Colecistectomía durante el embarazo
Colecistectomía durante el embarazo

Colecistectomía durante el embarazo

La colecistectomía durante el embarazo constituye una de las intervenciones quirúrgicas abdominales no obstétricas realizadas con mayor frecuencia y representa un escenario clínico particularmente complejo porque deben equilibrarse simultáneamente la resolución de una enfermedad biliar potencialmente progresiva, la seguridad materna, el riesgo de pérdida gestacional y el riesgo de nacimiento prematuro. La evidencia contemporánea ha modificado de manera importante la conducta histórica: el embarazo ya no se considera una contraindicación para la cirugía laparoscópica y, cuando existe enfermedad biliar sintomática que requiere tratamiento quirúrgico, la colecistectomía laparoscópica puede realizarse durante cualquier trimestre cuando existe una indicación clínica apropiada.

Bases fisiopatológicas de la enfermedad biliar durante el embarazo

El embarazo favorece la formación de lodo biliar y cálculos biliares mediante mecanismos hormonales y mecánicos. El incremento de las concentraciones de progesterona disminuye la contractilidad de la vesícula biliar y favorece la estasis, mientras que los cambios relacionados con los estrógenos modifican la composición de la bilis y favorecen una mayor saturación de colesterol. La combinación de estasis vesicular y alteraciones en la composición de la bilis facilita la nucleación de cristales de colesterol y la progresión hacia colelitiasis sintomática.

La importancia clínica de estos cambios reside en que una paciente embarazada que presenta inicialmente cólico biliar puede desarrollar posteriormente colecistitis aguda, coledocolitiasis, colangitis o pancreatitis biliar. Por ello, la valoración no debe limitarse a determinar si existen cálculos, sino que debe establecer la gravedad y el comportamiento de la enfermedad biliar. La evolución hacia una complicación puede implicar infección sistémica, obstrucción de la vía biliar, deshidratación, respuesta inflamatoria intensa y hospitalizaciones repetidas, circunstancias que pueden ser más perjudiciales para la madre y el feto que una intervención quirúrgica adecuadamente indicada.

La conducta expectante tampoco elimina el problema. En una cohorte de mujeres embarazadas con enfermedad litiásica, el tratamiento conservador se relacionó con una mayor frecuencia de recurrencia de síntomas biliares, más consultas a los servicios de urgencias y más hospitalizaciones que las estrategias intervencionistas. Además, el grupo tratado conservadoramente presentó una mayor frecuencia de cesárea, mientras que el peso neonatal no mostró una diferencia significativa.

Este fenómeno resulta particularmente importante cuando la enfermedad aparece tempranamente durante la gestación. La recurrencia después del tratamiento no quirúrgico ha sido descrita con mayor frecuencia cuando la enfermedad se manifiesta durante el primer trimestre, disminuyendo progresivamente conforme avanza la gestación. La repetición de episodios no solamente deteriora la calidad de vida, sino que aumenta la exposición acumulada a dolor, vómitos, deshidratación, antibióticos, anestesia y hospitalizaciones.

¿Cuándo está indicada la colecistectomía?

Es fundamental diferenciar la colelitiasis asintomática de la enfermedad biliar sintomática. La presencia incidental de cálculos sin síntomas no constituye, en términos generales, una indicación para realizar una colecistectomía durante el embarazo. En cambio, el cólico biliar recurrente, la colecistitis aguda y determinadas complicaciones de la enfermedad litiásica pueden justificar una intervención durante la gestación.

La colecistitis aguda constituye una indicación particularmente importante. La inflamación persistente de la vesícula puede progresar hacia gangrena, perforación, absceso, sepsis o complicaciones de la vía biliar. Por esta razón, las recomendaciones actuales favorecen la colecistectomía laparoscópica frente al tratamiento exclusivamente no quirúrgico cuando una mujer embarazada presenta colecistitis aguda. La recomendación contemporánea de la Society of American Gastrointestinal and Endoscopic Surgeons es condicional porque la mayoría de los estudios disponibles son observacionales y presentan limitaciones metodológicas, pero la dirección global de la evidencia favorece la intervención quirúrgica.

La situación del cólico biliar no complicado es algo más matizada. Puede existir una posibilidad razonable de manejo conservador en pacientes cuidadosamente seleccionadas, especialmente cuando los síntomas son aislados, leves y no recurrentes. Sin embargo, cuando los episodios son repetidos, intensos, interfieren con la alimentación o requieren hospitalización, el beneficio de resolver definitivamente la fuente de los síntomas adquiere mayor importancia. La decisión debe individualizarse según la edad gestacional, la gravedad y frecuencia de los episodios, la presencia de complicaciones y las condiciones obstétricas.

En el tercer trimestre existe una consideración particular. Las recomendaciones actuales permiten tanto una conducta quirúrgica como una conducta no quirúrgica en determinadas pacientes con cólico biliar no complicado, debido a que la evidencia es menos sólida y el riesgo técnico de la intervención aumenta conforme el útero grávido ocupa mayor parte de la cavidad abdominal. Esta consideración no debe extrapolarse a la colecistitis aguda, en la cual la evidencia favorece la resolución quirúrgica cuando la paciente es candidata a ella.

¿La colecistectomía laparoscópica es segura durante el embarazo?

La respuesta basada en la evidencia actual es sí, cuando existe una indicación apropiada y el procedimiento se realiza bajo condiciones adecuadas. El American College of Obstetricians and Gynecologists establece que una intervención quirúrgica médicamente necesaria no debe retrasarse debido al embarazo ni debe posponerse simplemente por encontrarse la paciente en un trimestre determinado, porque el retraso de una intervención necesaria puede perjudicar tanto a la mujer embarazada como al feto. Las intervenciones estrictamente electivas, en cambio, deben posponerse hasta después del nacimiento.

La evidencia acumulada durante las últimas décadas ha mostrado que la laparoscopia puede efectuarse durante cualquier trimestre. Las recomendaciones de la Society of American Gastrointestinal and Endoscopic Surgeons señalan específicamente que la laparoscopia puede realizarse durante cualquier trimestre cuando existe indicación quirúrgica. La antigua práctica de evitar sistemáticamente el primer y el tercer trimestre y reservar la cirugía exclusivamente para el segundo trimestre no está respaldada por evidencia de suficiente calidad como para constituir una regla absoluta.

Esto no significa que los tres trimestres sean fisiológicamente equivalentes. El segundo trimestre suele ser técnicamente más favorable cuando una intervención puede programarse sin comprometer la seguridad materna o fetal, porque el útero todavía permite un acceso abdominal relativamente favorable y el riesgo de parto prematuro es menor que al final de la gestación. Sin embargo, si la paciente presenta una enfermedad que requiere tratamiento durante el primer o el tercer trimestre, la edad gestacional por sí sola no debe utilizarse como motivo para negar o retrasar una operación necesaria.

Un metanálisis publicado en 2024 que incluyó 17 estudios y 63,523 pacientes embarazadas encontró que la colecistectomía laparoscópica presentaba el perfil global más favorable entre las estrategias comparadas. En el análisis de 12 estudios que comprendieron 29,052 mujeres, la colecistectomía laparoscópica se asoció con menor riesgo de parto prematuro que el tratamiento conservador, así como con menor riesgo de complicaciones fetales y maternas que la colecistectomía abierta. También se observó una estancia hospitalaria más corta frente al abordaje abierto.

Una revisión sistemática previa que reunió 51 estudios y 590 pacientes sometidas a colecistectomía laparoscópica durante el embarazo encontró complicaciones intraoperatorias en 3.5%, complicaciones posoperatorias en 4%, conversión a cirugía abierta en 2.2%, pérdida fetal en 0.4% y parto prematuro en 5.7%. Estos resultados deben interpretarse con cautela porque la mayoría de los estudios incluidos eran series de casos o estudios retrospectivos y, por tanto, no permiten establecer que todos los acontecimientos obstétricos observados sean causados por la operación.

Otra revisión sistemática y metanálisis que comparó colecistectomía laparoscópica con colecistectomía abierta durante el embarazo incluyó 11 estudios comparativos y 10,632 pacientes. El abordaje laparoscópico se asoció con menores probabilidades de complicaciones fetales, maternas y quirúrgicas que el abordaje abierto. La interpretación de estos resultados también debe considerar la posibilidad de sesgo de selección, puesto que las pacientes sometidas a cirugía abierta pueden haber presentado enfermedades más graves o circunstancias clínicas diferentes.

¿Por qué la laparoscopia puede ser preferible a la cirugía abierta?

La ventaja de la laparoscopia no depende exclusivamente de que las incisiones sean pequeñas. El abordaje laparoscópico disminuye la agresión de la pared abdominal, suele reducir el dolor posoperatorio, permite una movilización más temprana y generalmente disminuye la estancia hospitalaria. Estos factores son especialmente relevantes durante el embarazo porque la inmovilidad, el dolor intenso, la respuesta inflamatoria y la hospitalización prolongada pueden aumentar la carga fisiológica sobre la mujer embarazada.

Además, los datos poblacionales indican que la cirugía laparoscópica es actualmente el abordaje predominante. En un estudio nacional que evaluó pacientes embarazadas sometidas a colecistectomía, 97.5% de los procedimientos fueron laparoscópicos y la lesión de la vía biliar fue inferior a 0.1%. Estos datos proporcionan información importante sobre la práctica real, aunque no deben interpretarse como evidencia de ausencia absoluta de riesgo.

La experiencia del equipo quirúrgico también parece ser relevante. Un estudio poblacional de 9,714 mujeres embarazadas sometidas a colecistectomía encontró diferencias importantes en las complicaciones maternas, fetales y quirúrgicas relacionadas con el volumen de procedimientos realizados por los cirujanos. Esto respalda la conveniencia de realizar la intervención en centros capaces de proporcionar atención quirúrgica, anestésica y obstétrica coordinada.

Consideraciones anestésicas y fisiológicas

La preocupación tradicional con la laparoscopia durante el embarazo se relacionó con el neumoperitoneo producido mediante dióxido de carbono. Teóricamente, el aumento de la presión intraabdominal podría reducir el retorno venoso materno, modificar el gasto cardíaco y disminuir la perfusión uteroplacentaria, mientras que la absorción de dióxido de carbono podría producir alteraciones en la concentración materna de dióxido de carbono y, secundariamente, modificar el equilibrio ácido-base materno y fetal. Por esta razón, el manejo anestésico debe controlar cuidadosamente la ventilación y la fisiología materna.

Las recomendaciones quirúrgicas actuales permiten utilizar presiones de neumoperitoneo de aproximadamente 10 a 15 mmHg, ajustándolas a la fisiología individual de la paciente. El control continuo del dióxido de carbono mediante capnografía forma parte de las recomendaciones específicas para la laparoscopia durante el embarazo.

La posición de la paciente también adquiere importancia conforme aumenta la edad gestacional. El útero grávido puede comprimir la vena cava inferior y disminuir el retorno venoso cuando la paciente permanece en determinadas posiciones. Por ello, durante la cirugía avanzada en la gestación se utilizan modificaciones de la posición corporal destinadas a disminuir la compresión aortocava y mantener una adecuada estabilidad hemodinámica.

La profilaxis del tromboembolismo venoso también debe considerarse de manera individualizada. El embarazo constituye por sí mismo un estado protrombótico y la cirugía incrementa transitoriamente ese riesgo. Las recomendaciones de la Society of American Gastrointestinal and Endoscopic Surgeons incluyen dispositivos de compresión neumática durante y después del procedimiento y movilización temprana, con una valoración adicional del riesgo individual de cada paciente.

Acceso abdominal y colocación de los trocares

La posición de los trocares no debe seguir necesariamente los mismos puntos anatómicos empleados en una mujer no embarazada. Conforme el útero aumenta de tamaño, el límite superior de la cavidad abdominal se modifica y el riesgo de lesión uterina durante el acceso aumenta si no se adapta la técnica. Por esta razón, la localización de los puertos debe individualizarse de acuerdo con el tamaño uterino, la edad gestacional y la anatomía de la paciente.

La técnica de acceso debe realizarse de manera que reduzca la posibilidad de lesión uterina o vascular. El objetivo es crear un campo quirúrgico suficiente para identificar el triángulo hepatocístico y realizar la disección con seguridad sin comprometer la perfusión materna ni fetal. La cirugía durante etapas avanzadas del embarazo puede presentar mayor dificultad técnica precisamente porque el útero desplaza las estructuras intraabdominales y reduce el espacio de trabajo.

¿Qué ocurre con el feto durante la operación?

La principal preocupación obstétrica no es solamente la posibilidad de lesión mecánica directa, sino la aparición de alteraciones fisiológicas maternas que secundariamente afecten al feto. La hipotensión, la hipoxemia, las alteraciones importantes del dióxido de carbono, la acidosis, la hemorragia y la infección materna pueden comprometer la oxigenación y la perfusión uteroplacentaria. Por este motivo, mantener una fisiología materna estable constituye uno de los principales mecanismos de protección fetal durante la intervención.

La evidencia disponible no demuestra que la colecistectomía laparoscópica, cuando está correctamente indicada y realizada con las precauciones apropiadas, produzca de manera sistemática un incremento clínicamente importante de la mortalidad fetal. Una revisión cuantitativa de la cirugía por enfermedad litiásica durante el embarazo no encontró un incremento significativo del parto prematuro, la mortalidad fetal ni la mortalidad materna asociado con la intervención quirúrgica.

Sin embargo, no sería científicamente correcto afirmar que la operación carece de riesgo fetal. La mayoría de la evidencia procede de estudios observacionales, y las pacientes que requieren cirugía durante el embarazo no son comparables de manera perfecta con aquellas que no la necesitan. La enfermedad que conduce a la intervención puede ser, por sí misma, una causa de inflamación sistémica, infección, hospitalización y parto prematuro. Esta confusión por indicación constituye una de las principales limitaciones metodológicas de la literatura disponible.

Primer, segundo y tercer trimestre

Primer trimestre

Durante el primer trimestre existe una preocupación particular por la pérdida gestacional espontánea y por la exposición embrionaria a factores fisiológicos adversos. Sin embargo, esto no significa que una cirugía necesaria deba ser aplazada automáticamente. El American College of Obstetricians and Gynecologists establece que una operación médicamente necesaria no debe retrasarse independientemente del trimestre.

Cuando la enfermedad biliar es grave, progresiva o recurrente, el riesgo de esperar puede superar el riesgo de intervenir. La decisión, por tanto, debe basarse en la relación entre el riesgo de la enfermedad no tratada y el riesgo incremental de la cirugía, no simplemente en el número de semanas de gestación.

Segundo trimestre

El segundo trimestre ha sido tradicionalmente considerado el período más conveniente para realizar procedimientos no obstétricos que no pueden posponerse hasta después del parto pero que tampoco son urgentes. Esta preferencia tiene fundamentos anatómicos y obstétricos, aunque no constituye una obligación absoluta. La evidencia contemporánea permite realizar laparoscopia durante cualquier trimestre cuando existe una indicación adecuada.

La revisión sistemática de 590 pacientes mostró que 70.7% de las colecistectomías laparoscópicas de su población fueron realizadas durante el segundo trimestre, reflejando la antigua preferencia clínica por este período. Sin embargo, esta distribución no demuestra que la cirugía realizada durante otros trimestres sea necesariamente insegura.

Tercer trimestre

El tercer trimestre representa un escenario técnicamente más complejo porque el útero ocupa una mayor proporción de la cavidad abdominal y puede dificultar la exposición quirúrgica y la colocación de los trocares. Además, el riesgo basal de parto prematuro es naturalmente mayor conforme se aproxima el término.

El metanálisis de 2024 encontró que la colecistectomía durante el tercer trimestre se asociaba con mayor riesgo de complicaciones maternas que durante el primero o segundo trimestre, aunque no identificó diferencias significativas entre los trimestres en las tasas de parto prematuro y aborto. Estos datos apoyan una valoración individualizada del momento de la operación y no una prohibición de la cirugía durante el tercer trimestre.

Además, una evaluación nacional de pacientes sometidas a colecistectomía durante el embarazo mostró que la frecuencia de parto durante la hospitalización aumentaba marcadamente conforme se alcanzaban edades gestacionales avanzadas. Una parte considerable de estos nacimientos ocurría antes de la colecistectomía, lo que indica que la enfermedad obstétrica o el estado gestacional avanzado podían ser determinantes del desenlace y no necesariamente la cirugía en sí misma.

Colecistitis aguda: por qué la cirugía suele ser preferible

La colecistitis aguda no debe considerarse simplemente como un episodio de dolor que puede controlarse indefinidamente mediante analgésicos y antibióticos. La inflamación vesicular puede persistir, recurrir o progresar hacia complicaciones. El tratamiento conservador puede ser apropiado en circunstancias seleccionadas, pero cuando la enfermedad es clínicamente significativa, la resolución quirúrgica elimina el órgano responsable y disminuye la posibilidad de nuevos episodios.

La recomendación actual de realizar colecistectomía laparoscópica en la colecistitis aguda durante el embarazo se fundamenta en una combinación de resultados quirúrgicos favorables y el riesgo de recurrencia o progresión asociado al tratamiento no quirúrgico. La Society of American Gastrointestinal and Endoscopic Surgeons considera que la magnitud de los efectos favorables es particularmente relevante para la colecistitis aguda, aunque reconoce que la certeza global de la evidencia continúa siendo limitada porque los estudios disponibles son predominantemente observacionales.

En el análisis utilizado para formular esa recomendación, la colecistectomía laparoscópica se asoció, entre otros resultados, con menores estimaciones de parto prematuro, pérdida gestacional, preeclampsia, restricción del crecimiento fetal y readmisión en comparación con el tratamiento no quirúrgico en un estudio observacional de gran tamaño. Estos resultados deben interpretarse como asociaciones y no como demostración definitiva de causalidad.

Coledocolitiasis y pancreatitis biliar

La presencia de un cálculo en el colédoco modifica considerablemente la conducta. En una paciente con coledocolitiasis sintomática, la prioridad es conseguir una descompresión eficaz de la vía biliar. La colangiopancreatografía retrógrada endoscópica constituye una alternativa ampliamente utilizada durante el embarazo cuando existe una indicación firme, especialmente en presencia de obstrucción significativa, colangitis o pancreatitis biliar de origen obstructivo.

La intervención endoscópica debe minimizar la exposición fetal a radiación ionizante cuando se utiliza fluoroscopia. La Society of American Gastrointestinal and Endoscopic Surgeons recomienda que la exposición se mantenga tan baja como razonablemente sea posible y reconoce que existen técnicas alternativas, como la ecografía endoscópica y determinados métodos de exploración de la vía biliar, dependiendo de la experiencia y los recursos disponibles.

Después de resolver la obstrucción de la vía biliar, la paciente continúa teniendo enfermedad litiásica sintomática y puede requerir colecistectomía durante el mismo episodio o posteriormente durante el embarazo, dependiendo de la situación clínica. La estrategia exacta debe determinarse mediante coordinación entre cirugía, obstetricia, anestesiología y, cuando sea necesario, endoscopia terapéutica.

La pancreatitis biliar constituye una complicación particularmente importante porque la inflamación sistémica puede afectar gravemente a la madre y generar consecuencias obstétricas. La evidencia histórica muestra que los casos complicados de enfermedad litiásica pueden asociarse con peores desenlaces fetales, lo que constituye otro argumento para evitar una actitud excesivamente conservadora cuando existe una enfermedad biliar que requiere intervención definitiva.

¿Es necesario utilizar medicamentos para detener las contracciones uterinas?

No se recomienda utilizar de manera rutinaria medicamentos inhibidores de las contracciones uterinas como profilaxis únicamente por el hecho de realizar una laparoscopia. Las recomendaciones disponibles indican que su utilización debe individualizarse según la edad gestacional y el riesgo obstétrico, en coordinación con el equipo de obstetricia.

En pacientes con edad gestacional en la que el feto tiene posibilidad de supervivencia neonatal y existe riesgo de parto prematuro relacionado con una intervención no obstétrica, puede considerarse la administración de corticosteroides antenatales para favorecer la maduración fetal. Esta decisión depende de la edad gestacional y del riesgo estimado de nacimiento prematuro, no de la simple presencia de una colecistectomía.

Vigilancia obstétrica

La cirugía debe planificarse conjuntamente con el equipo obstétrico. El grado de vigilancia fetal antes, durante y después de la intervención depende de la edad gestacional, la viabilidad fetal, la naturaleza de la cirugía y los recursos institucionales. El objetivo no consiste únicamente en detectar alteraciones fetales, sino también en reconocer rápidamente hipotensión, hipoxemia, contracciones uterinas, ruptura de membranas o signos de parto prematuro.

La necesidad de coordinación multidisciplinaria es especialmente importante en gestaciones avanzadas o cuando existen enfermedades maternas adicionales. El American College of Obstetricians and Gynecologists recomienda que el profesional responsable de la atención obstétrica sea informado y participe en la planificación perioperatoria de una cirugía no obstétrica durante el embarazo.

Un punto importante: la evidencia no es perfecta

Aunque la conclusión clínica actual favorece la colecistectomía laparoscópica cuando existe una indicación apropiada, la calidad de la evidencia debe explicarse con precisión. La Society of American Gastrointestinal and Endoscopic Surgeons señala que muchas de sus recomendaciones son condicionales y que la certeza de la evidencia es baja o muy baja. Esto ocurre porque realizar ensayos clínicos aleatorizados en mujeres embarazadas con enfermedades quirúrgicas plantea dificultades éticas, logísticas y metodológicas importantes.

Por tanto, gran parte de la literatura procede de bases de datos administrativas, cohortes retrospectivas, estudios observacionales, series de casos y metanálisis de estudios no aleatorizados. Estos diseños permiten estudiar miles de pacientes, pero son vulnerables al sesgo de selección y a la confusión por indicación. Por ejemplo, una paciente que requiere cirugía urgente probablemente presenta una enfermedad más grave que una paciente que recibe tratamiento conservador, por lo que una diferencia en los desenlaces obstétricos no necesariamente refleja un efecto directo de la cirugía.

Esta limitación es particularmente importante al interpretar estudios que comparan cirugía y tratamiento conservador. La paciente operada y la paciente que no se opera no parten necesariamente del mismo riesgo basal. Por ello, el hecho de que algunos estudios encuentren menor frecuencia de parto prematuro o complicaciones fetales después de la colecistectomía no significa necesariamente que la operación por sí misma prevenga el parto prematuro; podría reflejar, al menos parcialmente, diferencias en la enfermedad, el acceso sanitario, la selección de pacientes y el momento de la intervención.

Integración de la evidencia más reciente

La evidencia acumulada conduce a una conclusión bastante coherente: la presencia de embarazo no debe considerarse una razón para evitar una colecistectomía médicamente indicada. La colecistectomía laparoscópica es actualmente el abordaje preferido para la enfermedad vesicular sintomática que requiere tratamiento quirúrgico durante el embarazo.

Sin embargo, esta conclusión debe expresarse con una precisión fundamental: no toda paciente embarazada con cálculos necesita cirugía y no toda paciente con síntomas biliares debe ser operada inmediatamente. La indicación depende de si los cálculos son asintomáticos, de si existe cólico biliar recurrente, de si se ha desarrollado colecistitis, de si existe obstrucción de la vía biliar, de si hay pancreatitis, de la edad gestacional y de las condiciones maternas y fetales.

La conducta conservadora puede ser razonable en determinadas situaciones, pero adquiere menor atractivo cuando los síntomas son recurrentes o cuando ya existe una complicación. En estos escenarios, diferir la cirugía hasta después del parto puede implicar nuevas hospitalizaciones y nuevos episodios de enfermedad biliar, además de exponer a la paciente a la posibilidad de que una recurrencia ocurra en un momento obstétricamente más desfavorable.

Por otra parte, cuando existe colecistitis aguda, la evidencia actual favorece con mayor claridad la colecistectomía laparoscópica frente al tratamiento exclusivamente no quirúrgico. La intervención no debe retrasarse únicamente porque la paciente se encuentre en el primer o tercer trimestre si el estado clínico requiere resolución quirúrgica.

En términos prácticos, la decisión correcta puede resumirse de la siguiente manera: cálculos asintomáticos generalmente no requieren colecistectomía durante el embarazo; enfermedad biliar sintomática recurrente puede justificar una intervención; colecistitis aguda favorece la colecistectomía laparoscópica; coledocolitiasis sintomática requiere resolver oportunamente la obstrucción de la vía biliar; y ninguna de estas decisiones debe basarse exclusivamente en el trimestre de gestación.

Un aspecto adicional que merece atención es que la literatura continúa evolucionando. Un análisis sistemático y metanálisis publicado en 2026, que reunió 22 estudios y 28,160 embarazos sometidos a cirugía abdominal, encontró una reducción del parto prematuro y de las complicaciones maternas con la laparoscopia frente a la cirugía abierta, pero observó una asociación con mayor pérdida fetal. Este resultado contrasta parcialmente con revisiones anteriores y debe interpretarse con cautela, porque incluye diferentes tipos de cirugía abdominal, no exclusivamente colecistectomías, y está sujeto a las limitaciones inherentes a estudios observacionales. Por ello, no constituye por sí mismo evidencia suficiente para abandonar las recomendaciones actuales a favor de la laparoscopia, pero sí demuestra que la seguridad fetal continúa siendo un área de investigación activa y que la magnitud exacta de los riesgos según el trimestre todavía no está completamente definida.

La colecistectomía durante el embarazo ha pasado de ser una intervención tradicionalmente evitada a convertirse en una estrategia terapéutica aceptada cuando existe una indicación clínica. El fundamento de este cambio es que el riesgo de mantener una enfermedad biliar recurrente, inflamatoria u obstructiva puede superar el riesgo asociado con una intervención laparoscópica correctamente realizada. La evidencia disponible favorece particularmente la colecistectomía laparoscópica sobre la cirugía abierta y, en pacientes seleccionadas, sobre el tratamiento exclusivamente conservador.

El embarazo, por sí mismo, no constituye una contraindicación para la laparoscopia ni justifica retrasar una operación médicamente necesaria. El segundo trimestre puede ofrecer condiciones técnicas favorables para intervenciones que puedan programarse, pero una enfermedad que requiere tratamiento debe resolverse independientemente del trimestre cuando el beneficio de intervenir supera el riesgo de esperar.

La seguridad depende, en gran medida, de una estrategia perioperatoria cuidadosamente adaptada a la fisiología gestacional: diagnóstico preciso, selección adecuada de la paciente, acceso abdominal modificado según la edad gestacional, neumoperitoneo controlado, vigilancia del dióxido de carbono, mantenimiento de una adecuada oxigenación y estabilidad hemodinámica, prevención del tromboembolismo venoso, vigilancia obstétrica apropiada y participación de un equipo con experiencia en cirugía y atención obstétrica durante el embarazo.

La evidencia no permite afirmar que la colecistectomía sea completamente inocua ni que todas las pacientes deban ser operadas. La conclusión científicamente más sólida es más precisa: cuando una mujer embarazada presenta enfermedad vesicular que requiere tratamiento quirúrgico, la colecistectomía laparoscópica constituye actualmente el tratamiento preferido en la mayoría de las situaciones, puede realizarse durante cualquier trimestre cuando está médicamente indicada y, frente a la alternativa de mantener una enfermedad biliar sintomática o complicada, su balance entre beneficio materno y riesgo fetal es generalmente favorable.

 

 

 

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Fuente y lecturas recomendadas:
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