La quinina es un alcaloide natural de origen vegetal obtenido de la corteza de diversas especies del género Cinchona, árboles originarios de la región andina de Sudamérica. Desde el punto de vista histórico y farmacológico, representa uno de los medicamentos más importantes en la historia de la medicina, ya que constituyó durante siglos el tratamiento más eficaz contra la malaria y fue el primer compuesto antipalúdico utilizado de forma sistemática en la práctica clínica. A pesar del desarrollo de fármacos más modernos, la quinina continúa desempeñando un papel terapéutico en determinadas circunstancias clínicas, especialmente en regiones donde existe resistencia a otros antipalúdicos o cuando determinadas alternativas no se encuentran disponibles. Esta importancia deriva de su elevada actividad frente a las formas eritrocíticas de Plasmodium falciparum, la especie responsable de la mayoría de los casos de malaria grave y de la mayor mortalidad asociada a esta enfermedad. Esta información está respaldada por la evidencia científica disponible y por las recomendaciones terapéuticas internacionales.
Origen e historia
La historia de la quinina constituye uno de los ejemplos más representativos de la transición entre la medicina tradicional y la farmacología moderna. Mucho antes de que se conociera la naturaleza parasitaria de la malaria, los pueblos indígenas de los Andes utilizaban la corteza de árboles de Cinchona para tratar estados febriles. Durante el siglo XVII, los misioneros europeos observaron este uso medicinal e introdujeron la corteza en Europa, donde comenzó a emplearse ampliamente para el tratamiento de las denominadas “fiebres intermitentes”, actualmente conocidas como malaria.
La corteza de cinchona permaneció como el principal tratamiento antipalúdico durante aproximadamente cuatro siglos. Sin embargo, la composición química de la corteza era variable, ya que contenía múltiples alcaloides en concentraciones diferentes según la especie vegetal, la edad del árbol y las condiciones ambientales de crecimiento. Esta variabilidad ocasionaba diferencias importantes en la eficacia clínica.
En 1820, los químicos franceses Pierre-Joseph Pelletier y Joseph-Bienaimé Caventou lograron aislar por primera vez la quinina en forma pura. Este descubrimiento representó un avance trascendental para la farmacología porque permitió administrar dosis reproducibles y estudiar científicamente las propiedades del compuesto. A partir de ese momento fue posible establecer esquemas terapéuticos uniformes y mejorar considerablemente la eficacia del tratamiento antipalúdico.
Químicamente, la quinina corresponde a un alcaloide cinchónico cuya fórmula molecular es C₂₀H₂₄N₂O₂ y cuyo peso molecular es aproximadamente 324 g/mol. Se presenta como un polvo cristalino blanco, de sabor intensamente amargo. Posee una escasa solubilidad en agua debido a la naturaleza hidrofóbica de gran parte de su estructura molecular, pero se disuelve con facilidad en alcohol y diversos solventes orgánicos. Por este motivo, para uso farmacéutico se administra habitualmente en forma de sales, siendo el sulfato de quinina una de las formulaciones más utilizadas.
Las propiedades fisicoquímicas de la molécula también determinan parte de su comportamiento farmacocinético, ya que la formación de sales mejora la absorción gastrointestinal y facilita la formulación farmacéutica.
Mecanismo de acción
Aunque la quinina ha sido utilizada durante siglos, su mecanismo molecular completo continúa siendo objeto de investigación. No obstante, actualmente existe suficiente evidencia para comprender los principales procesos biológicos responsables de su actividad antipalúdica.
El blanco terapéutico principal corresponde a las formas eritrocíticas asexuales de Plasmodium falciparum, denominadas esquizontes sanguíneos. Estas son precisamente las formas responsables de los síntomas clínicos de la malaria, como fiebre, anemia, hemólisis y alteraciones metabólicas.
Cuando el parásito invade un eritrocito comienza a degradar grandes cantidades de hemoglobina dentro de un compartimento especializado denominado vacuola alimentaria. La finalidad de este proceso consiste en obtener aminoácidos indispensables para la síntesis de proteínas parasitarias.
Sin embargo, la degradación de la hemoglobina libera grandes cantidades de grupo hemo libre (ferriprotoporfirina IX), una molécula altamente tóxica debido a su capacidad para generar radicales libres y producir daño oxidativo sobre membranas celulares, proteínas y ácidos nucleicos.
Para sobrevivir, el parásito convierte este hemo tóxico en un cristal insoluble denominado hemazoína mediante un proceso de polimerización. La formación de hemazoína constituye uno de los principales mecanismos de desintoxicación del parásito.
La quinina penetra en la vacuola alimentaria y se concentra dentro de ella debido al ambiente ácido existente en dicho compartimento. Allí interfiere con la polimerización del hemo, impidiendo la formación normal de hemazoína. Como consecuencia, aumenta la concentración intracelular de hemo libre, lo cual desencadena un intenso estrés oxidativo que ocasiona lesión de membranas, alteraciones metabólicas y finalmente la muerte del parásito.
Además de este mecanismo principal, numerosos estudios han demostrado que la quinina inhibe diversos procesos metabólicos esenciales para la supervivencia del parásito.
Entre ellos destacan:
- inhibición parcial de la síntesis de ácidos nucleicos;
- disminución de la síntesis proteica;
- alteración de la glucólisis;
- interferencia con diversos procesos enzimáticos relacionados con el metabolismo energético;
- incremento de especies reactivas de oxígeno;
- alteración de la homeostasis intracelular del calcio.
La suma de estos efectos explica la elevada actividad esquizonticida de la quinina.
Es importante señalar que la quinina prácticamente no posee actividad sobre los gametocitos maduros de P. falciparum, por lo que no interrumpe de manera significativa la transmisión del parásito hacia el mosquito vector. Asimismo, presenta escasa actividad frente a esporozoítos y formas hepáticas preeritrocíticas, razón por la cual no resulta útil como medicamento profiláctico.
Farmacocinética
Después de su administración oral, la quinina presenta una biodisponibilidad aproximada del 76 al 88 % en adultos sanos, lo que refleja una absorción gastrointestinal eficiente.
El medicamento alcanza concentraciones plasmáticas máximas generalmente entre una y tres horas después de su administración.
La unión a proteínas plasmáticas puede superar el 80 %, especialmente durante episodios agudos de malaria debido al incremento de proteínas de fase aguda.
La quinina se distribuye ampliamente en múltiples tejidos y atraviesa tanto la placenta como la barrera hematoencefálica en cantidades limitadas.
Su metabolismo ocurre principalmente en el hígado mediante enzimas pertenecientes al sistema CYP3A4, generando metabolitos con menor actividad farmacológica.
La eliminación ocurre predominantemente por vía renal, tanto en forma de metabolitos como de fármaco inalterado.
Durante la malaria aguda, la vida media de eliminación puede prolongarse debido a alteraciones fisiológicas inducidas por la infección.
Indicaciones aprobadas
En la actualidad, la principal indicación aprobada para la quinina es el tratamiento de la malaria no complicada causada por Plasmodium falciparum, especialmente cuando existe resistencia documentada a la cloroquina o cuando otros tratamientos recomendados no son adecuados o no se encuentran disponibles.
En adultos, la dosis aprobada consiste en 648 mg por vía oral cada 8 horas durante 7 días, equivalente a dos cápsulas de 324 mg por cada administración en las presentaciones comercializadas en algunos países.
Actualmente suele emplearse en combinación con otros medicamentos, particularmente doxiciclina, tetraciclina o clindamicina, con el objetivo de aumentar la eficacia terapéutica y disminuir la probabilidad de fracaso del tratamiento.
Es importante destacar que la quinina no está aprobada para:
- malaria grave o complicada;
- profilaxis de la malaria;
- tratamiento de calambres nocturnos;
- prevención de calambres musculares.
La malaria grave requiere tratamiento intravenoso con artesunato debido a que este medicamento reduce significativamente la mortalidad en comparación con la quinina.
Uso histórico en calambres musculares
Durante gran parte del siglo XX, la quinina fue ampliamente utilizada para disminuir la frecuencia e intensidad de los calambres musculares nocturnos.
El fundamento fisiológico radica en que la quinina disminuye la excitabilidad neuromuscular mediante el bloqueo parcial de receptores nicotínicos de acetilcolina localizados en la unión neuromuscular, reduciendo la transmisión del impulso nervioso hacia el músculo.
Diversos ensayos clínicos demostraron una reducción modesta en la frecuencia de los calambres. Sin embargo, el beneficio absoluto fue pequeño y no compensó el riesgo de desarrollar efectos adversos potencialmente mortales.
Como consecuencia, la FDA concluyó que la relación beneficio-riesgo era desfavorable y retiró la aprobación para esta indicación. Actualmente no se recomienda su utilización rutinaria para calambres musculares.
Consideraciones de seguridad
La quinina posee un perfil de toxicidad considerablemente más complejo que muchos antipalúdicos modernos.
Uno de los efectos adversos más característicos es el cinchonismo, síndrome dependiente de la dosis caracterizado por:
En la mayoría de los pacientes estos síntomas desaparecen tras suspender el medicamento.
Desde el punto de vista cardiovascular, la quinina bloquea parcialmente canales iónicos cardíacos responsables de la repolarización ventricular, produciendo prolongación del intervalo QTc. Diversos estudios muestran un incremento promedio cercano a 27.7 ms, circunstancia que favorece el desarrollo de arritmias ventriculares potencialmente fatales, especialmente cuando coexisten otros factores predisponentes.
Las reacciones inmunológicas representan algunas de las complicaciones más graves.
Entre ellas destacan:
- trombocitopenia inducida por quinina;
- anemia hemolítica inmunitaria;
- coagulación intravascular diseminada;
- síndrome urémico hemolítico;
- púrpura trombótica trombocitopénica;
- angioedema;
- anafilaxia.
La trombocitopenia inducida por quinina puede desarrollarse incluso después de exposiciones previas remotas, debido a mecanismos mediados por anticuerpos que destruyen rápidamente las plaquetas circulantes.
Asimismo, la quinina puede inducir hipoglucemia al estimular la secreción pancreática de insulina, efecto especialmente importante durante el embarazo y en pacientes críticamente enfermos.
También pueden presentarse hipotensión, alteraciones gastrointestinales y toxicidad neurológica cuando se alcanzan concentraciones plasmáticas elevadas.
Por estas razones, el tratamiento requiere vigilancia clínica estrecha y evaluación de posibles interacciones farmacológicas.
Resistencia
La aparición de resistencia farmacológica constituye uno de los mayores desafíos para el control mundial de la malaria.
Aunque la resistencia a la quinina es menos frecuente que la observada con cloroquina, mefloquina o sulfadoxina-pirimetamina, diversas cepas de P. falciparum han mostrado disminución de la susceptibilidad en regiones del Sudeste Asiático, Bangladesh y determinadas zonas de Sudamérica.
Los mecanismos implicados son complejos y multifactoriales.
Entre ellos destacan alteraciones en genes que codifican proteínas transportadoras localizadas en la membrana de la vacuola digestiva, especialmente pfmdr1, pfcrt y otros transportadores relacionados con el flujo intracelular del medicamento.
Estas modificaciones disminuyen la concentración efectiva de quinina dentro de la vacuola alimentaria, reduciendo su capacidad para impedir la formación de hemazoína.
Además, la resistencia suele ser parcial y depende de múltiples genes, lo que explica las diferencias observadas entre distintas regiones geográficas.
Actualmente, la vigilancia molecular de estos marcadores constituye una herramienta fundamental para orientar las recomendaciones terapéuticas internacionales y limitar la propagación de cepas resistentes.

La quinina constituye uno de los hitos más importantes de la farmacología y de la historia de la medicina. Su descubrimiento permitió transformar una terapia empírica basada en extractos vegetales en un tratamiento farmacológico estandarizado y sentó las bases para el desarrollo de los antipalúdicos modernos. Su acción se dirige principalmente contra las formas eritrocíticas de Plasmodium falciparum, donde altera la detoxificación del hemo y provoca la muerte del parásito mediante múltiples mecanismos metabólicos. Aunque continúa siendo útil en situaciones específicas, especialmente en malaria no complicada por cepas resistentes a cloroquina, su utilización está limitada por la disponibilidad de alternativas más eficaces y seguras, así como por la posibilidad de reacciones adversas graves y por la aparición de cepas con susceptibilidad reducida. Por ello, su empleo debe ajustarse estrictamente a las recomendaciones clínicas vigentes y realizarse bajo adecuada supervisión médica.

Fuente y lecturas recomendadas:
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