Recomendaciones de vacunación para adultos
Recomendaciones de vacunación para adultos

Recomendaciones de vacunación para adultos

La vacunación constituye una de las intervenciones de salud pública con mayor impacto en la prevención de enfermedades infecciosas, debido a su capacidad para reducir la incidencia de infecciones, prevenir complicaciones graves y disminuir la mortalidad asociada con múltiples enfermedades prevenibles. En la población adulta, la necesidad de inmunización no desaparece al finalizar la infancia, sino que adquiere características particulares determinadas por la edad, el estado inmunitario, el embarazo, las enfermedades crónicas, las exposiciones ocupacionales, las condiciones epidemiológicas y los antecedentes de vacunación. Por esta razón, las recomendaciones de inmunización deben actualizarse periódicamente conforme se dispone de nueva evidencia científica, aparecen nuevas vacunas, cambian las características epidemiológicas de las enfermedades y se modifican los patrones de riesgo en la población.

Las recomendaciones correspondientes a 2025-2026 comprenden vacunas dirigidas a diferentes agentes infecciosos y grupos de riesgo. Entre ellas se encuentran las vacunas contra influenza, COVID-19, sarampión, parotiditis y rubéola, enfermedad meningocócica por serogrupo B, mpox, enfermedad neumocócica, tétanos, difteria y tosferina, hepatitis B, infección por HPV, infección por RSV y herpes zóster. Cada una presenta indicaciones, esquemas, intervalos y criterios de selección específicos. La aplicación adecuada de estas recomendaciones requiere, por tanto, una valoración individual que considere tanto la edad como las condiciones clínicas y epidemiológicas de cada persona.

Un aspecto particularmente relevante es que la protección conferida por la vacunación no es uniforme durante toda la vida. Algunas vacunas requieren dosis adicionales debido a la disminución progresiva de la inmunidad, mientras que otras se indican cuando una persona alcanza determinada edad o desarrolla una condición que incrementa su susceptibilidad a enfermedad grave. Asimismo, ciertas vacunas están dirigidas específicamente a situaciones particulares, como el embarazo o la inmunosupresión. Esta estrategia permite concentrar los beneficios de la inmunización en los grupos que presentan mayor probabilidad de exposición, infección, complicaciones o mortalidad.

Las recomendaciones también reflejan una transición hacia estrategias de vacunación cada vez más individualizadas. La edad continúa siendo uno de los principales determinantes para establecer las indicaciones, pero ya no constituye el único criterio. El estado inmunitario, las enfermedades concomitantes, los antecedentes de vacunación, las exposiciones potenciales y las circunstancias reproductivas pueden modificar sustancialmente el esquema recomendado. La decisión clínica compartida adquiere especial importancia en determinadas vacunas y grupos etarios, ya que permite integrar el riesgo individual, los beneficios esperados, las preferencias de la persona y las características epidemiológicas locales.

Conocer y organizar las recomendaciones de vacunación para adultos permite comprender no solamente qué vacunas deben administrarse, sino también por qué determinadas vacunas se indican a ciertas edades, por qué algunos grupos requieren dosis adicionales y cómo las condiciones clínicas modifican las estrategias de inmunización. El análisis sistemático de estas recomendaciones facilita su aplicación en la práctica clínica y contribuye a mantener una protección adecuada frente a enfermedades infecciosas prevenibles a lo largo de la vida.

Recomendaciones de vacunación para adultos, actualización 2025–2026

Las recomendaciones de vacunación para adultos se actualizan periódicamente de acuerdo con la evolución de la evidencia científica, la disponibilidad de nuevas vacunas, los cambios epidemiológicos y la identificación de grupos con mayor riesgo de enfermedad grave. La versión actualizada debe considerar las recomendaciones correspondientes a 2025–2026 y las modificaciones incorporadas durante 2026. En particular, destacan los cambios relacionados con COVID-19, RSV, enfermedad neumocócica y enfermedad meningocócica. Las recomendaciones descritas a continuación corresponden al calendario de vacunación de adultos de los Estados Unidos y, por ello, deben diferenciarse de las recomendaciones oficiales aplicables en otros países.

Influenza

La vacunación contra influenza continúa recomendándose anualmente para todos los adultos. La finalidad es reducir la probabilidad de infección y, especialmente, disminuir el riesgo de enfermedad grave, hospitalización y muerte. La vacunación debe realizarse cada temporada debido a la disminución de la protección inmunitaria con el tiempo y a la evolución de los virus influenza circulantes.

En adultos de 65 años o más se prefieren determinadas formulaciones que pueden generar una respuesta inmunitaria más intensa en este grupo, entre ellas las vacunas inactivadas de dosis alta, las vacunas recombinantes y las vacunas inactivadas adyuvadas. Si alguna de estas formulaciones no está disponible, puede utilizarse cualquier vacuna contra influenza apropiada para la edad y las condiciones clínicas de la persona.

COVID-19

Las recomendaciones contra COVID-19 han experimentado modificaciones importantes respecto de 2024. Para la temporada 2025–2026, la vacunación se plantea mediante una decisión clínica individual compartida para las personas de 6 meses o más, considerando especialmente el riesgo individual de enfermedad grave, hospitalización y muerte.

En adultos de 12–64 años que deciden vacunarse se utiliza la formulación actualizada correspondiente a la temporada 2025–2026, generalmente mediante una dosis. En adultos de 65 años o más se recomiendan 2 dosis de la vacuna correspondiente a la temporada 2025–2026, administradas aproximadamente con 6 meses de intervalo, aunque deben respetarse los intervalos mínimos específicos de acuerdo con la vacuna utilizada.

Las personas con inmunosupresión moderada o grave pueden requerir esquemas diferentes y dosis adicionales, debido a que presentan una mayor probabilidad de desarrollar una respuesta inmunitaria insuficiente y un mayor riesgo de enfermedad grave. Por esta razón, el esquema debe individualizarse considerando la edad, el grado de inmunosupresión, los antecedentes de vacunación y el tiempo transcurrido desde la última dosis.

Este cambio representa una modificación conceptual importante respecto de 2024. La estrategia actual concede mayor importancia a la evaluación individual del riesgo, particularmente en personas con mayor probabilidad de desarrollar enfermedad grave.

MMR

La vacuna contra sarampión, parotiditis y rubéola se recomienda en adultos que carecen de evidencia válida de inmunidad. En determinadas poblaciones con mayor probabilidad de exposición o transmisión se recomiendan 2 dosis separadas por al menos 4 semanas. Entre estos grupos se encuentran determinados estudiantes de instituciones de educación superior, trabajadores sanitarios, viajeros internacionales y personas que tienen contacto estrecho con individuos inmunocomprometidos.

En adultos que no pertenecen a grupos de alto riesgo puede ser suficiente 1 dosis cuando no existe evidencia de inmunidad. La evidencia de inmunidad debe establecerse mediante antecedentes documentados de vacunación, evidencia de laboratorio o criterios específicos establecidos por las recomendaciones sanitarias. El antecedente clínico no confirmado de haber padecido sarampión, parotiditis o rubéola no constituye necesariamente evidencia suficiente de inmunidad.

Debido a que MMR es una vacuna de virus vivos atenuados, está contraindicada durante el embarazo y en determinadas formas de inmunosupresión grave.

Meningocócica ACWY

La vacuna contra meningococo de los serogrupos A, C, W e Y no se administra rutinariamente a todos los adultos, sino que se reserva para determinadas situaciones de riesgo.

Está indicada especialmente en personas con asplenia anatómica o funcional, infección por HIV, deficiencias persistentes del complemento o tratamiento con inhibidores del complemento, así como en determinados viajeros y personas con exposición ocupacional a Neisseria meningitidis.

En determinadas personas con riesgo elevado se recomienda una serie primaria de 2 dosis separadas por al menos 8 semanas, seguida de dosis de refuerzo cada 5 años mientras persista el riesgo. Los estudiantes universitarios de primer año que viven en residencias estudiantiles y que no recibieron una dosis a partir de los 16 años también pueden requerir vacunación.

Meningocócica B

La vacunación contra meningococo del serogrupo B puede administrarse mediante decisión clínica compartida a adolescentes y adultos jóvenes de 16–23 años, con preferencia por las edades de 16–18 años.

En este grupo, el esquema habitual consiste en 2 dosis separadas por al menos 6 meses. Cuando se necesita obtener protección con mayor rapidez, puede utilizarse un esquema de 3 dosis administradas a los 0, 1–2 y 6 meses.

En personas de 10 años o más con riesgo elevado de enfermedad meningocócica por serogrupo B, como aquellas con asplenia, deficiencias del complemento, tratamiento con inhibidores del complemento o exposición ocupacional habitual a Neisseria meningitidis, se recomienda un esquema de 3 dosis y dosis de refuerzo mientras persista el riesgo.

Una novedad importante es la disponibilidad de vacunas combinadas que permiten administrar protección contra los serogrupos A, C, W, Y y B cuando están indicadas simultáneamente las vacunas MenACWY y MenB.

Mpox

Las personas con riesgo de infección por mpox deben completar una serie de 2 dosis de vacuna, separadas por 28 días.

La indicación depende principalmente de la probabilidad de exposición. Se incluyen determinadas personas con múltiples parejas sexuales, personas que hayan tenido recientemente determinadas infecciones de transmisión sexual, personas que hayan tenido relaciones sexuales en establecimientos comerciales destinados a actividades sexuales, personas que hayan tenido relaciones sexuales asociadas con determinados eventos multitudinarios en áreas donde exista transmisión de mpox y parejas sexuales de personas pertenecientes a estos grupos.

También pueden vacunarse las personas que anticipen encontrarse en situaciones asociadas con un riesgo elevado de exposición. Por tanto, la recomendación se basa en el riesgo epidemiológico y no exclusivamente en la pertenencia a un grupo demográfico.

Enfermedad neumocócica

La vacunación neumocócica constituye uno de los cambios importantes introducidos en los últimos años. Actualmente se recomienda para todos los adultos de 50 años o más que no hayan recibido previamente una vacuna conjugada neumocócica o cuyo antecedente de vacunación sea desconocido.

También se recomienda en adultos de 19–49 años que presentan enfermedades o condiciones que aumentan el riesgo de enfermedad neumocócica invasiva o de enfermedad grave.

En adultos que no han recibido previamente una vacuna conjugada neumocócica pueden utilizarse PCV15, PCV20 o PCV21. Cuando se administra PCV15, debe administrarse posteriormente PPSV23. Cuando se utiliza PCV20 o PCV21, no se requiere una dosis posterior de PPSV23.

La incorporación de PCV21 amplía las opciones disponibles para la prevención de enfermedad neumocócica y constituye una de las modificaciones relevantes respecto de las recomendaciones anteriores.

Tdap y Td

La vacunación contra tétanos, difteria y tosferina continúa siendo necesaria durante toda la vida adulta.

Las personas que nunca recibieron Tdap a partir de los 10 años deben recibir 1 dosis de Tdap y posteriormente continuar con Td o Tdap cada 10 años. Las personas que ya completaron la serie primaria y recibieron al menos una dosis de Tdap pueden recibir Td o Tdap cada 10 años.

Una consideración fundamental corresponde al embarazo. Se recomienda administrar 1 dosis de Tdap durante cada embarazo, preferentemente entre las semanas 27 y 36 de gestación. La finalidad no solamente es proteger a la mujer embarazada, sino también proporcionar anticuerpos maternos que atraviesen la placenta y protejan al recién nacido durante los primeros meses de vida.

Hepatitis A

La vacunación contra hepatitis A puede administrarse a adultos que no hayan completado previamente la vacunación y que soliciten recibirla, incluso cuando no exista un factor de riesgo específico.

También está indicada particularmente en personas con determinados factores de riesgo, como enfermedad hepática crónica, infección por HIV, hombres que tienen relaciones sexuales con hombres, consumo de drogas, situación de sinhogarismo, determinados riesgos ocupacionales, viajes a regiones con endemicidad intermedia o elevada y determinadas situaciones de exposición.

Dependiendo de la vacuna utilizada, puede administrarse mediante una serie de 2 dosis o mediante una vacuna combinada contra hepatitis A y hepatitis B que requiere 3 dosis.

Hepatitis B

La vacunación contra hepatitis B continúa recomendándose rutinariamente para todos los adultos de 19–59 años que no hayan completado previamente la vacunación.

Puede utilizarse una serie primaria de 2, 3 o 4 dosis, dependiendo de la vacuna y del esquema seleccionado. La elección del esquema depende de la formulación utilizada y de determinadas características clínicas.

En adultos de 60 años o más, la vacunación está indicada cuando existen factores de riesgo. Sin embargo, actualmente también puede administrarse a cualquier persona de este grupo etario que solicite la vacunación, aunque no tenga un factor de riesgo identificado.

La inmunización contra hepatitis B es importante debido a que la infección puede evolucionar hacia hepatitis B crónica, cirrosis y carcinoma hepatocelular. La prevención mediante vacunación evita la infección inicial y, por tanto, disminuye el riesgo de estas complicaciones a largo plazo.

HPV

La vacunación contra HPV continúa recomendándose rutinariamente hasta los 26 años en personas que no hayan sido vacunadas adecuadamente.

El número de dosis depende de la edad en la que se inicia la vacunación. Cuando se inicia antes de los 15 años pueden utilizarse 2 dosis. Cuando se inicia a partir de los 15 años se recomiendan 3 dosis, administradas generalmente a los 0, 1–2 y 6 meses.

Las personas inmunocomprometidas requieren una serie de 3 dosis independientemente de la edad de inicio dentro del intervalo recomendado.

Entre los 27 y 45 años, la vacunación no se recomienda rutinariamente para toda la población, sino que debe considerarse mediante decisión clínica compartida. La utilidad potencial es mayor en determinadas personas que todavía pueden beneficiarse de la prevención de nuevas infecciones por HPV.

Durante el embarazo no debe iniciarse ni continuarse deliberadamente la vacunación contra HPV. Si una persona recibe inadvertidamente una dosis durante el embarazo, esto no constituye una indicación para realizar una intervención específica.

RSV

La vacunación contra RSV constituye una de las modificaciones más importantes respecto de las recomendaciones de 2024.

Actualmente se recomienda 1 dosis para todas las personas de 75 años o más. También se recomienda 1 dosis para adultos de 50–74 años que presenten un riesgo aumentado de enfermedad grave por RSV.

Entre los factores que incrementan el riesgo se encuentran determinadas enfermedades cardiovasculares y pulmonares crónicas, enfermedad renal avanzada, determinadas formas de diabetes, enfermedades neurológicas o neuromusculares, enfermedad hepática crónica, determinadas enfermedades hematológicas, obesidad grave, inmunosupresión y residencia en centros de atención a largo plazo.

A diferencia de influenza, la vacuna contra RSV no se recomienda actualmente como vacunación anual. Las personas que ya recibieron una dosis no deben recibir otra dosis rutinariamente mientras no exista una recomendación específica que modifique esta estrategia.

En adultos de 50–74 años sin factores de riesgo no existe una recomendación rutinaria exclusivamente por edad.

RSV durante el embarazo

Durante el embarazo continúa utilizándose la vacunación materna como estrategia para prevenir enfermedad grave por RSV en el lactante.

Se recomienda 1 dosis de Abrysvo entre las semanas 32+0 y 36+6 de gestación, durante el periodo estacional correspondiente en la mayor parte de los Estados Unidos continentales.

La vacunación materna permite que los anticuerpos producidos por la madre atraviesen la placenta y proporcionen protección al recién nacido durante los primeros meses de vida, cuando el riesgo de enfermedad grave por RSV es particularmente importante.

La estrategia de protección infantil puede realizarse mediante vacunación materna o mediante inmunización directa del lactante con un anticuerpo monoclonal de acción prolongada, dependiendo de las circunstancias clínicas y del momento del nacimiento.

Varicela

Los adultos que no tienen evidencia de inmunidad frente a varicela deben recibir vacunación.

En personas que nunca recibieron una vacuna que contenga varicela se administran 2 dosis separadas por 4–8 semanas. Cuando una persona recibió previamente 1 dosis, debe completar la segunda dosis respetando un intervalo mínimo de 4 semanas.

La vacuna contra varicela es una vacuna de virus vivos atenuados y, por tanto, está contraindicada durante el embarazo y en determinadas formas de inmunosupresión grave.

Zóster

La vacuna recombinante contra zóster se recomienda para todos los adultos de 50 años o más.

También se recomienda para adultos de 19 años o más que presentan inmunodeficiencia o inmunosupresión, debido a su mayor riesgo de reactivación del virus varicela-zóster y de desarrollar complicaciones.

El esquema consiste en 2 dosis, generalmente separadas por 2–6 meses. La recomendación se mantiene incluso en personas que hayan presentado herpes zóster previamente, debido a que haber padecido la enfermedad no elimina el riesgo de recurrencia.

Poliomielitis

Los adultos que nunca fueron vacunados contra poliomielitis o que presentan una vacunación incompleta deben completar la serie primaria con vacuna inactivada contra poliovirus.

La serie primaria consta de 3 dosis. En adultos que ya completaron la serie primaria y posteriormente presentan un riesgo aumentado de exposición al poliovirus puede administrarse 1 dosis de refuerzo durante la vida.

La indicación de este refuerzo depende de la existencia de un riesgo específico, como determinados viajes internacionales, exposición ocupacional o situaciones epidemiológicas particulares.

Haemophilus influenzae tipo b

La vacunación contra Haemophilus influenzae tipo b no se recomienda rutinariamente para todos los adultos.

Está indicada en determinadas circunstancias clínicas, especialmente en personas con asplenia anatómica o funcional que nunca recibieron la vacuna y en determinados receptores de trasplante de células madre hematopoyéticas.

En receptores de trasplante de células madre hematopoyéticas se recomienda una serie de 3 dosis separadas por 4 semanas, comenzando aproximadamente entre 6 y 12 meses después del trasplante cuando este ha sido exitoso.

 


Recomendaciones según el grupo de edad

Adultos de 19–26 años

En este grupo deben revisarse sistemáticamente las vacunas contra influenza, COVID-19, Tdap, hepatitis B y HPV, además de las vacunas indicadas por antecedentes de vacunación, enfermedades concomitantes, exposiciones o situaciones epidemiológicas.

La vacunación contra HPV continúa siendo rutinaria hasta los 26 años. La vacuna contra meningococo B puede considerarse mediante decisión clínica compartida entre los 16 y 23 años. También deben revisarse los antecedentes de MMR y varicela, así como las indicaciones de hepatitis A, meningococo ACWY, poliomielitis, mpox y neumococo cuando existan factores de riesgo.

Adultos de 27–49 años

La vacunación anual contra influenza continúa recomendada. La vacunación contra COVID-19 para la temporada 2025–2026 se basa en una decisión clínica individual, especialmente considerando la presencia de factores de riesgo para enfermedad grave.

La vacunación contra hepatitis B continúa siendo rutinaria hasta los 59 años. La vacunación contra HPV puede considerarse entre los 27 y 45 años mediante decisión clínica compartida. La vacuna recombinante contra zóster está indicada desde los 19 años cuando existe inmunodeficiencia o inmunosupresión.

La vacunación neumocócica puede estar indicada entre los 19 y 49 años cuando existen enfermedades o condiciones que aumentan el riesgo.

Adultos de 50–59 años

A partir de los 50 años adquiere especial importancia la vacunación neumocócica. También se recomienda la vacuna recombinante contra zóster.

La vacunación contra hepatitis B continúa siendo rutinaria hasta los 59 años. La vacunación contra influenza permanece indicada anualmente y COVID-19 debe valorarse de acuerdo con las recomendaciones correspondientes a la temporada.

Una modificación especialmente importante es RSV: los adultos de 50–59 años que presentan factores de riesgo para enfermedad grave pueden recibir 1 dosis. En ausencia de factores de riesgo, no existe una recomendación rutinaria basada exclusivamente en la edad.

Adultos de 60–64 años

Además de mantener actualizadas las vacunas contra influenza, COVID-19, Tdap, hepatitis B, neumococo y zóster según corresponda, debe evaluarse la indicación de RSV.

En este grupo, RSV no se recomienda únicamente por tener entre 60 y 64 años. Se recomienda cuando la persona presenta factores de riesgo que la sitúan dentro del grupo de 50–74 años con riesgo aumentado de enfermedad grave.

Adultos de 65–74 años

Este grupo requiere una vigilancia particularmente cuidadosa del estado de vacunación contra influenza, COVID-19, neumococo y zóster.

Para COVID-19, las recomendaciones de la temporada 2025–2026 contemplan 2 dosis separadas aproximadamente por 6 meses en adultos de 65 años o más que deciden vacunarse.

Para RSV, las personas de 65–74 años deben vacunarse cuando presentan factores de riesgo de enfermedad grave. La indicación basada exclusivamente en la edad comienza a los 75 años.

Adultos de 75 años o más

La edad de 75 años constituye actualmente un punto de referencia fundamental para RSV. Todas las personas de este grupo deben recibir 1 dosis si no la han recibido previamente.

También deben mantenerse actualizadas las vacunas contra influenza, COVID-19, neumococo y zóster. En COVID-19, para la temporada 2025–2026 se recomiendan 2 dosis separadas aproximadamente por 6 meses.

Personas con inmunosupresión o inmunodeficiencia

La inmunosupresión modifica considerablemente las recomendaciones de vacunación. Estas personas pueden presentar una mayor susceptibilidad a determinadas infecciones y, simultáneamente, una respuesta inmunitaria menos intensa después de la vacunación.

En COVID-19 pueden requerirse dosis adicionales. La vacuna recombinante contra zóster se recomienda desde los 19 años en personas inmunocomprometidas. La vacunación neumocócica adquiere especial importancia cuando existe una enfermedad o condición que aumenta el riesgo de infección invasiva.

En cambio, las vacunas vivas, como MMR y varicela, están contraindicadas en determinadas formas de inmunosupresión grave debido al riesgo de enfermedad asociada con el microorganismo vacunal.

Embarazo

Durante el embarazo deben revisarse particularmente influenza, Tdap y RSV.

La vacuna Tdap debe administrarse durante cada embarazo, preferentemente entre las semanas 27 y 36, con el objetivo de proporcionar anticuerpos maternos al feto y reducir el riesgo de tosferina grave durante los primeros meses de vida.

La vacunación contra influenza también está recomendada durante el embarazo.

Para RSV, puede administrarse 1 dosis de Abrysvo entre las semanas 32+0 y 36+6 de gestación durante el periodo estacional correspondiente. Las vacunas vivas, como MMR y varicela, están contraindicadas durante el embarazo. La vacunación contra HPV debe posponerse hasta después del embarazo.

Personas con riesgo de mpox

Las personas con riesgo de exposición a mpox deben completar una serie de 2 dosis, separadas por 28 días.

La recomendación se fundamenta en el riesgo epidemiológico individual. Por esta razón, deben considerarse tanto las personas que actualmente presentan factores de riesgo como aquellas que anticipan encontrarse en circunstancias que podrían producir una exposición.


Principales modificaciones respecto de 2024

La actualización respecto de las recomendaciones de 2024 presenta varios cambios importantes.

El cambio más relevante relacionado con COVID-19 es la transición hacia una estrategia basada en decisión clínica individual compartida para la temporada 2025–2026, con especial énfasis en las personas con mayor riesgo de enfermedad grave. En adultos de 65 años o más se mantiene una estrategia de 2 dosis separadas aproximadamente por 6 meses, mientras que las personas inmunocomprometidas pueden requerir esquemas diferentes.

En RSV, el cambio es todavía más evidente. La recomendación ya no se basa en decisión clínica compartida para todos los adultos de 60 años o más. Actualmente se recomienda 1 dosis para todas las personas de 75 años o más y para aquellas de 50–74 años que presenten factores de riesgo de enfermedad grave. Además, la vacuna no se administra anualmente de manera rutinaria.

En neumococo, se mantiene el inicio de la vacunación rutinaria a los 50 años y se incorporan PCV15, PCV20 y PCV21 como alternativas para determinadas personas sin vacunación conjugada previa. PCV20 y PCV21 simplifican el esquema porque no requieren posteriormente PPSV23.

En meningococo, las recomendaciones se han precisado para MenB y se dispone de vacunas combinadas capaces de proporcionar protección simultánea frente a los serogrupos incluidos en MenACWY y MenB cuando ambas vacunas están indicadas.

En Tdap, la recomendación debe interpretarse como una estrategia de vacunación durante toda la vida adulta y no exclusivamente como una dosis aislada entre los 19 y 64 años. Además, la administración de Tdap durante cada embarazo constituye una recomendación fundamental.

En hepatitis B, los adultos de 60 años o más pueden vacunarse aunque no tengan factores de riesgo específicos si desean recibir la vacuna, mientras que la vacunación continúa siendo rutinaria para todos los adultos de 19–59 años que no estén vacunados.

También debe ampliarse el contenido de 2024 para incorporar explícitamente hepatitis A, varicela y poliomielitis, ya que forman parte del calendario de adultos y deben revisarse cuando existen antecedentes incompletos de vacunación, ausencia de evidencia de inmunidad o factores de riesgo específicos.

La actualización muestra que el calendario de vacunación del adulto se ha desplazado progresivamente desde un modelo basado exclusivamente en la edad hacia un sistema en el que edad, inmunidad previa, enfermedades concomitantes, inmunosupresión, embarazo, exposiciones y riesgo epidemiológico determinan conjuntamente qué vacunas necesita cada persona y en qué momento deben administrarse.

 

 

 

 

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Fuente y lecturas recomendadas:
  1. Centers for Disease Control and Prevention. (2025, July 2). Adult immunization schedule by age: Recommendations for ages 19 years or older, United States, 2025. CDC⁠
  2. Centers for Disease Control and Prevention. (2025, July 2). Adult immunization schedule notes: Recommendations for ages 19 years or older, United States, 2025. CDC⁠
  3. Centers for Disease Control and Prevention. (2025, November 4). 2025–2026 COVID-19 vaccination guidance. CDC⁠
  4. Centers for Disease Control and Prevention. (2026, February 24). RSV vaccine guidance for adults. CDC⁠
  5. Centers for Disease Control and Prevention. (2026, February 25). Recommended vaccines for adults: Pneumococcal. CDC⁠

 

*Esta información es con fines académicos, de ninguna manera sustituye la valoración y recomendaciones de un médico certificado.

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