Control de la nutrición durante el embarazo

Control de la nutrición durante el embarazo
Control de la nutrición durante el embarazo

La obesidad está asociada con riesgos significativamente mayores de hipertensión gestacional, preeclampsia, diabetes gestacional, macrosomía, parto por cesárea y otras complicaciones.

La intervención para mejorar el estilo de vida durante el embarazo puede provocar un menor aumento de peso. El aumento de peso materno durante el embarazo influye en el peso al nacer. La pérdida de peso en mujeres obesas durante el embarazo también se asocia con un mayor riesgo de recién nacidos con bajo peso al nacer.

No todo el peso ganado durante el embarazo se pierde durante e inmediatamente después del parto.

El embarazo requiere unas 80,000 kcal, principalmente durante las últimas 20 semanas. Para cumplir con esta demanda, se recomienda un aumento calórico de 100 a 300 kcal/día durante el embarazo.

Cuando la ingesta calórica de una embarazada es inadecuada, la proteína se metaboliza en lugar de almacenarse para su papel vital en el crecimiento y desarrollo fetal.

Los requerimientos de proteína aumentan para cumplir con las demandas de crecimiento y remodelación del feto, la placenta, el útero y las mamas, y aumento del volumen de sangre materna.

Se recomienda una ingesta de proteínas durante el embarazo que se aproxima a 1 g/kg/día. La mayoría de los niveles de aminoácidos en el plasma materno descienden marcadamente durante el embarazo, incluyendo la ornitina, la glicina, la taurina, y la prolina.

La mayoría de las proteínas necesarias para el embarazo pueden suministrarse a partir de fuentes animales, como la carne, la leche, los huevos, el queso, la carne de ave y el pescado que proporcionan aminoácidos en combinaciones óptimas.

La leche y los productos lácteos se consideran fuentes casi ideales de nutrientes para embarazadas o en periodos de lactancia, en especial de proteínas y calcio.

Con la excepción del hierro y el yodo, prácticamente todas las dietas que suministran las calorías convenientes para un aumento de peso adecuado contendrán suficientes minerales para prevenir la deficiencia.

Los requisitos de hierro aumentan de manera considerable durante el embarazo. De los aproximadamente 300 mg de hierro transferidos al feto y la placenta y los 500 mg incorporados en la masa de hemoglobina materna en expansión, casi todo se usa en la segunda mitad del embarazo.

Los requerimientos de hierro impuestos por el embarazo y la excreción materna totalizan alrededor de 7 mg/día. Pocas mujeres tienen suficientes reservas de hierro o ingesta dietética para suministrar esta cantidad.

Al menos 27 mg de hierro elemental debe suministrarse diariamente a mujeres embarazadas. Esta cantidad está contenida en la mayoría de las vitaminas prenatales.

La embarazada puede beneficiarse de 60 a 100 mg de hierro elemental por día en caso de ser de talla grande, si tiene una gestación multifetal, si comienza el suministro al final del embarazo, si toma el hierro de forma irregular, o tiene el nivel de hemoglobina un poco deprimido.

La cantidad recomendada de yodo durante el embarazo es de 220 µg/día. El uso de sal yodada y productos del pan se recomiendan durante el embarazo para compensar el aumento de los requerimientos fetales y las pérdidas renales maternas de yodo.

La deficiencia grave de yodo materno predispone a la descendencia al cretinismo endémico, que se caracteriza por múltiples defectos neurológicos graves.

El calcio se conserva por la mujer embarazada durante la gestación y se aproxima a 30 g. La mayor parte de éste se deposita en el feto más tarde en el embarazo. El calcio materno se encuentra principalmente en los huesos y puede movilizarse fácilmente en función del crecimiento fetal.

La deficiencia de zinc, si es grave, puede provocar falta de apetito, crecimiento subóptimo y deterioro de la cicatrización de la herida. Durante el embarazo, la ingesta diaria recomendada se aproxima a 12 mg.

Los oligoelementos incluyen el cobre, el selenio, el cromo y el manganeso que tienen papeles importantes en ciertas funciones de las enzimas. En general, la mayoría son proporcionados por una dieta promedio.

Los requerimientos de vitaminas durante el embarazo, por lo general son proporcionadas por la dieta que proporcione calorías y proteínas adecuadas con excepción del ácido fólico.

La suplementación con ácido fólico al inicio del embarazo puede disminuir riesgos de defectos del tubo neural. Los defectos del tubo neural se podrían prevenir con la ingesta diaria de 400 µg de ácido fólico durante todo el periodo periconcepcional.

Se recomienda que todas las mujeres que planean o son capaces de embarazarse tomen a diario un suplemento que contiene de 400 a 800 µg de ácido fólico.

Se recomienda consumir ácido fólico como un suplemento por separado y no como tabletas multivitamínicas debido a que esto evita la ingesta excesiva de vitaminas solubles en grasa.

La vitamina A, aunque esencial, se ha asociado con malformaciones congénitas cuando se toma en dosis altas (>10,000 IU/día) durante el embarazo.

La deficiencia de vitamina A se asocia con la ceguera nocturna y con un mayor riesgo de anemia materna y de un embarazo y nacimiento espontáneo prematuro.

La vitamina B12 aparece naturalmente sólo en alimentos de origen animal, y los vegetarianos estrictos pueden dar a luz a neonatos cuyas reservas de B12 son bajas.

La deficiencia de B12 preconcepcional puede elevar el riesgo de defectos del tubo neural.

La vitamina B6, que es la piridoxina, en la mayoría de los casos no se requiere su suplementación, cuando es necesaria, se recomienda un suplemento diario de 2 mg.

Las cantidades de vitamina C permitida durante el embarazo son de 80 a 85 mg/día, aproximadamente un 20% más que cuando no se está embarazada. Una dieta razonable debe proporcionar esta cantidad y la suplementación no es necesaria.

La vitamina D se obtiene de la dieta y también se sintetiza endógenamente con la exposición a la luz solar. La deficiencia de esta vitamina es común durante el embarazo.

La deficiencia materna de vitamina D puede causar homeostasis esquelética desordenada, raquitismo congénito y fracturas en el recién nacido.

La administración de suplementos de vitamina D a mujeres con asma puede disminuir la probabilidad del asma infantil en sus fetos.

Una ingesta adecuada de vitamina D durante el embarazo y la lactancia es de 15 µg/día (600 IU/día).

 

 

Homo medicus

 


 

Fuente: F. Gary Cunningham, et al. Williams Obstetricia. 25ed. McGraw Hill. 2019

 

¿De cuánta utilidad te ha parecido este contenido?

¡Haz clic en una estrella para puntuarlo!

Promedio de puntuación 0 / 5. Recuento de votos: 0

Hasta ahora, ¡no hay votos!. Sé el primero en puntuar este contenido.

Homo medicus

Conocimiento médico en evolución...

También te podría gustar...