El fosforo es el principal anión divalente intracelular y abunda en células metabólicamente activas.
Este ion mantiene la generación de energía en forma de glucolisis o productos de fosfato con alto contenido de energía, como el trifosfato de adenosina.
La concentración del fósforo se controla rigurosamente por medio de la excreción renal.
La administración excesiva de fosfato por soluciones de hiperalimentación intravenosa o laxantes que contienen fosforo también puede aumentar las concentraciones de fosfato.
Casi todos los casos de hiperfosfatemia son asintomáticos, pero la hiperfosfatemia importante prolongada causa complejos metastásicos de calcio y fosforo en tejidos blandos.
Hipofosfatemia
Entre las causas de esta se encuentran:
disminución el consumo de fosforo
desplazamiento intracelular
un incremento de la excreción
La captación gastrointestinal reducida por absorción deficiente o administración de fijadores de fosfato y la disminución del consumo alimentario por desnutrición son causas de hipofosfatemia crónica.
La mayor parte de los casos agudos se debe a la movilización intracelular del fosforo como ocurre en la alcalosis respiratoria, el tratamiento con insulina y los síndromes de realimentación y de hueso hambriento.
No se presentan manifestaciones clínicas de hipofosfatemia hasta que la concentración disminuye de manera notable.
Los síntomas se relacionan con efectos adversos en la disponibilidad de oxigeno que requieren los tejidos y con la disminución de los fosfatos de alta energía que puede manifestarse como disfunción cardiaca o debilidad muscular.