antígenos desde la luz intestinal hacia estos agregados, induciendo respuestas inmunitarias localizadas. Las células inmunitarias se distribuyen en regiones definidas, linfocitos T en zonas interfoliculares y linfocitos B en centros germinales. Las células dendríticas, linfocitos T y B también residen en la lámina propia, justo por debajo del epitelio.
Las amígdalas, anteriormente consideradas órganos prescindibles, son estructuras críticas del MALT. Funcionan como órganos linfoepiteliales que muestrean microbios en la cavidad oral y nasal, conteniendo grandes cantidades de linfocitos B maduros y de memoria que, junto con las células dendríticas y linfocitos T, inician respuestas inmunitarias efectivas. La inflamación de las amígdalas puede deberse a infecciones o a respuestas frente a estas. De manera análoga, el apéndice actúa como reservorio de bacterias de la flora normal y facilita interacciones con células inmunitarias, demostrando su papel activo en la vigilancia y regulación inmunitaria a nivel intestinal.

Fuente y lecturas recomendadas:
- Madigan, M. T., Martinko, J. M., Bender, K. S., Buckley, D. H., & Stahl, D. A. (2018). Brock biology of microorganisms (15th ed.). Pearson.
- Murray, P. R., Rosenthal, K. S., & Pfaller, M. A. (2025). Medical microbiology (10th ed.). Elsevier.
- Carroll, K. C., & Pfaller, M. A. (2023). Manual of clinical microbiology (13th ed.). American Society for Microbiology Press.
- Riedel, S., Hobden, J. A., Miller, S., Morse, S. A., Mietzner, T. A., Detrick, B., Mitchell, T. G., Sakanari, J. A., Hotez, P., & Mejía, R. (2020). Microbiología médica (28ª ed.). McGraw-Hill Interamericana Editores.

