Diagnóstico diferencial en las enfermedades infecciosas
Diagnóstico diferencial en las enfermedades infecciosas

Diagnóstico diferencial en las enfermedades infecciosas

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Cuando un paciente presenta un proceso infeccioso, el razonamiento clínico se estructura inicialmente a partir de la caracterización detallada del cuadro clínico: síntomas, signos, evolución temporal, factores de riesgo, antecedentes epidemiológicos y hallazgos de laboratorio preliminares. A partir de esta información, el médico construye una hipótesis diagnóstica sustentada en la probabilidad biológica de que determinados microorganismos sean responsables del síndrome observado. Este procedimiento no es arbitrario, sino que se basa en principios microbiológicos, inmunológicos y epidemiológicos que permiten asociar patrones clínicos específicos con agentes etiológicos determinados.

El abordaje diagnóstico en enfermedades infecciosas exige la elaboración de un diagnóstico diferencial, entendido como la enumeración jerarquizada de los microorganismos que, con mayor frecuencia y plausibilidad biológica, pueden originar un cuadro clínico concreto. Esta jerarquización depende de la integración de múltiples variables: el sitio anatómico comprometido, la edad del paciente, el estado inmunitario, las comorbilidades, la exposición ambiental o nosocomial y la prevalencia regional de los patógenos. La precisión en este análisis resulta esencial, ya que el tratamiento antimicrobiano eficaz depende de la identificación, presuntiva o confirmada, del agente causal. Un error en la estimación etiológica puede traducirse en una terapia inadecuada, progresión de la enfermedad, aparición de complicaciones o selección de resistencia microbiana.

La comprensión profunda de los mecanismos mediante los cuales los microorganismos producen enfermedad constituye el eje central para establecer un diagnóstico diferencial sólido. La patogénesis infecciosa implica una secuencia de eventos que incluye la entrada del microorganismo en el huésped, la adhesión a tejidos específicos, la evasión o modulación de las defensas inmunitarias, la multiplicación, la diseminación y, finalmente, la inducción de daño tisular. Este daño puede derivar de la acción directa del microorganismo —por ejemplo, mediante la producción de toxinas— o de la respuesta inflamatoria del huésped. El conocimiento de estos procesos permite comprender por qué determinados agentes se asocian preferentemente a síndromes específicos y cuáles son las manifestaciones clínicas esperables en cada caso.

El desarrollo de una enfermedad infecciosa depende, en primer lugar, de la oportunidad y naturaleza del encuentro entre el huésped y el microorganismo. La vía de transmisión, la carga infecciosa y el tropismo tisular determinan la probabilidad de colonización e invasión. En segundo lugar, la susceptibilidad del huésped desempeña un papel decisivo. Factores como la integridad de las barreras epiteliales, la competencia del sistema inmunitario innato y adaptativo, la presencia de enfermedades crónicas o la edad condicionan la capacidad para contener o eliminar el patógeno. La respuesta inflamatoria, aunque esencial para el control de la infección, también puede contribuir de manera significativa a la fisiopatología del cuadro clínico. En tercer lugar, el potencial de virulencia del microorganismo —es decir, su capacidad intrínseca para invadir, evadir defensas y causar daño— determina la gravedad y las características de la enfermedad.

Existen enfermedades cuya etiología puede atribuirse de manera específica a un único microorganismo, como ocurre con el tétanos, causado por Clostridium tetani. En estos casos, la correlación entre agente y cuadro clínico es altamente definida debido a un mecanismo patogénico singular, como la producción de una toxina específica. Sin embargo, en la mayoría de los síndromes infecciosos, múltiples microorganismos pueden generar manifestaciones clínicas semejantes. Procesos como la sepsis, la neumonía, la gastroenteritis o la meningitis representan síndromes clínicos que constituyen expresiones fisiopatológicas comunes frente a una variedad de agentes etiológicos bacterianos, virales, micóticos o parasitarios. Esta convergencia clínica obliga al médico a basar su diagnóstico diferencial en patrones epidemiológicos, factores predisponentes y hallazgos complementarios específicos.

El conocimiento sistemático de la asociación entre patógenos y enfermedades, junto con la comprensión de sus características clínicas y epidemiológicas, proporciona el marco para seleccionar las pruebas diagnósticas más apropiadas. Los métodos microbiológicos —como el cultivo, la detección de antígenos, la amplificación de ácidos nucleicos o la serología— deben emplearse de manera dirigida, en función de las hipótesis etiológicas planteadas. La interpretación adecuada de estos estudios depende, a su vez, del contexto clínico y de la probabilidad preprueba de cada agente infeccioso.

Con esta base conceptual es posible analizar las contribuciones específicas de diferentes grupos de bacterias a diversos síndromes clínicos, como la sepsis, la neumonía o la meningitis, y posteriormente integrar en el análisis a virus, hongos y parásitos. Este enfoque integral permite construir un diagnóstico diferencial completo y coherente, orientado tanto a la confirmación etiológica como a la instauración temprana de un tratamiento adecuado.

En síntesis, la comprensión de la interacción dinámica entre el microorganismo y el huésped, junto con el conocimiento epidemiológico y microbiológico de los agentes infecciosos, constituye el fundamento científico del diagnóstico diferencial en las enfermedades infecciosas. Solo a partir de este marco teórico es posible interpretar correctamente las manifestaciones clínicas, seleccionar las pruebas diagnósticas pertinentes y establecer estrategias terapéuticas racionales y eficaces.

Cocos grampositivos aerobios y anaerobios facultativos

Enterococcus faecalis y Enterococcus faecium

Estos enterococos forman parte de la microbiota intestinal humana, pero adquieren relevancia clínica como patógenos oportunistas. Se asocian principalmente con infecciones del tracto urinario, peritonitis, bacteriemia y endocarditis infecciosa. Su capacidad para adherirse a tejidos lesionados y dispositivos médicos, así como para sobrevivir en ambientes hospitalarios, favorece su papel en infecciones nosocomiales.

Desde el punto de vista epidemiológico, afectan con mayor frecuencia a pacientes de edad avanzada, hospitalizados por períodos prolongados y expuestos a antibióticos de amplio espectro, lo que facilita la selección de cepas resistentes. Terapéuticamente, pueden tratarse con penicilina o ampicilina, o con vancomicina en caso de resistencia o alergia. En infecciones graves como la endocarditis, se recomienda la combinación con un aminoglucósido como gentamicina para lograr un efecto bactericida sinérgico. En cepas multirresistentes pueden emplearse linezolid, daptomicina o tigeciclina.

Staphylococcus aureus

Este microorganismo coloniza la piel y las mucosas humanas y posee una notable capacidad de supervivencia en superficies ambientales, tolerando concentraciones elevadas de sal y variaciones térmicas. Es un patógeno versátil que produce infecciones supurativas localizadas, como impétigo, foliculitis, forúnculos, carbuncos e infecciones de heridas.

Puede también ocasionar infecciones invasivas diseminadas, incluyendo bacteriemia, endocarditis, neumonía, empiema, osteomielitis y artritis séptica. Además, algunas cepas elaboran toxinas responsables de síndromes mediadas por toxinas, como el síndrome de choque tóxico, el síndrome de la piel escaldada y la intoxicación alimentaria.

El tratamiento depende del patrón de susceptibilidad. En infecciones localizadas pueden emplearse trimetoprim con sulfametoxazol, doxiciclina, clindamicina o linezolid. En infecciones sistémicas, si la cepa es sensible a meticilina, se utiliza oxacilina; en caso de resistencia, se indica vancomicina. Alternativamente pueden emplearse daptomicina, tigeciclina o linezolid en situaciones complejas.

Estafilococos coagulasa negativos

Este grupo incluye diversas especies del género Staphylococcus que forman parte de la flora cutánea habitual. Aunque menos virulentos que Staphylococcus aureus, son causas importantes de infecciones asociadas a dispositivos médicos, como catéteres intravasculares, derivaciones y prótesis articulares, debido a su capacidad para formar biopelículas.

Producen infecciones de heridas, infecciones urinarias y bacteriemias relacionadas con dispositivos. Epidemiológicamente se asocian con pacientes hospitalizados o portadores de material protésico. El tratamiento sigue principios similares a los empleados frente a Staphylococcus aureus, ajustado a la sensibilidad antimicrobiana.

Streptococcus pyogenes (grupo A)

Este estreptococo betahemolítico es responsable de infecciones supurativas como faringitis, escarlatina, sinusitis, infecciones cutáneas y de tejidos blandos (impétigo, erisipela, celulitis y fascitis necrosante), así como de bacteriemia y síndrome similar al choque tóxico. También puede desencadenar complicaciones no supurativas mediadas inmunológicamente, como fiebre reumática y glomerulonefritis postinfecciosa.

Afecta a poblaciones diversas y se transmite principalmente por vía respiratoria o por contacto directo. El tratamiento de elección es penicilina V o amoxicilina. Como alternativas pueden emplearse macrólidos, cefalosporinas, clindamicina o vancomicina. En casos de fascitis necrosante es fundamental el desbridamiento quirúrgico urgente.

Streptococcus agalactiae (grupo B)

Este microorganismo coloniza el tracto gastrointestinal y genitourinario. Es una causa predominante de enfermedad neonatal, tanto de inicio temprano como tardío, manifestándose como bacteriemia, neumonía o meningitis. En adultos puede producir endometritis posparto, infecciones de heridas, infecciones urinarias y bacteriemia, especialmente en pacientes con diabetes, cáncer o alcoholismo.

El tratamiento estándar es penicilina. En casos de alergia pueden utilizarse cefalosporinas o vancomicina.

Estreptococos del grupo viridans

Constituyen un grupo heterogéneo de estreptococos alfahemolíticos que forman parte de la flora oral. Se asocian con infecciones odontogénicas, caries dentales, formación de abscesos y endocarditis subaguda, particularmente en pacientes con válvulas cardíacas anómalas. También pueden causar septicemia en pacientes neutropénicos.

El tratamiento suele incluir penicilina, en ocasiones combinada con un aminoglucósido en casos de endocarditis. Como alternativas se emplean cefalosporinas de amplio espectro o vancomicina.

Streptococcus pneumoniae

Este diplococo encapsulado es un patógeno respiratorio de gran relevancia. Produce neumonía adquirida en la comunidad, sinusitis, otitis media, meningitis, bacteriemia, endocarditis, peritonitis bacteriana espontánea y artritis séptica. Su cápsula polisacárida constituye un factor de virulencia esencial al inhibir la fagocitosis.

Afecta a una amplia gama de poblaciones, incluidos neonatos, niños, adultos con enfermedades crónicas y personas de edad avanzada. El tratamiento tradicional es penicilina, aunque la resistencia creciente ha motivado el uso de cefalosporinas, levofloxacino, clindamicina o vancomicina, según el perfil de susceptibilidad y la gravedad del cuadro.

 


Bacilos grampositivos aerobios o anaerobios facultativos

Los bacilos grampositivos aerobios o anaerobios facultativos constituyen un grupo heterogéneo de microorganismos ampliamente distribuidos en el ambiente, en animales o como parte de la microbiota humana. Algunos producen enfermedad principalmente por acción toxigénica, mientras que otros actúan como patógenos oportunistas en huéspedes vulnerables. Su identificación clínica requiere integrar antecedentes epidemiológicos, mecanismos de transmisión y factores de riesgo individuales.

Bacillus anthracis

Es el agente etiológico del carbunco o ántrax, una zoonosis adquirida por contacto con animales infectados o sus productos, por accidentes de laboratorio o, de manera excepcional, en contextos de bioterrorismo. Posee una cápsula antifagocítica y produce toxinas que alteran la función celular y generan necrosis tisular.

La enfermedad puede manifestarse en forma cutánea, gastrointestinal o por inhalación. La forma cutánea cursa con una lesión necrótica característica con escara negra central. La forma por inhalación es la más grave, con mediastinitis hemorrágica y elevada mortalidad si no se instaura tratamiento precoz.

El carbunco cutáneo se trata con amoxicilina en cepas susceptibles. La forma inhalatoria requiere tratamiento combinado con ciprofloxacino o doxiciclina más uno o más antimicrobianos adicionales, con el objetivo de inhibir la proliferación bacteriana y la producción de toxinas.

Bacillus cereus

Microorganismo formador de esporas presente en el suelo y en alimentos contaminados, especialmente aquellos conservados de manera inadecuada. Produce intoxicación alimentaria mediada por toxinas, con dos presentaciones: una forma emética de inicio rápido y una forma diarreica de aparición más tardía.

También puede ocasionar infecciones oculares graves tras traumatismos con material contaminado, así como bacteriemia y neumonía, especialmente en personas que utilizan drogas por vía intravenosa.

La intoxicación alimentaria se maneja de forma sintomática debido a su carácter autolimitado. Las infecciones invasivas requieren antibióticos como fluoroquinolonas o vancomicina, pudiendo emplearse también clindamicina o gentamicina según la sensibilidad.

Corynebacterium diphtheriae

Es responsable de la difteria, enfermedad mediada por una exotoxina que inhibe la síntesis proteica celular. La forma respiratoria se caracteriza por la formación de una pseudomembrana faríngea que puede comprometer la vía aérea, además de complicaciones sistémicas como miocarditis y neuropatías. También puede producir infecciones cutáneas crónicas.

Se transmite por gotículas respiratorias y afecta principalmente a individuos no inmunizados. El tratamiento consiste en penicilina o eritromicina para erradicar el microorganismo y detener la producción de toxina, junto con la administración de antitoxina cuando está indicada. La prevención se basa en la inmunización con toxoide diftérico.

Corynebacterium jeikeium

Es un patógeno oportunista asociado a bacteriemia e infecciones en pacientes inmunocomprometidos, especialmente aquellos con dispositivos intravasculares o sometidos a tratamientos prolongados. Presenta resistencia frecuente a múltiples antimicrobianos, por lo que la vancomicina constituye el tratamiento de elección.

Corynebacterium urealyticum

Se asocia a infecciones urinarias complicadas, incluida pielonefritis con formación de cálculos, debido a su intensa actividad ureasa que alcaliniza la orina y favorece la precipitación de sales. Los factores predisponentes incluyen inmunosupresión, trastornos genitourinarios subyacentes, procedimientos urológicos previos y terapia antibiótica reciente. La vancomicina es el tratamiento recomendado.

Erysipelothrix rhusiopathiae

Produce erisipeloide, una infección cutánea localizada que aparece tras la inoculación a través de heridas en personas con exposición ocupacional a animales o productos animales, como carniceros, pescadores, granjeros y veterinarios. En casos poco frecuentes puede evolucionar a infección cutánea generalizada o septicemia.

Las infecciones localizadas responden a penicilina, ciprofloxacino o clindamicina. Las formas diseminadas pueden requerir ceftriaxona o imipenem.

Listeria monocytogenes

Bacilo intracelular facultativo transmitido por ingestión de alimentos contaminados. Tiene especial afinidad por el sistema nervioso central y la placenta. Afecta principalmente a neonatos, mujeres embarazadas, personas de edad avanzada y pacientes con alteraciones de la inmunidad celular.

En neonatos puede producir enfermedad de inicio temprano con afectación multisistémica o enfermedad tardía con meningitis y septicemia. En adultos inmunocomprometidos puede causar bacteriemia o meningitis, y en mujeres embarazadas suele manifestarse como un cuadro seudogripal con riesgo de infección fetal.

El tratamiento recomendado es la combinación de gentamicina con penicilina o ampicilina, aprovechando el efecto sinérgico bactericida.

 

 

Bacterias ácido-alcohol resistentes

Las bacterias ácido-alcohol resistentes poseen una pared celular con alto contenido lipídico, especialmente ácidos micólicos, que les confiere resistencia a la decoloración por soluciones ácido-alcohólicas durante técnicas de tinción específicas. Esta característica estructural se asocia con crecimiento lento, capacidad de supervivencia intracelular y tendencia a producir infecciones crónicas o de evolución subaguda. Muchas de estas infecciones requieren tratamientos prolongados y combinados debido a la resistencia intrínseca y adquirida a múltiples antimicrobianos.

Mycobacterium avium complex

El complejo Mycobacterium avium incluye micobacterias ambientales que pueden causar enfermedad pulmonar localizada o infección diseminada con afectación multiorgánica. La enfermedad pulmonar suele presentarse en pacientes con patología pulmonar crónica previa y se caracteriza por tos persistente, fatiga, pérdida de peso y alteraciones radiológicas progresivas.

En individuos con inmunodeficiencia avanzada, especialmente aquellos con síndrome de inmunodeficiencia adquirida, puede desarrollarse enfermedad diseminada con fiebre prolongada, pérdida ponderal, anemia y compromiso hepatoesplénico.

El tratamiento requiere terapia combinada prolongada, habitualmente con claritromicina o azitromicina asociadas a rifabutina o etambutol, con el objetivo de prevenir resistencia y lograr erradicación microbiológica sostenida.

Mycobacterium leprae

Es el agente causal de la lepra, enfermedad crónica que afecta principalmente piel y nervios periféricos. El espectro clínico depende de la respuesta inmunitaria celular del huésped. En la forma tuberculoide predomina una respuesta inmunitaria eficaz, con lesiones cutáneas limitadas y marcada alteración sensitiva. En la forma lepromatosa, asociada a una respuesta celular deficiente, se observa diseminación extensa con múltiples lesiones cutáneas y compromiso neural progresivo.

La transmisión se relaciona con contacto estrecho y prolongado con personas infectadas. El tratamiento es prolongado y combinado: dapsona y rifampicina en la forma tuberculoide; en la forma lepromatosa se añade clofazimina para reducir la carga bacilar y prevenir resistencia.

Mycobacterium tuberculosis complex

Este complejo incluye las especies responsables de la tuberculosis, enfermedad granulomatosa crónica que afecta principalmente al pulmón, aunque puede comprometer prácticamente cualquier órgano. Tras la infección primaria, el microorganismo puede permanecer en estado latente y reactivarse cuando disminuye la inmunidad, situación frecuente en personas con infección por el virus de la inmunodeficiencia humana.

La tuberculosis pulmonar se manifiesta con tos crónica, fiebre, sudoración nocturna y pérdida de peso. Las formas extrapulmonares incluyen afectación ganglionar, meníngea, ósea y diseminación miliar.

El tratamiento estándar comprende una fase inicial con múltiples fármacos —isoniazida, rifampicina, etambutol y pirazinamida— seguida de una fase de continuación con isoniazida y rifampicina. Las cepas multirresistentes requieren esquemas terapéuticos individualizados con medicamentos de segunda línea.

Nocardia

Las especies del género Nocardia son bacterias filamentosas parcialmente ácido-resistentes presentes en el suelo. Actúan como patógenos oportunistas, especialmente en pacientes con alteraciones de la inmunidad mediada por linfocitos T, aunque también pueden afectar a personas con enfermedad pulmonar crónica.

Producen enfermedad broncopulmonar subaguda o crónica con tendencia a la diseminación hematógena, particularmente al sistema nervioso central, donde pueden formarse abscesos cerebrales. También originan infecciones cutáneas primarias, como micetoma, infecciones linfocutáneas, celulitis o abscesos subcutáneos.

El tratamiento de infecciones cutáneas en pacientes inmunocompetentes suele realizarse con trimetoprim asociado a sulfametoxazol. En infecciones diseminadas o en pacientes inmunocomprometidos se añaden amikacina, imipenem o cefalosporinas de amplio espectro.

Rhodococcus equi

Es un patógeno ambiental que produce enfermedad broncopulmonar, principalmente en individuos inmunocomprometidos, como pacientes con síndrome de inmunodeficiencia adquirida o receptores de trasplantes. La infección pulmonar puede simular tuberculosis debido a su curso crónico y la formación de lesiones cavitarias.

También puede causar infecciones diseminadas o localizadas en tejidos blandos. El tratamiento requiere terapia combinada prolongada que puede incluir vancomicina, carbapenémicos, aminoglucósidos, ciprofloxacino o rifampicina, seleccionados según la susceptibilidad del aislamiento.

 


Cocos gramnegativos aerobios

Los cocos gramnegativos aerobios del género Neisseria son diplococos con afinidad por las mucosas humanas. Poseen estructuras de superficie como pili y proteínas de membrana externa que facilitan la adhesión al epitelio y la evasión de la respuesta inmunitaria. Pueden producir infecciones localizadas o invadir el torrente sanguíneo, generando enfermedad sistémica de rápida evolución.

Neisseria gonorrhoeae

Es el agente causal de la gonorrea, infección de transmisión sexual que afecta principalmente el epitelio del tracto genitourinario, así como mucosa rectal y faríngea. En el varón suele presentarse como uretritis con secreción purulenta y disuria. En la mujer, la infección cervical puede ser asintomática o manifestarse con síntomas leves, lo que favorece la diseminación silenciosa.

La infección puede progresar hacia enfermedad inflamatoria pélvica, con riesgo de infertilidad y embarazo ectópico. En algunos casos, el microorganismo se disemina por vía hematógena y produce artritis séptica, lesiones cutáneas o septicemia. También puede causar perihepatitis asociada a enfermedad pélvica inflamatoria.

La transmisión ocurre por contacto sexual directo y es frecuente el estado de portador asintomático. El tratamiento recomendado consiste en ceftriaxona asociada a azitromicina o doxiciclina, con el objetivo de tratar coinfecciones concomitantes y disminuir la probabilidad de resistencia antimicrobiana.

Neisseria meningitidis

Es un diplococo encapsulado que coloniza la nasofaringe. En la mayoría de los individuos permanece como portador asintomático; sin embargo, puede invadir la circulación y producir meningitis aguda o meningococcemia.

La meningitis meningocócica se caracteriza por fiebre, rigidez de nuca y alteración del estado de conciencia. La meningococcemia puede evolucionar rápidamente hacia choque séptico, coagulación intravascular diseminada y lesiones purpúricas cutáneas.

Se transmite por gotículas respiratorias y es más frecuente en niños, adolescentes y adultos jóvenes, especialmente en ambientes de convivencia cercana. El tratamiento de elección es ceftriaxona o cefotaxima, que deben administrarse de manera inmediata ante la sospecha clínica debido a la rapidez de progresión de la enfermedad.

 


Bacilos gramnegativos aerobios y anaerobios facultativos

Los bacilos gramnegativos aerobios y facultativamente anaerobios comprenden un grupo heterogéneo de bacterias con amplia distribución ambiental y una notable capacidad para causar infecciones oportunistas y zoonóticas. Su patogenicidad depende de factores como la adhesión a superficies epiteliales, la evasión inmunitaria, la producción de toxinas y la resistencia antimicrobiana adquirida o intrínseca. Muchas de estas bacterias son responsables de infecciones nosocomiales, gastrointestinales, urinarias o sistémicas, y su tratamiento requiere un enfoque dirigido según susceptibilidad y gravedad clínica.

Acinetobacter

Bacilos oportunistas que causan neumonía, septicemia, infecciones urinarias y de heridas, especialmente en el entorno hospitalario. Se encuentran con frecuencia en superficies ambientales y equipos médicos. El tratamiento de infecciones graves suele incluir imipenem o ceftazidima combinados con aminoglucósidos, aunque la resistencia multidroga es cada vez más común.

Aeromonas

Produce infecciones cutáneas y gastroenteritis en pacientes sanos o inmunocomprometidos. Su transmisión suele asociarse a contacto con agua o alimentos contaminados. La elección terapéutica incluye ciprofloxacino, y como alternativas se pueden usar trimetoprim/sulfametoxazol, gentamicina o amikacina.

Bartonella

B. bacilliformis: causa la enfermedad de Carrión, que incluye fiebre de Oroya y verruga peruana; transmitida por picadura de mosca de arena infectada. Se trata con cloranfenicol y penicilina.

B. henselae: produce angiomatosis bacilar, endocarditis subaguda y enfermedad por arañazo de gato. Afecta a pacientes sanos y a inmunocomprometidos; tratamiento con azitromicina, eritromicina o doxiciclina.

B. quintana: asociada a fiebre de las trincheras, angiomatosis bacilar y endocarditis subaguda; tratamiento similar al de B. henselae.

Bordetella pertussis y B. parapertussis

Causan tos ferina, enfermedad respiratoria altamente contagiosa. La transmisión ocurre por aerosoles. El manejo incluye terapia de soporte y macrólidos (eritromicina o azitromicina) para reducir la infectividad y profilaxis de contactos.

Brucella

Produce brucelosis, enfermedad sistémica adquirida por contacto con animales infectados o productos animales. El tratamiento combina doxiciclina y rifampicina; trimetoprim/sulfametoxazol es una alternativa.

Burkholderia

B. cepacia complex: provoca infecciones pulmonares y oportunistas en pacientes con fibrosis quística o enfermedad granulomatosa crónica. Trimetoprim/sulfametoxazol es el tratamiento de elección, con piperacilina, ceftazidima o ciprofloxacino como alternativas.

B. pseudomallei: causa melioidosis, desde formas asintomáticas hasta neumonía grave; tratamiento con trimetoprim/sulfametoxazol más ceftazidima.

Campylobacter

C. jejuni, C. coli, C. upsaliensis: producen gastroenteritis zoonótica tras ingestión de alimentos o agua contaminados; suelen ser autolimitadas; casos graves se tratan con azitromicina.

C. fetus: puede causar septicemia, meningitis y aborto espontáneo en personas mayores o inmunocomprometidas; tratamiento con aminoglucósidos, carbapenems o cloranfenicol.

Cardiobacterium hominis y Eikenella corrodens

Son patógenos oportunistas que afectan a pacientes con válvulas cardíacas previamente dañadas: C. hominis produce endocarditis subaguda; E. corrodens causa endocarditis y heridas por mordedura humana. El tratamiento incluye penicilina o ampicilina; Eikenella también responde a cefalosporinas, tetraciclinas o fluoroquinolonas.

Escherichia coli (E. coli)

EPEC: diarrea acuosa y vómito en lactantes en países en desarrollo.

STEC: diarrea acuosa, colitis hemorrágica y síndrome urémico hemolítico; antibióticos contraindicados.

ETEC: diarrea acuosa en niños y viajeros; ciprofloxacino acorta el curso de la enfermedad.

EAEC: diarrea con moco en niños; fluoroquinolonas en pacientes con infección por VIH.

EIEC: diarrea acuosa, colitis hemorrágica; antibióticos reducen la duración de la enfermedad.

Uropatógena: cistitis y pielonefritis en mujeres sexualmente activas; tratamiento con trimetoprim/sulfametoxazol o fluoroquinolonas.

Asociada a meningitis: produce meningitis aguda en neonatos; tratamiento con cefalosporinas de amplio espectro.

Francisella tularensis

Causa tularemia, que puede presentarse como forma ulceroglandular, oculoglandular o neumónica. Se adquiere por picadura de garrapatas, manipulación de conejos infectados o de manera ocasional en escenarios de bioterrorismo. Las formas leves se tratan con doxiciclina o ciprofloxacino; en casos graves se añade gentamicina.

Haemophilus influenzae

Cepas encapsuladas tipo b: meningitis, septicemia, celulitis y epiglotitis.

Cepas no encapsuladas: otitis media, sinusitis, bronquitis y neumonía.

Se transmite por aerosoles en niños no inmunizados y por diseminación desde vías respiratorias altas en adultos con enfermedades respiratorias crónicas. El tratamiento incluye cefalosporinas de amplio espectro, azitromicina o fluoroquinolonas, considerando que muchas cepas son resistentes a ampicilina.

Helicobacter pylori

Asocia gastritis crónica, úlceras pépticas y duodenales y, a largo plazo, riesgo de adenocarcinoma gástrico. La infección es más frecuente en personas de bajos recursos o en países en desarrollo. El tratamiento requiere terapia combinada: inhibidor de bomba de protones más amoxicilina y claritromicina.

Kingella kingae

Patógeno oportunista en pacientes con válvulas cardíacas dañadas, causando endocarditis subaguda. Se tratan con β-lactámicos con inhibidor de β-lactamasa, cefalosporinas, macrólidos, tetraciclinas o fluoroquinolonas.

Klebsiella pneumoniae

Causa neumonía y tracto urinario, con mayor frecuencia como infección nosocomial y en pacientes con alcoholismo. Se tratan con cefalosporinas, carbapenems o fluoroquinolonas, aunque las cepas multirresistentes son cada vez más frecuentes.

Legionella pneumophila

Produce la enfermedad del legionario (neumonía grave) y fiebre de Pontiac (cuadro gripal leve). Su transmisión es acuática, afectando especialmente a ancianos e inmunocomprometidos. El tratamiento se realiza con macrólidos o fluoroquinolonas.

Moraxella catarrhalis

Causa bronconeumonía y otitis o conjuntivitis, principalmente en niños o pacientes con compromiso pulmonar. Se tratan con cefalosporinas o amoxicilina/ácido clavulánico.

Proteus mirabilis

Produce infecciones urinarias y de heridas, particularmente en individuos con anomalías del tracto urinario. Se tratan con amoxicilina, trimetoprim/sulfametoxazol, cefalosporinas o fluoroquinolonas.

Pseudomonas aeruginosa

Infecciones respiratorias, de piel y tejidos blandos (quemaduras, foliculitis, osteocondritis), urinarias, oftálmicas o sistémicas. Predomina en infecciones nosocomiales. Se requiere terapia combinada, como aminoglucósido con cefalosporina de amplio espectro, piperacilina-tazobactam o carbapenem. Las cepas multirresistentes son cada vez más comunes.

Salmonella enterica

Produce diarrea y fiebre tifoidea (serovar Typhi). Se transmite por alimentos contaminados; los pacientes inmunocomprometidos tienen mayor riesgo de bacteriemia. El tratamiento de la diarrea simple puede prolongar el estado de portador; la fiebre tifoidea requiere fluoroquinolonas.

Serratia y Enterobacter

Causan neumonía, infecciones urinarias y de heridas en contextos nosocomiales. Se tratan con carbapenems o piperacilina-tazobactam.

Shigella

Produce disentería bacilar; transmisión por alimentos o agua contaminada y contacto persona a persona. Se trata con ampicilina, trimetoprim/sulfametoxazol o fluoroquinolonas.

Stenotrophomonas maltophilia

Causa infecciones locales y sistémicas, principalmente nosocomiales. El tratamiento de elección es trimetoprim/sulfametoxazol; alternativas incluyen doxiciclina o ceftazidima.

Streptobacillus moniliformis

Causa fiebre por mordedura de rata o fiebre de Haverhill tras ingesta de alimentos o agua contaminados. Se trata con penicilina o tetraciclina.

Vibrio spp.

V. cholerae: diarrea acuosa grave; rehidratación y azitromicina, doxiciclina o ciprofloxacino según gravedad.

V. parahaemolyticus: diarrea y heridas por consumo de mariscos contaminados; rehidratación y doxiciclina con ceftriaxona para infecciones de heridas.

V. vulnificus: infecciones cutáneas y septicemia primaria en pacientes con enfermedad hepática o crónica; tratamiento con minociclina o doxiciclina más ceftriaxona o cefotaxima.

 


Bacterias anaerobias

Las bacterias anaerobias son microorganismos que crecen en ausencia de oxígeno o con concentraciones mínimas de este. Colonizan naturalmente distintas superficies humanas, especialmente la mucosa oral, gastrointestinal, vaginal y cutánea, y son responsables de infecciones oportunistas cuando se altera la integridad de barreras tisulares. La mayoría de las infecciones anaerobias son polimicrobianas, y su tratamiento combina medidas quirúrgicas, desbridamiento de tejido necrosado y terapia antimicrobiana específica.

Actinomyces

Causa actinomicosis, que puede afectar regiones cervicofaciales, torácicas, abdominales, pélvicas o el sistema nervioso central. Coloniza de manera habitual la mucosa humana, incluyendo orofaringe, intestino y vagina. El tratamiento incluye desbridamiento quirúrgico y penicilina; como alternativas se usan carbapenems, macrólidos o clindamicina.

Bacteroides fragilis

Participa en infecciones polimicrobianas del abdomen, tracto genital femenino y tejidos blandos. Es un habitante normal del intestino. El tratamiento de elección incluye metronidazol, carbapenems o piperacilina/tazobactam.

Clostridium botulinum

Causa botulismo de origen alimentario, infantil o de herida. Se encuentra en el ambiente (suelo, agua, aguas residuales) y en el tracto gastrointestinal de animales y humanos. El manejo combina soporte ventilatorio, antibióticos como metronidazol o penicilina, y administración de antitoxina botulínica trivalente para neutralizar la toxina circulante.

Clostridioides difficile

Responsable de diarrea asociada a antibióticos y colitis pseudomembranosa. Coloniza el tracto gastrointestinal humano y la genital femenina y puede contaminar ambientes hospitalarios. El tratamiento incluye la suspensión de antibióticos implicados y administración de metronidazol o vancomicina.

Clostridium perfringens

Causa infecciones de tejidos blandos como celulitis, miositis y mionecrosis, así como intoxicaciones alimentarias, enteritis necrotizante y septicemia. Se encuentra en el ambiente y en el tracto gastrointestinal de animales y humanos. El manejo combina desbridamiento quirúrgico y penicilina.

Clostridium tetani

Es el agente del tétanos (generalizado, localizado o neonatal), presente en suelo, agua, aguas residuales y tracto gastrointestinal de animales y humanos. El tratamiento incluye desbridamiento de heridas, administración de penicilina o metronidazol, vacunación con toxoide tetánico y, si es necesario, inmunización pasiva con antitoxina.

Propionibacterium acnes

Bacteria comensal de la piel y mucosas humanas. Está implicada en acné y en infecciones oportunistas asociadas a catéteres, derivaciones y otros dispositivos protésicos. El acné leve se trata con agentes tópicos como peróxido de benzoilo, clindamicina o eritromicina; las infecciones oportunistas requieren antibióticos sistémicos dirigidos según susceptibilidad.

 


Bacterias y organismos intracelulares atípicos

Este grupo incluye bacterias y organismos intracelulares estrictos o parcialmente intracelulares que requieren células huésped para su multiplicación. Se caracterizan por causar infecciones sistémicas o localizadas, a menudo transmitidas por vectores (como garrapatas o ácaros) o por contacto directo. La identificación clínica y epidemiológica es crucial para un tratamiento adecuado, que generalmente se basa en antibióticos con buena penetración intracelular.

Anaplasma phagocytophilum

Causa anaplasmosis, también conocida como ehrlichiosis granulocítica. Se transmite por picaduras de garrapatas del género Ixodes. Clínicamente puede producir fiebre, malestar general, leucopenia y trombocitopenia. El tratamiento de elección es doxiciclina; rifampina puede usarse como alternativa en pacientes con intolerancia.

Ehrlichia chaffeensis

Causa ehrlichiosis monocítica, transmitida por garrapatas del género Amblyomma. La infección produce fiebre, cefalea, mialgias y alteraciones hematológicas. La doxiciclina es el fármaco de elección; rifampina se utiliza como alternativa en casos de contraindicación.

Chlamydia

Chlamydia trachomatis: produce tracoma, conjuntivitis neonatal y neumonía, uretritis, cervicitis, proctitis, salpingitis y linfogranuloma venéreo. Se transmite por contacto sexual o exposición a secreciones durante el parto. El tratamiento incluye doxiciclina, eritromicina o azitromicina; fluoroquinolonas son alternativas.

Chlamydia pneumoniae: causa neumonía y se ha asociado de manera discutida a enfermedad cardiovascular; afecta principalmente a niños y adultos jóvenes. Se tratan con macrólidos, doxiciclina o levofloxacino.

Chlamydia psittaci: produce neumonía adquirida por exposición a aves infectadas o sus secreciones. Doxiciclina o macrólidos constituyen el tratamiento de elección.

Coxiella burnetii

Agente causal de la fiebre Q, que puede ser aguda o crónica. La forma aguda produce fiebre, cefalea, escalofríos, mialgias y hepatitis granulomatosa; la forma crónica puede derivar en endocarditis o disfunción hepática. La infección se adquiere principalmente por inhalación de aerosoles de animales infectados y es relativamente rara en Estados Unidos. El tratamiento agudo es doxiciclina; la enfermedad crónica requiere doxiciclina asociada a hidroxicloroquina, con fluoroquinolonas como alternativa.

Mycoplasma

Mycoplasma genitalium: causa uretritis, cervicitis y enfermedad inflamatoria pélvica; se transmite sexualmente. El tratamiento incluye azitromicina o fluoroquinolonas según susceptibilidad.

Mycoplasma pneumoniae: produce traqueobronquitis, faringitis y neumonía atípica; afecta más a niños y pacientes con hipogammaglobulinemia pueden presentar enfermedad grave. El tratamiento incluye eritromicina, doxiciclina o fluoroquinolonas.

Rickettsia rickettsii

Causa la fiebre manchada de las Montañas Rocosas. La infección es más frecuente en personas que realizan actividades al aire libre, transmitida por garrapatas del género Dermacentor. La doxiciclina es el tratamiento de elección; fluoroquinolonas pueden emplearse como alternativa.


Espiroquetas

Las espiroquetas son bacterias helicoidales móviles, delgadas y flexibles, que poseen un endoflagelo intracelular que les permite moverse en ambientes viscosos, como tejidos humanos. Muchas son patógenos estrictamente humanos o zoonóticos y se transmiten mediante vectores, contacto sexual o exposición a orina o tejidos de animales infectados. Estas bacterias pueden producir infecciones agudas, crónicas o recurrentes, afectando múltiples sistemas orgánicos, y el tratamiento suele basarse en antibióticos con buena penetración tisular.

Borrelia burgdorferi, B. garinii, B. afzelii

Causan la enfermedad de Lyme, que inicialmente se manifiesta como eritema migrans y puede evolucionar a complicaciones cardíacas, neurológicas o reumatológicas. La transmisión ocurre por picaduras de garrapatas del género Ixodes. El tratamiento en la fase temprana incluye amoxicilina, doxiciclina o cefuroxima; en etapas tardías se recomienda ceftriaxona, cefotaxima o penicilina G.

Borrelia recurrentis

Causa fiebre recurrente epidémica, transmitida por el piojo corporal humano (Pediculus humanus corporis) sin reservorio animal. El tratamiento incluye tetraciclinas o penicilinas.

Otras especies de Borrelia (fiebre recurrente endémica)

Transmitidas por garrapatas del género Ornithodoros con reservorio en roedores y pequeños mamíferos. Provocan episodios recurrentes de fiebre y malestar sistémico. Se tratan con tetraciclinas o penicilinas.

Leptospira interrogans

Causa leptospirosis, que varía desde una enfermedad leve similar a un cuadro viral hasta formas graves con afectación multiorgánica (enfermedad de Weil). La infección se adquiere por contacto con orina o tejidos de roedores, perros, animales de granja o fauna silvestre. El tratamiento incluye penicilina o doxiciclina.

Treponema pallidum

Agente causal de la sífilis (primaria, secundaria, terciaria y congénita). La transmisión ocurre de forma sexual o congénita. El tratamiento de elección es penicilina, con doxiciclina o azitromicina como alternativas en caso de alergia.

 

 

 

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Fuente y lecturas recomendadas:
  1. Madigan, M. T., Martinko, J. M., Bender, K. S., Buckley, D. H., & Stahl, D. A. (2018). Brock biology of microorganisms (15th ed.). Pearson.
  2. Murray, P. R., Rosenthal, K. S., & Pfaller, M. A. (2025). Medical microbiology (10th ed.). Elsevier.
  3. Carroll, K. C., & Pfaller, M. A. (2023). Manual of clinical microbiology (13th ed.). American Society for Microbiology Press.
  4. Riedel, S., Hobden, J. A., Miller, S., Morse, S. A., Mietzner, T. A., Detrick, B., Mitchell, T. G., Sakanari, J. A., Hotez, P., & Mejía, R. (2020). Microbiología médica (28ª ed.). McGraw-Hill Interamericana Editores.
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