La obesidad debe entenderse como una enfermedad crónica, multifactorial y biológicamente regulada, no simplemente como el resultado de comer demasiado o de realizar poca actividad física. Su desarrollo resulta de la interacción entre predisposición genética, regulación neuroendocrina del apetito, disponibilidad y composición de los alimentos, ambiente, sueño, actividad física, factores psicológicos, medicamentos, condiciones socioeconómicas y mecanismos metabólicos que determinan cómo el organismo almacena y utiliza energía. Esta consideración es fundamental para comprender por qué muchas personas pueden perder peso inicialmente mediante restricción alimentaria, pero posteriormente experimentan hambre creciente, disminución del gasto energético y recuperación parcial o sustancial del peso perdido. La farmacoterapia moderna intenta actuar precisamente sobre algunos de estos mecanismos biológicos que dificultan el mantenimiento de la pérdida ponderal.
1. Por qué la obesidad produce tanta dificultad para perder peso
El organismo humano posee sistemas fisiológicos destinados a defender determinadas reservas energéticas. Cuando la disponibilidad energética disminuye durante una pérdida de peso, se producen modificaciones hormonales y neuronales que aumentan la sensación de hambre y favorecen la recuperación del peso. Al mismo tiempo, el gasto energético puede disminuir en relación con lo que sería esperable únicamente por la reducción de la masa corporal. Por esta razón, mantener durante años una pérdida importante de peso mediante fuerza de voluntad y restricción alimentaria puede resultar considerablemente más difícil que producir inicialmente esa pérdida. La farmacoterapia contra la obesidad adquiere relevancia porque puede modificar parte de esta respuesta biológica compensatoria.
La pérdida de peso, además, no constituye un fenómeno exclusivamente estético. Una reducción relativamente modesta de la masa corporal puede producir mejoras metabólicas clínicamente relevantes, mientras que reducciones mayores pueden ser necesarias para modificar determinadas complicaciones relacionadas con la obesidad. El objetivo terapéutico, por tanto, no debería limitarse a alcanzar un determinado número en la báscula, sino disminuir la adiposidad patológica, mejorar la función física y reducir el riesgo de diabetes mellitus tipo 2, enfermedad cardiovascular, hipertensión arterial, alteraciones metabólicas y otras complicaciones.
2. Qué es GLP-1 y por qué puede producir pérdida de peso
El péptido similar al glucagón tipo 1, conocido como GLP-1, es una hormona producida principalmente por células enteroendocrinas del intestino después de la ingestión de alimentos. Su fisiología normal participa en la regulación de la glucosa y de la ingestión alimentaria. Los medicamentos basados en GLP-1 aprovechan este sistema fisiológico, pero presentan modificaciones farmacológicas que permiten una exposición mucho más prolongada y una estimulación de los receptores de GLP-1 suficientemente intensa para producir efectos terapéuticos sostenidos.
El efecto sobre el peso corporal no depende de un único mecanismo. Los agonistas del receptor de GLP-1 actúan sobre circuitos neuronales relacionados con hambre, saciedad, recompensa alimentaria y regulación energética. También modifican la velocidad del vaciamiento gástrico, particularmente con determinados compuestos y durante determinadas fases del tratamiento, y alteran la respuesta gastrointestinal y endocrina posterior a la ingestión de alimentos. La consecuencia funcional más importante es una reducción sostenida de la ingesta energética.
Esto es importante porque los medicamentos no necesitan producir una estimulación consciente de la fuerza de voluntad. En estudios experimentales, semaglutida redujo la cantidad de alimento consumido espontáneamente, disminuyó el hambre y los antojos, mejoró el control subjetivo sobre la alimentación y redujo la preferencia por alimentos particularmente densos en energía. En un ensayo de 12 semanas, la ingesta energética total durante comidas realizadas sin restricción alcanzó una reducción aproximada de 24 por ciento respecto al placebo. El metabolismo energético en reposo ajustado por masa corporal magra, en cambio, no presentó diferencias significativas entre los tratamientos en ese estudio, lo que apoya la idea de que la disminución de la ingesta, más que un incremento extraordinario del gasto energético, constituye uno de los mecanismos centrales de la pérdida de peso.
Investigaciones más recientes han confirmado que la disminución de la ingesta energética puede mantenerse durante periodos prolongados de tratamiento con semaglutida 2.4 mg. En un ensayo aleatorizado de 60 semanas, las personas tratadas con semaglutida consumieron menos energía que quienes recibieron placebo durante diferentes momentos del seguimiento, aunque algunos efectos subjetivos sobre hambre y preocupación por la comida fueron menos pronunciados con el paso del tiempo. Esto sugiere que la reducción de la ingestión energética puede persistir incluso cuando la percepción subjetiva del apetito no permanece constantemente modificada en la misma magnitud.
3. Semaglutida: uno de los grandes cambios en el tratamiento farmacológico de la obesidad
Semaglutida es un agonista del receptor de GLP-1 de acción prolongada. Su utilización para el tratamiento de la obesidad modificó sustancialmente las expectativas respecto de lo que puede conseguirse con farmacoterapia. En el ensayo STEP 1, realizado en adultos con sobrepeso u obesidad sin diabetes mellitus, la administración semanal de semaglutida 2.4 mg acompañada de intervención sobre el estilo de vida produjo una reducción media del peso corporal cercana a 15 por ciento después de 68 semanas, mientras que el grupo placebo obtuvo una reducción considerablemente menor. El resultado fue particularmente importante porque la magnitud de pérdida ponderal superó ampliamente la observada históricamente con muchos medicamentos antiobesidad.
La magnitud individual de la respuesta, sin embargo, es variable. Una media poblacional no significa que todas las personas pierdan 15 por ciento de su peso. Algunas personas presentan pérdidas superiores, otras pérdidas menores y una proporción de pacientes puede responder insuficientemente. La respuesta farmacológica depende probablemente de factores biológicos individuales, características metabólicas, adherencia, dosis alcanzada, tolerabilidad y presencia de otras enfermedades. Por ello, la evaluación de un medicamento para obesidad debe realizarse sobre la trayectoria individual del peso, la composición corporal, las complicaciones metabólicas y la tolerancia al tratamiento, no únicamente sobre un porcentaje promedio procedente de un ensayo clínico.
4. Tirzepatida: una estrategia incretínica todavía más potente
Tirzepatida ocupa una posición particular porque no es exclusivamente un agonista del receptor de GLP-1. Es un agonista dual de los receptores del péptido insulinotrópico dependiente de glucosa y del GLP-1. Esta combinación produce efectos metabólicos y sobre la regulación de la ingestión que pueden ser superiores a los obtenidos con agonismo aislado del receptor de GLP-1.
En el ensayo SURMOUNT-1, que incluyó 2,539 adultos con obesidad o sobrepeso y al menos una complicación relacionada con el peso, pero sin diabetes mellitus, tirzepatida produjo después de 72 semanas reducciones medias de peso de aproximadamente 16.0 por ciento con 5 mg, 21.4 por ciento con 10 mg y 22.5 por ciento con 15 mg, frente a aproximadamente 2.4 por ciento con placebo. La magnitud de la respuesta aumentó con la dosis, aunque también debe considerarse que una mayor exposición farmacológica puede incrementar determinados efectos adversos.
Estos resultados explican por qué los medicamentos incretínicos han modificado el concepto tradicional de farmacoterapia para la obesidad. Las pérdidas ponderales cercanas o superiores a 20 por ciento se aproximan, en algunos pacientes, a magnitudes que anteriormente se asociaban principalmente con intervenciones bariátricas. Sin embargo, esto no significa que los medicamentos hayan sustituido a la cirugía metabólica ni que produzcan el mismo resultado en todos los pacientes. Se trata de diferentes intervenciones con mecanismos, indicaciones, riesgos, costos y durabilidad distintos.
5. Liraglutida y la evolución histórica
Antes de semaglutida y tirzepatida, liraglutida constituyó una de las demostraciones más importantes de que la señalización mediante GLP-1 podía utilizarse deliberadamente para tratar la obesidad. En un ensayo de 56 semanas que incluyó 3,731 adultos sin diabetes mellitus tipo 2, liraglutida 3.0 mg produjo una pérdida media de aproximadamente 8.4 kg, frente a 2.8 kg con placebo. El 63.2 por ciento de las personas tratadas con liraglutida perdió al menos 5 por ciento de su peso inicial, frente a 27.1 por ciento con placebo, y 33.1 por ciento logró perder más de 10 por ciento, frente a 10.6 por ciento con placebo.
La evolución desde liraglutida hacia semaglutida y posteriormente hacia agonistas incretínicos de acción dual ilustra un principio importante de la farmacología de la obesidad: la potencia sobre los sistemas reguladores de apetito, saciedad, metabolismo y glucosa puede traducirse en incrementos progresivos de la pérdida ponderal clínicamente alcanzable.
6. La pérdida de peso no es solamente pérdida de grasa
Una cuestión fundamental es qué tejido se pierde durante el tratamiento. La disminución del peso corporal incluye pérdida de tejido adiposo y de masa libre de grasa. La masa libre de grasa comprende músculos, órganos, agua y otros componentes corporales, por lo que una reducción de esta variable no equivale automáticamente a pérdida exclusiva de músculo esquelético. No obstante, una pérdida excesiva de músculo puede comprometer fuerza, función física y capacidad metabólica, especialmente en personas mayores o vulnerables.
Los datos disponibles son tranquilizadores en un aspecto: la mayor parte de la pérdida ponderal producida por estos medicamentos procede del tejido adiposo. En un subestudio de composición corporal de SURMOUNT-1 realizado mediante absorciometría de rayos X de doble energía, tirzepatida produjo una reducción de 21.3 por ciento del peso corporal, 33.9 por ciento de la masa grasa y 10.9 por ciento de la masa magra. Aproximadamente 74 por ciento del peso perdido correspondió a masa grasa y 26 por ciento a masa magra, proporción semejante a la observada en el grupo placebo. Además, la grasa visceral disminuyó aproximadamente 40.1 por ciento.
Por consiguiente, perder masa magra durante un tratamiento para adelgazar no debe interpretarse automáticamente como evidencia de que el medicamento está causando una pérdida patológica de músculo. Lo clínicamente importante es valorar cuánto peso se pierde, qué proporción corresponde a grasa y masa magra, la función muscular, la fuerza, la alimentación y la actividad física. En particular, una adecuada ingestión de proteínas y entrenamiento de fuerza pueden adquirir importancia durante una pérdida ponderal considerable, aunque la estrategia nutricional concreta debe individualizarse.
7. Por qué el peso puede regresar al suspender GLP-1
Este constituye uno de los aspectos más importantes y frecuentemente malinterpretados de estos tratamientos.
Si un medicamento disminuye el hambre y la ingestión energética mientras se administra, al suspenderlo desaparece progresivamente el estímulo farmacológico. Esto no significa que la persona haya fracasado ni que haya perdido disciplina. Significa que la intervención que estaba modificando la regulación fisiológica del peso corporal dejó de estar presente.
La extensión del ensayo STEP 1 proporciona una demostración especialmente clara. Después de 68 semanas de tratamiento, las personas que habían recibido semaglutida habían perdido en promedio 17.3 por ciento de su peso corporal. Durante el año posterior a la suspensión, recuperaron en promedio 11.6 puntos porcentuales de peso corporal, de modo que al final de 120 semanas conservaban una pérdida neta de aproximadamente 5.6 por ciento respecto al peso inicial. Además, varias de las mejoras cardiometabólicas observadas durante el tratamiento se desplazaron nuevamente hacia los valores iniciales.
Este resultado tiene una interpretación fisiopatológica profunda: la obesidad no desaparece necesariamente cuando se alcanza un peso menor. La pérdida de peso farmacológicamente inducida puede requerir tratamiento continuado para mantenerse, de manera conceptualmente semejante a otras enfermedades crónicas en las cuales el tratamiento controla la enfermedad sin necesariamente eliminar su predisposición biológica. La recuperación de peso después de suspender semaglutida constituye precisamente una de las evidencias experimentales más importantes de la naturaleza crónica de la obesidad.
8. Esto cambia la pregunta: no solamente «¿cuánto peso puedo perder?», sino «¿cómo puedo mantenerlo?»
Una interpretación excesivamente simplista sería pensar que el medicamento sirve únicamente para producir una rápida reducción de peso. En realidad, su utilidad clínica debe evaluarse en términos de reducción sostenida de adiposidad y de riesgo asociado a la obesidad. Si una persona pierde 20 por ciento de su peso pero posteriormente recupera gran parte de él después de suspender el medicamento, el resultado a largo plazo será diferente del observado durante el tratamiento. Por ello, la duración del tratamiento constituye una cuestión terapéutica central.
Este principio también explica por qué los medicamentos no deben considerarse un sustituto de la alimentación adecuada, la actividad física, el sueño suficiente y otras intervenciones conductuales. La farmacoterapia puede facilitar la adherencia a cambios conductuales al reducir hambre y preocupación por la comida, pero no elimina la necesidad de una estructura nutricional apropiada ni de conservar la capacidad física. Las recomendaciones clínicas consideran la intervención sobre alimentación, actividad física y conducta como componentes fundamentales, utilizando la farmacoterapia como una herramienta adicional cuando está indicada.
9. Beneficios metabólicos: el efecto va más allá de la báscula
La importancia de los medicamentos GLP-1 no deriva exclusivamente de la pérdida de peso. Estos medicamentos pueden mejorar múltiples parámetros metabólicos relacionados con la obesidad. Semaglutida, por ejemplo, produce reducciones del peso corporal y de la circunferencia de la cintura y puede mejorar diferentes variables cardiometabólicas.
El resultado más trascendente hasta ahora procede del ensayo SELECT. Este estudio incluyó 17,604 personas de 45 años o más con enfermedad cardiovascular establecida, sobrepeso u obesidad y sin diabetes mellitus. Durante un seguimiento medio de 39.8 meses, el desenlace cardiovascular compuesto de muerte por causa cardiovascular, infarto de miocardio no mortal o accidente cerebrovascular no mortal ocurrió en 6.5 por ciento de quienes recibieron semaglutida y en 8.0 por ciento de quienes recibieron placebo. Esto correspondió a una reducción relativa del riesgo de aproximadamente 20 por ciento.
Este hallazgo es especialmente relevante porque demuestra que, en una población específica con enfermedad cardiovascular preexistente y sin diabetes mellitus, el tratamiento con semaglutida 2.4 mg no solamente redujo peso, sino que también disminuyó la incidencia de acontecimientos cardiovasculares mayores. Sin embargo, no debe extrapolarse automáticamente este resultado a todas las personas con obesidad, porque el ensayo seleccionó una población concreta y el beneficio cardiovascular demostrado corresponde a sus características clínicas.
10. Efectos adversos: por qué aparecen náuseas, vómitos y diarrea
Los efectos adversos más característicos de los agonistas del receptor de GLP-1 son gastrointestinales. Náuseas, vómitos, diarrea, estreñimiento, sensación de plenitud y malestar abdominal pueden aparecer particularmente durante la fase de incremento de dosis. Una explicación fisiológica es que estos medicamentos modifican la regulación de la ingestión y la función gastrointestinal, de modo que la tolerancia puede requerir una adaptación progresiva.
En el ensayo STEP 1, la mayoría de los acontecimientos adversos gastrointestinales fueron de intensidad leve o moderada. No obstante, los acontecimientos gastrointestinales fueron una de las principales razones para abandonar el tratamiento. También se observaron trastornos relacionados con la vesícula biliar, principalmente colelitiasis, con mayor frecuencia con semaglutida que con placebo. Se registraron además casos de pancreatitis aguda, aunque fueron poco frecuentes.
El riesgo de enfermedad de la vesícula biliar merece especial atención porque una pérdida rápida y considerable de peso por sí misma puede favorecer la formación de cálculos biliares, por lo que no necesariamente todo aumento observado durante el tratamiento puede atribuirse exclusivamente a una acción directa del medicamento. La evaluación clínica debe considerar simultáneamente el fármaco, la magnitud de la pérdida ponderal y los antecedentes individuales.
11. La relación entre GLP-1, náusea y pérdida de peso es más compleja de lo que parece
Durante mucho tiempo se asumió que estos medicamentos funcionaban principalmente porque producían náusea y, por consiguiente, hacían que las personas comieran menos. La evidencia actual indica que esta explicación es incompleta. Los agonistas del receptor de GLP-1 activan circuitos cerebrales relacionados con saciedad y regulación de la ingesta, y determinados circuitos pueden estar relacionados con respuestas aversivas como náusea y vómito. La investigación neurobiológica contemporánea está intentando separar estos circuitos para determinar qué componentes producen saciedad terapéutica y cuáles producen efectos adversos.
Esta distinción tiene enorme importancia para el futuro de la farmacología de la obesidad. Idealmente, un medicamento debería producir una reducción profunda y sostenida del apetito patológico, de la ingesta energética y de la adiposidad sin depender de una sensación desagradable intensa. La investigación experimental indica que los circuitos responsables de saciedad y aversión pueden ser parcialmente disociables, lo que abre la posibilidad de diseñar tratamientos futuros con una relación beneficio-riesgo todavía mejor.
12. ¿GLP-1 «quema grasa»?
La expresión «quemar grasa» es demasiado simplista. Estos medicamentos no funcionan principalmente como estimulantes directos de la oxidación de grasa. Su efecto fundamental consiste en modificar la regulación de la ingestión energética, de modo que la persona consume menos energía durante un periodo prolongado. Cuando el organismo recibe menos energía de la que necesita para mantener su peso, debe movilizar reservas energéticas, principalmente tejido adiposo, y el peso corporal disminuye.
La reducción del tejido adiposo puede ser considerable. En el subestudio de composición corporal de tirzepatida, por ejemplo, la masa grasa disminuyó 33.9 por ciento y la grasa visceral aproximadamente 40.1 por ciento después de 72 semanas. Esto demuestra que la reducción observada en la báscula representa, en buena medida, una disminución real de tejido adiposo.
13. ¿Quién puede beneficiarse de estos medicamentos?
La farmacoterapia antiobesidad no está destinada automáticamente a cualquier persona que quiera perder algunos kilogramos. Las recomendaciones clínicas históricas han considerado apropiado utilizar medicamentos en personas con índice de masa corporal de 30 kg/m² o superior, o de 27 kg/m² o superior cuando existe al menos una complicación relacionada con el peso, siempre como complemento de intervenciones sobre alimentación, actividad física y conducta. Las indicaciones exactas dependen, sin embargo, del medicamento concreto, de su aprobación regulatoria y de las características del paciente.
La decisión clínica debe considerar la distribución de la grasa corporal, las enfermedades asociadas, los antecedentes gastrointestinales y pancreáticos, la función renal, otros medicamentos, posibilidad de embarazo, antecedentes personales y familiares relevantes, riesgo cardiovascular, capacidad de realizar actividad física y probabilidad de mantener el tratamiento a largo plazo. Por ello, no existe una dosis o un medicamento universalmente «mejor» para todas las personas.
14. Por qué no conviene comparar simplemente «kilogramos perdidos»
Comparar medicamentos exclusivamente por kilogramos puede conducir a conclusiones erróneas. Dos tratamientos pueden producir la misma reducción del peso corporal, pero generar diferentes modificaciones en masa grasa, masa magra, glucemia, presión arterial, lípidos, síntomas gastrointestinales, calidad de vida o riesgo cardiovascular. Incluso dentro del mismo medicamento, una persona puede experimentar una reducción del peso considerable mientras otra obtiene una respuesta mucho menor.
Una evaluación científicamente adecuada debería considerar al menos cinco dimensiones: magnitud de la pérdida ponderal, composición de la pérdida, mantenimiento del peso, mejoría de las complicaciones y tolerabilidad. La superioridad de un medicamento en una de estas dimensiones no implica necesariamente superioridad absoluta en todas las demás.
15. El papel de la alimentación durante el tratamiento
Una consecuencia práctica de la disminución del apetito es que la cantidad de alimento que una persona puede consumir puede reducirse considerablemente. Esto puede facilitar la pérdida de peso, pero también significa que una dieta de baja calidad nutricional puede provocar una ingesta insuficiente de determinados nutrientes si no existe planificación. El objetivo, por tanto, no debería consistir simplemente en comer lo menos posible, sino en utilizar la reducción del apetito para construir una alimentación con elevada densidad nutricional.
Durante una pérdida ponderal considerable adquiere especial importancia preservar la masa muscular. La combinación de suficiente proteína dietaria, entrenamiento de fuerza, actividad física adaptada y una pérdida ponderal clínicamente supervisada puede ser particularmente importante en personas con mayor riesgo de pérdida de masa muscular. Los estudios de composición corporal demuestran que una fracción del peso perdido corresponde inevitablemente a masa magra, por lo que el objetivo realista no es eliminar absolutamente toda pérdida de masa magra, sino favorecer que la reducción corresponda predominantemente a tejido adiposo y conservar la función física.
16. Una cuestión fundamental: obesidad versus peso corporal
El peso corporal y la obesidad no son exactamente lo mismo. Dos personas con el mismo peso pueden tener cantidades diferentes de tejido adiposo, distribución diferente de grasa visceral y subcutánea, diferente masa muscular y diferentes riesgos metabólicos. Por ello, el éxito terapéutico no debería definirse exclusivamente por el número de kilogramos perdidos. La reducción de la circunferencia de la cintura, de la grasa visceral, de la presión arterial, de la alteración glucémica y de otros factores de riesgo puede ser tan importante como la reducción absoluta del peso.
La evidencia con tirzepatida resulta particularmente ilustrativa: además de una reducción de 21.3 por ciento del peso corporal en el subestudio de composición corporal, se observó una disminución de 18.1 cm de la circunferencia de la cintura y de aproximadamente 40.1 por ciento de la grasa visceral. Por tanto, el cambio corporal inducido por el tratamiento afecta específicamente a depósitos de tejido adiposo metabólicamente relevantes.
17. ¿Son medicamentos para «adelgazar» o medicamentos para tratar una enfermedad?
Desde una perspectiva médica, la segunda descripción es mucho más adecuada cuando existe obesidad clínicamente establecida. El propósito no debería ser alcanzar un ideal estético, sino modificar una enfermedad crónica y disminuir sus consecuencias. La evidencia cardiovascular obtenida con semaglutida en SELECT proporciona una demostración particularmente importante de este concepto: en personas con sobrepeso u obesidad y enfermedad cardiovascular preexistente sin diabetes mellitus, la reducción de eventos cardiovasculares fue demostrable durante varios años de tratamiento.
Esto también modifica la manera de interpretar el aumento de peso después de suspender el medicamento. Si la obesidad es una enfermedad crónica, recuperar peso después de retirar un tratamiento eficaz no debería interpretarse automáticamente como falta de voluntad o fracaso personal. El fenómeno es compatible con la reaparición de los mecanismos biológicos que favorecen la recuperación del peso una vez retirada la intervención farmacológica.
18. ¿Cuál es actualmente la idea más importante?
La conclusión científica más importante es que los medicamentos basados en GLP-1 han demostrado que la regulación biológica del apetito puede modificarse farmacológicamente de manera suficientemente potente como para producir pérdidas de peso grandes y clínicamente relevantes. Semaglutida ha demostrado pérdidas medias cercanas a 15 por ciento en determinados ensayos de obesidad, mientras que tirzepatida ha alcanzado pérdidas medias superiores a 20 por ciento con las dosis más altas estudiadas en SURMOUNT-1.
Pero la segunda conclusión es igualmente importante: la pérdida de peso no equivale necesariamente a curación de la obesidad. La recuperación sustancial del peso después de retirar semaglutida demuestra que la intervención farmacológica puede necesitar continuidad para conservar el beneficio. Por ello, el tratamiento debe concebirse como una estrategia longitudinal y no como un ciclo breve de «bajar de peso y abandonar el medicamento».
Finalmente, el objetivo más racional no consiste en conseguir el menor peso posible, sino en alcanzar una reducción de adiposidad suficientemente grande para mejorar salud y función, conservar la mayor cantidad posible de masa muscular, controlar las complicaciones metabólicas, minimizar los efectos adversos y establecer una estrategia que pueda mantenerse durante años. Los medicamentos GLP-1 y las terapias incretínicas relacionadas representan uno de los avances más importantes en este campo, pero su verdadero valor aparece cuando se integran dentro de un tratamiento médico completo de una enfermedad crónica.
Fuente y lecturas recomendadas:
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